COLOMBIA

andre1“Pero hijo no crees que será peligroso, o que de repente te enfermes…tu no conoces esos lugares.  Me preocupa un poco esta situación…”.

Las palabras de mi madre aún resonaban en mi cabeza. Era de noche. Después de casi 36 horas de viaje desde que salí de Piura (Perú) y superando muchos obstáculos que se me habían cruzado en el camino, por fin vislumbraba a través de la ventana del bus la ciudad de Pasto. Nunca me había aventurado solo fuera del país. Pero no demore mucho en adaptarme y después de un tiempo deduje que mi madre se había equivocado de parecer.

andre2“EMPRENDE CAMINO, CONOCE NARIÑO”, la frase con la que promocionan turísticamente a esta provincia, empezaba a cobrar vida en cada uno de nosotros. Como olvidar el primer día cuando disfrutamos del carnaval de blancos y negros, cuando juntos (los expedicionarios y amigos) cogidos de la mano bailábamos alegres al son de la “Guaneña”, y pudimos disfrutar de un ambiente cálido y acogedor, donde en el ir y el venir se iba a configurando nuestra expectativa de que esta fiesta recién comenzaba, y como diría alguien más adelante, la “magia” jugaría un papel fundamental en esta ruta.

El despertar cada día, ponía en mí, ese espíritu por conocer más el lugar que pisaban mis pies. El volcán Galeras, me saludaba a la par por la ventana y el aire puro y fresco de las mañanas me renovaba para iniciar las actividades de cada día. Iglesias, plazas y casas coloniales le daban a Pasto ese aspecto histórico que guarda, creo yo, en cada paso que das. Y el título de “Ciudad teológica” estaba bien merecido, no sólo por las numerosas y hermosas iglesias que tiene sino también por la fe y  religiosidad de sus habitantes. Me sorprende el entusiasmo con el que jóvenes estudiantes, adultos y/o ancianos de las zonas, que tenían a cargo la guianza turística en los diferentes lugares, nos contaban fascinantes relatos y leyendas sobre los lugares o construcciones que visitábamos. Como por ejemplo el saber que una iglesia fue construida por un demonio; o que si hacíamos mucho ruido en la laguna de Telpis, ésta se resentía y hacía que venga al rato una intensa neblina que cubría en andre3instantes el paisaje (hecho que fue confirmado por nosotros mismos cuando visitamos Yacuanquer); o que si desobedecías algún precepto o hicieras algo indebido en el cabildo indígena de los Quillasingas o en el de Funes te daban “juete” (acto del cual fuimos testigos).

Extraño el amor desinteresado de la gente. El caminar horas para ver un lugar de encanto y belleza paisajista que deleitaba mis ojos y recompensaba mi cansado cuerpo con la satisfacción de ver emporios de flora y fauna incomparables. Los colores del arcoíris después de una lluvia inesperada. El bailar con los Mojigangas de Funes. El sonido de la “Guaneña”. Las deliciosas arepas y patacones. Ni que decir de la Trucha Arco Iris propia de la región. A veces sueño con que sigo estando por esos senderos por los cuales me llevó la Ruta Inka.

andre4Nariño es el destino ideal con el que caminantes, exploradores, turistas y personas amantes de la música, del murmullo, del lenguaje, de la naturaleza enmarcada en un paisaje sin par, soñarían. Ella nos acogió con generosidad y, por su imponencia y belleza, nos invita a tratarla con respeto, a mirarla para bien de la propia humanidad. En este sur intenso, se mezclan en perfecta armonía el espectáculo del “tapiz de retazos” con la calidad de sus moradores, gente amable, creativa y sensible. Por ello viajar por estos territorios de cañones profundos, de fértiles sábanas, de cerros y nevados, de lagunas multicolores, de reservas naturales ricas en vegetación y fauna exótica fue apenas, una parte del solaz de mi aventura de vida; la otra sería el haberme puesto en contacto con hombres y mujeres de habla singular, de mano cálida, siempre dispuesta a presentar ayuda oportuna a quienes los visitan. Será por eso que en este país cafetero es proverbial la amabilidad del nariñense.

Hay tres cosas que estoy seguro que nunca olvidaré de este “pedazo de cielo” de Colombia: Su gente, su cultura y su riqueza natural. Creo que los medios de comunicación en lugar de difundir muerte y destrucción, debería resaltar lo bello de este país. Porque a decir verdad Colombia tiene más de bueno que de malo.

“Colombia tierra querida, yo no te voy a olvidar.                                                                                        Haz dejado una huella en mi vida, que ya no se puede borrar”

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ECUADORandre7

Después de ocho días de estancia en el sur de Colombia llegamos al segundo país que visitaríamos en nuestro recorrido y donde llegaríamos a nuestro destino final: “El Santuario del Joven poderoso” en Ingapirca. Nuevas aventuras y lugares quedaban aún por descubrir. Estaba ansioso por conocer a fondo este país del que se habla tanto. Ni me imaginaba que recorreríamos la costa, sierra y selva del Ecuador.

andre8Ecuador es un país que te enamora, y te llama a conocerlo a fondo. Hubo muchos lugares que me hicieron sentir como en casa. Me atrevería a decir que Ecuador tiene “algo de todo el mundo” .Guarda una cultura ancestral muy rica. Lo sé, por las visitas a los diversos museos y presentaciones culturales de las cuales éramos partícipes. Los marcados contrastes de unas comunidades con otras. Quedé impactado por un espectáculo tan digno de ser visto y admirado como lo es “Jacchigua es Ecuador”.

