Siempre es difícil encontrar un buen comienzo para un texto, yo me arriesgaré acuñando una frase que uno de los expedicionarios de la ruta expresó el día de la clausura y que creo caló muy hondo en todos: “Llegamos de catorce países y hoy nos vamos como una familia”. Esta frase resume muy bien el resultado de una convivencia de cuarenta días y las experiencias vividas en conjunto.
Fuimos llegando de a pocos lo cual generó zozobra en los organizadores, sin embargo como ya es costumbre en la Ruta, por arte de magia, el día de la inauguración estuvimos todos presentes para disfrutar y gozar de una pequeña muestra de lo que realmente es el Carnaval de Blancos y Negros en Pasto, Colombia. Típicos elementos del carnaval: los carros alegóricos, la música, el baile, la espuma, el tinte negro para manchar las caras. Sin embargo, el cariño, la alegría, el amor, la hospitalidad que la gente del lugar nos brindó y el ritmo de la guaneña, que aún retumba en nuestros oídos, fue lo que más nos impresionó. Durante nuestra estadía en Pasto, nuestro hogar sería el Batallón Boyacá, que nos acogió con los brazos abiertos.
Como en toda familia, la unidad se genera a partir de los retos que se le presentan, así nosotros enfrentaríamos una primera prueba: llegar a La Laguna Telpis. Desde muy temprano partimos hacia Yacuanquer, ahí nos recibió el alcalde del municipio, los niños de una escuela local y los guarda parques quienes serían nuestros guías en esta primera aventura. Fueron casi cinco horas de caminata a más de 3000 metros de altura. Muchos de nosotros durante el recorrido no dejábamos de preguntar cuánto falta y los guías o gente del lugar respondían “muy poco”. Ahora en la tranquilidad de mi hogar doy gracias a esas mentiras, porque si me hubiesen dicho la verdad probablemente habría tomado la decisión de no continuar. Al fin, después de tanto esfuerzo nos encontramos frente a una obra maestra de la naturaleza, escondida entre montañas, ese momento de admiración fue nuestra primera satisfacción, nuestro primer reto cumplido.
Días más tarde nuestro itinerario nos llevó a la Comunidad Indígena Quillasinga, donde tuvimos un primer contacto con verdaderos descendientes de los incas, precisamente el nombre de esta comunidad se debe a que los incas cuando los conquistaron les dieron esa nominación de quillasingas (voz quechua) que significa “nariz de luna”. Aquí pudimos conocer sus costumbres y su cosmovisión, y dialogar con sus autoridades. Tengo que hacer un paréntesis en este punto y decir que me apenó mucho ver que algunos expedicionarios tomaron una actitud crítica hacia las tradiciones de esta comunidad tratando de juzgarlos desde su posición occidentalista, en lugar de comprenderlos y aprender de ellos. Recordemos que las visiones ecologistas muy en boga en la actualidad ellos las practican desde tiempos inmemoriales, tal vez habría que preguntarse quién debe aprender de quién.
Luego de esta experiencia tan enriquecedora, nuestro caminar nos llevó a un lugar sagrado para las comunidades de Pasto, la laguna La Cocha (cocha es una voz quechua que precisamente significa
laguna). Ésta forma parte de una hermosa reserva natural donde navegamos en lanchas, gracias al apoyo del ejército colombiano. En dicho lugar disfrutamos de la fauna y flora, y nos llenamos de su energía sagrada.
Al día siguiente, siguiendo con la ruta, desembarcamos en la Municipalidad de Tangua donde la comunidad nos había preparado una recepción en la plaza de armas. En dicha actividad, nuestros oídos se deleitaron con la música de una orquesta de niños llamada San Rafaelito y nuestros paladares disfrutaron de las famosas arepas y el café colombiano. Es imposible olvidar los fabulosos carritos de madera, algunos expedicionarios se subieron en ellos y sintieron la adrenalina que generan. Luego, hicimos un recorrido en la chiva que es una especie de bus cuyos asientos son hechos de madera, al igual que su estructura, e incluso el techo está acondicionado para poder llevar pasajeros. En este medio de transporte local recorrimos distintas comunidades que nos brindaron su hospitalidad a través de sus danzas típicas y su gastronomía local. Al final del día todos terminamos muy agotados, pero contentos por todo lo que habíamos conocido.
Vuelve a amanecer y parece que llevamos muchos días en la ruta, no sólo por el cansancio que significa acostumbrarse al nuevo estilo de vida sino porque los lazos de amistad son muy fuertes tanto que muchos nos sorprendemos de la velocidad con eso ha sucedido. En fin, no hay tiempo para el cansancio la ruta continua. No me imagino a un chasqui diciéndole al Inca: “señor demoré porque estuve descansando”. Y como intentamos emular a esos chasquis, empezamos a dejar esa palabra fuera de nuestro vocabulario. Estamos ahora en Funes donde observamos que cuando se trata de velar por el cumplimiento de las leyes no se distingue entre autoridades y personas comunes. Las autoridades indígenas de este lugar, además de mostrarnos sus artesanías y costumbres, nos enseñaron como se castigan a los que incumplen la ley. Si para nosotros el encarcelamiento es símbolo de que has infringido la ley, para ellos lo es “el juete” que consiste en una especie de látigo de cuero con el que golpean al individuo.
Un día después, esa familia apellidada Ruta Inka enfrentó su segundo gran reto: llegar hacia la Laguna Verde ubicada en el cráter del volcán Azufral. Para llegar hasta ahí viajamos en bus hacia el Municipio
de Túquerres, quien se encargó de guiarnos en nuestro camino hacia dicha laguna. La caminata comenzó desde muy temprano y junto con ella las recomendaciones acerca del frío y de la altura a la que llegaríamos, pero sobre todo en lo referente al carácter sagrado del lugar y al respeto con el que debíamos tratarlo. Aún recuerdo las palabras del guía: “Por favor, cuando estén en las lagunas no griten ni hagan bulla porque si no empezará a llover y hará mucho frío”. Claro nosotros señores herederos de la ciencia y la razón no le prestamos atención. Fueron aproximadamente cuatro horas de ardua caminata y alcanzamos una altura de 4000 m.s.n.m. Nuevamente, la naturaleza nos dejo sin aliento. La magnificencia del lugar era inenarrable. Las fotos no se hicieron esperar, sin embargo, lo extraño de esta ocasión fue que la naturaleza decidía cuando las podíamos tomar. Cada cinco minutos una neblina tapaba la vista del lago y nos dejaba en suspenso. Muchos decidimos bajar hacia la orilla del lago y lo hicimos, pero olvidamos lo antes dicho por el guía. Una vez abajo no se guardó el debido respeto y empezó una lluvia y un frío, que nos hizo desear no haber bajado. La subida de regreso fui muy dura, pero apoyándonos mutuamente logramos regresar sanos y salvos. Moraleja la sabiduría indígena nunca debe ser menospreciada, ya que está basada en un profundo conocimiento de la naturaleza. Llegó la hora de despedirnos de Túquerres y dirigirnos hacia Ipiales.
En Ipiales, fuimos recibidos por sus autoridades en la plaza de armas y por su orquesta sinfónica, la cual nos sorprendió con una versión a estilo clásico de la guaneña. Después, visitamos el Santuario de Las Lajas que increíblemente se localiza encima de un cañón. En el conocimos y vivimos el espíritu creyente y fervoroso del pueblo colombiano. También, asistimos a un criadero y restaurante de cuyes, donde nuestros amigos europeos se espantaron, ya que los cuyes (cobayas para ellos) les hacían recordar a sus mascotas.
Sin darnos cuenta ha pasado ya una semana y es hora de decir adiós a nuestros amigos colombianos. Mientras hacemos firmar nuestros pasaportes para poder salir de Colombia, las primeras lágrimas empiezan a caer. Son un pequeño antecedente de lo que nos tocará vivir cuando la ruta llegue a su fin. Atrás queda el hermano pueblo colombiano, su ejército y CORPOTUR Nariño quien se encargó de preparar nuestra estadía en Pasto. Cruzamos el puente internacional de Rumichaca hacia Ecuador y ya están las autoridades de la Provincia de Carchi a nuestra espera, así como el ejército ecuatoriano, cuyos cuarteles serán nuestro lugar de hospedaje durante el resto del viaje.
Llegamos a la capital de la provincia de Carchi, el cantón Tulcán, donde las autoridades municipales elaboraron un plan de turístico para nosotros. El Bosque de los arrayanes, nuestra primera parada, nos recibió en su seno. En dicho lugar, considerado un lugar de culto para los antiguos indígenas de esta región, nos abrazamos a un árbol para intentar saciarnos de su energía mágica.
Inmediatamente después, jugamos al gato y el ratón, juego que nos remontó a nuestros inolvidables días de infancia y, con sinceridad, nos dejó agotados: la altura es un factor complicado para los venimos del llano. Dentro de la misma provincia observamos lugares como las lagunas de Aguas Hediondas, cuyo nombre se debe al olor que produce la concentración de azufre en ellas, y también avistamos hermosos jardines ubicados dentro de un cementerio. Durante nuestra estadía en el recinto del ejército ecuatoriano a los chicos nos tocó jugar un partido de fútbol contra los soldados. A pesar de ser un encuentro para confraternizar se jugó como la final de la Copa del Mundo. El equipo de Ruta Inka recibió el nombre de Resto del Mundo y el otro Ejército de Tulcán. Esta vez nos tocaría perder.
Terminado el itinerario en Tulcán, elevamos anclas y proseguimos hacia la Provincia de Imbabura donde el Cuartel de la Caballería 36 de Yaguachi nos acogió en sus recintos e incluso nos permitió montar los caballos y yeguas que ahí entrenan, lo que fue una experiencia distinta y emocionante para muchos de nosotros. Se nos mostró el centro de la ciudad y disfrutamos de la fiesta patronal de San Juan y sus estampas características. Además, en esta provincia tuvimos el honor de participar en un acto cívico que conmemoraba la Batalla de Ibarra. Después de esta ceremonia, gracias a la cordialidad de las autoridades locales, degustamos los deliciosos helados de paila, que son parte de la gastronomía ecuatoriana. Una vez más la fabricación artesanal demostró ser más saludable y deliciosa que la industrial. Para culminar nuestra visita en esta región, no podíamos irnos sin dar un paseo en tren. En lo personal fue un paseo increíble, las montañas, quebradas y cataratas dibujaban el escenario ideal para una representación del paraíso. Si bien es cierto hubo un pequeño percance con el tren, por esas cosas de la vida se descarriló, yo creo que en lugar de quitarle mérito a lo antes visto le dio un poco de adrenalina necesaria en la vida de todo ser humano.