Ya me había acostumbrado a las caminatas, al frío de la mañana pero también al calor de su gente. A las cosas ordinarias y también a las que te sorprendían y dejaban sin aliento. Lugares donde recibías con tanto cariño obsequios en sus diversas expresiones y también donde tú tenías que dar algo de ti, como el abrazar un niño, jugar con  él, robarle un sonrisa y decirle quizá por primera vez en su vida que era alguien especial para uno y que siempre lo recordarías. El comer los productos de la Pachamama sentado en los pastizales de la sierra de Cañar junto a gente propia del lugar que venía a ofrecerte una gran sonrisa, que a pesar de hablar quichua, no le importaba dicha barrera idiomática. Más bien el deseo de conocer el mundo a través de cada uno de nosotros los atraía un poco tímidos al comienzo pero luego comenzaban a  explayarse más y más y hasta unos se animaron a bailar con nosotros. ¡Era prácticamente el encuentro de dos mundos!, pero en esta ocasión no veníamos a  conquistarlos y a explotarlos como antaño sino a extenderle una mano amiga para que construyésemos una amistad infranqueable y que de las debilidades se puede sacar nuestra mayor fortaleza.

Observando los atardeceres en las paradisiacas playas de Manabí, pasando por el volcán activo más alto del mundo: Cotopaxi y bañándome en los ríos de la selva de Pastaza, me di cuenta que en un día podías llegar desde las playas del Oeste hasta la selva de Pastaza, como fue en nuestro caso. Pero valdría la pena quedarse los días necesarios como para que el encanto de cada provincia te envuelva en su manto de hospitalidad y carisma.andre9

Ecuador es un país megadiverso en flora y fauna. En una ocasión, caminando por la reserva de “Jerusalén” me encontré con un cartel que decía:

“Abre los ojos para ver las cosas que te mostraremos, despierta tu olfato para sentir los aromas de la naturaleza, agudiza tu oído para escuchar el trino de las aves, pero sobre todo, abre tu corazón para que puedas percibir la magia de este lugar.”

Creo que esa frase resume lo que quiero decirte cuando me refiero a la biodiversidad de Ecuador.

andre10Finalmente llegamos a Cañar. Yo alegre por haber llegado a nuestro destino y cargar con tan lindos recuerdos tras mis espaldas y triste por saber que pronto concluiría mi aventura de vida. Salimos a las calles, la gente nos saludaba desde los balcones, rendimos tributo a los dioses andinos y a la madre tierra por permitirnos haber llegado hasta ese lugar y mostrado la esencia del Ecuador. Vislumbre paisajes hermosos y visite comunidades andinas. Hasta que dimos en Ingapirca. En la última noche se nos hizo la despedida. La tristeza se entremezclaba con la ansiedad de nuestra alma y al día siguiente, después se recorrer el Santuario del Joven Poderoso una euforia se apoderó de nosotros…cogidos de la mano y llorando empezamos a bailar en círculo, la “canción de la hermandad”. El bailar el círculo sería porque nuestra amistad no tendría final. El número cuarenta en la cosmovisión hebrea representa un tiempo de cambio. Noé estuvo en el arca 40 días y 40 noches hasta que cesó el diluvio. Jesús estuvo en el desierto 40 días y 40 noches antes de comenzar su labor en la tierra. Sin alusiones religiosas, me andre11atrevería a decir que estos 40 días y 40 noches que pasamos juntos, así como a Noé le permitieron salvarse del diluvio, estando en el arca. Para nosotros, esta aventura nos “salvo” de ahogarnos en el fango de la comodidad y salir a conquistar nuevos horizontes. Y así como para Jesús fue un tiempo de luchas de las cuales salió victorioso para comenzar su misión en la tierra, a nosotros nos cambió la vida, quitándonos las vendas de la ignorancia para ver la realidad de los pueblos y recién ahora comenzar una noble labor como lo es el ser embajadores de estos pueblos y enfocarnos en objetivos claros que nos lleven a convertirnos en los líderes del mundo y desde esos lugares ser la voz de esperanza de las comunidades indígenas.

“Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive.” (Alejandro Dolina)

PARA TERMINAR:

Soy consciente de que no todo nos fue de maravilla. Hubo días difíciles para todos. Una vez se nos descarriló el tren en el que viajábamos; algunos se enfermaron; en Quito se corrió la voz de que de repente traíamos la Gripe porcina; había desorganización por ratos; el frío nos hacía trizas; no habían las comodidades de casa y cosas por el estilo que por fuera pareciera que resquebrajaban la imagen de la Ruta Inka pero que a la larga no nos llegaron a amilanar sino que nos fortalecía y animaba a seguir con el proyecto, por el simple de hecho de que lo que hacíamos no era un viaje turístico sino una travesía de integración que demandaba poner de nuestra parte para la construcción de un mundo más humano y sensible a las necesidades de los pueblos interandinos del Quapaqñán. Objetivo del cual estoy seguro que llegará a concretizarse con el apoyo y compromiso de nosotros como embajadores de la paz y la hermandad.

“Creí que era una aventura y en realidad era la vida.” (Joseph Conrad)

andre12Añoro los momentos vividos en familia, digo en familia, porque nos convertimos en hermanos. He sido nombrado padrino de la “Fiesta de las Guaguas de Pan” andre14en Obonuco (Colombia) y reconocido como Huésped de Honor en la Ciudad de Cañar (Ecuador). También sé que la papa, el choclo, el queso o el delicioso cuy nunca faltarán en la mesa de cualquier familia andina que integre la red vial inca.

¡Tengo tantos recuerdos gratos de mi estadía por Colombia y Ecuador!…los guardo como un tesoro especial. Comprendí que la guerra de la que se habla tanto entre estos países es entre políticos y no entre sus ciudadanos. Porque los pobladores querían paz. Lo aprendí de los mismos militares – con quienes pasamos parte de nuestro tiempo, ya que dormíamos en guarniciones militares -, hombres comunes y corrientes, que me hablaban de paz y no guerra, que obedecían órdenes pero a la larga consideraban hermanos a sus “enemigos”.  Ahora sentado frente a mi ordenador, medito en todo lo vivido. Ruta Inka puso su granito de arena para el fortalecimiento de la unión y hermandad de dos países herederos de una cultura común. Sueño con que la idea de Huayna Cápac – gobernador inca -, de unir a todos los pueblos interandinos llegue a hacerse realidad, y a partir de esto renazca la armonía y hermandad que tanto necesitamos hoy en día para salir adelante.

andre15Y pienso que todo esto no solo debe quedar en recuerdos nostálgicos. Porque de nada valdría la pena quedárselos. Ahora como socio honorario de la Ruta Inka andre16cargo con una gran responsabilidad y es la de transmitir el mensaje de estos pueblos a mi país y al mundo, sabiendo que es en esos pueblos donde se encuentra nuestra identidad cultural y donde aún perdura el verdadero espíritu de nuestros antepasados que sigue transmitiéndose a través de los vientos de los andes, de las artesanías, de las costumbres, de las danzas, de la música, de la gastronomía, y de  su gente.

Aprendí que aún hay pueblos milenarios que luchan por sobrevivir frente a la globalización externa que se impone hasta estos lares y por lo tanto necesitan de proyectos como el de “Ruta Inka” para volver a ser revalorizados y reconocidos.

A ver que en las cosas pequeñas y/o cotidianas está la grandeza de la vida.

andre17Que lo que divide a la raza humana no son las fronteras, ni las diferencias, sino el egoísmo de muchos, pero que a pesar de esto, siempre hay algo que nos une, la necesidad de integración para luchar con objetivos afines para todos. Al término de la expedición, bañados en lágrimas, los ruteros se despedían sabiendo que sus vidas nunca más volverían a ser las mismas. Que las experiencias vividas habían dejado huella y ahora ya no serían solo un grupo de jóvenes de diferentes naciones sino hermanos bajo una sola bandera, la bandera de la hermandad. Habían aprendido un nuevo leguaje durante esta idílica aventura: El lenguaje del amor.andre18

Pasto, Yacuanquer, Tangua, Funes, Túquerres e Ipiales, gracias por mostrarme el verdadero rostro de Colombia; Imbabura, Pichincha, Manabí, Santa Elena, Pastaza, Napo, Tungurahua, Cotopaxi, Chimborazo, Cañar, gracias por recibirme como lo hicieron cuando pase por sus tierras. Siento que tengo una enorme deuda con todas estas ciudades que han dejado una huella imborrable en mí. Son tantas las personas y organizaciones a quienes va mi agradecimiento: En Colombia, A Corpoturnariño, las Alcaldías, el Ejército de Colombia, gobernación de Nariño; En Ecuador, al Ministro de Defensa, Ejército del Ecuador, Ministro de Relaciones Exteriores, y quien más que la Ilustre Municipalidad de Cañar por ser nuestro principal anfitrión en Ecuador; A la Asociación Ruta Inka por ser realidad mi sueño de acercarme a las culturas indígenas y a todas aquellas personas que de una manera u otra, han colaborado y favorecido para el éxito de este proyecto y seguirán apoyado  la visión de la Ruta Inka. Porque la Ruta Inka nunca morirá, seguirá avanzado con paso firme hacia lo que seguro será un futuro esperanzador: Que el Quapaqñan llegué a convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad. ¡Viva la Ruta Inka!

Juan André Chero Fuentes (Perú)

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