Pichincha, es el nombre de nuestro próximo destino, para ser exactos Quito, cantón capital. Esta vez el batallón de comunicaciones Rumiñahui es quien nos cobijará. El viaje fue largo pero hemos llegado, tratamos de cenar algo y luego todos a dormir, mañana nos esperan nuevos lugares y emociones. Despertamos y sin tiempo para meditarlo tenemos que enfrentar nuestra tercera prueba: caminar de las lagunas de Mojanda hacia las pirámides de Cochasqui, distancia aproximada 20 kilómetros, temperaturas bajas y una altura por encima de los 3000 m.s.n.m. Se empezó con buen pie y buen ritmo. Sin embargo, la inactividad nos jugó una mala pasada y algunos se detienen a descansar. Como una familia esperamos para avanzar todos juntos. El sonido del charango y la quena, hábilmente producido por uno de los guías nos da ánimos para seguir adelante. Tanto así que incluso algunos expedicionarios se unieron a él para interpretar algunas canciones folklóricas. Han pasado poco más de cuatro horas y estamos cerca de la meta. El cansancio está apuntó de derrotarnos cuando las obras del ingenio indígena nos hacen dejarlo a un lado, para simplemente quedarnos en actitud contemplativa. Las explicaciones del caso no tardan en llegar, nuevamente la sabiduría de nuestros antepasados nos deja anonadados. No hay tiempo para más, tenemos que regresar al cuartel, otro rincón de Pichincha nos espera mañana.
Nos recogen desde muy temprano en el cuartel y nos dirigimos a Mindo, uno de los lugares turísticos por excelencia de Ecuador. La indicación es que tiene un clima cálido y hay que llevar repelente para mosquitos. El bus nos deja en el centro del pueblo y tenemos que caminar un kilómetro para llegar al lugar donde haremos canopy. La gran mayoría de nosotros no había hecho algo así antes, por tal razón, nos mostramos un poco temerosos en un primer momento, sin embargo, luego del primer tramo nos convertimos en adictos de la adrenalina y pedimos hacer otros movimientos (el superman o la mariposa). Aquel día para muchos fue el más excitante. La mañana siguiente, asistimos a la ciudad Mitad del Mundo, donde con dar un solo paso cambiábamos entre el hemisferio norte y sur. De la misma manera fuimos al centro histórico de Quito y a los museos más importantes. También tuvimos el honor de conocer la Universidad Tecnológica Equinoccial que nos brindó una recepción y nos permitió hacer uso de sala de computación, para poder escribir a nuestros familiares y amigos. Ese mismo día por la noche, presenciamos al mejor ballet folklórico de Ecuador: Jacchigua. No existen palabras para describir el valor del trabajo que hace este ballet, no sólo para difundir la cultura ecuatoriana, a través de sus danzas y música, sino para conservar y promover la misma. La pasión y la perseverancia de su fundador, nos dan la fuerza y aliento para unirnos a esa complicada tarea de conservar nuestras costumbres en cada uno de nuestros países y no dejar que la globalización del mundo las extermine.
Los rayos del sol anuncian un nuevo amanecer, todo va viento en popa, cuando nuestro coordinador recibe una mala noticia: “Están en cuarentena. En el cuartel de Imbabura se identificó un caso de gripe porcina en el cabo César Camino quien los tuvo a cargo”. Evidentemente era algo serio y algunos estaban muy preocupados. Fuimos trasladados a un hospital donde nos atendieron y, en principio, nadie estaba contagiado, sin embargo, de acuerdo a los protocolos de sanidad teníamos que seguir en aislamiento. Regresamos al batallón Rumiñahui, no podíamos salir del recinto que nos brindaron para dormir, los soldados trajeron los alimentos al cuarto en platos desechables y protegidos con máscaras, almorzamos y cenamos ahí dentro. Incluso, al anochecer, se nos pidió salir para poder fumigar la habitación. Gracias a Dios, sólo fue una falsa alarma y nadie estaba contagiado con este temible virus, pero si es cierto que muchos teníamos enfermedades respiratorias, producto de los constantes cambios de clima. Esto nos retrasó casi cuatro días de acuerdo al cronograma planteado, no obstante la salud es lo primero.
Salimos desde Quito hacia la provincia de Manabí, específicamente hacia la base naval de Jaramijó. Fueron ocho horas en bus con las respectivas paradas para almorzar o ir al baño. Ahora nos encontramos en la zona costeña de Ecuador, área pesquera por excelencia y el segundo puerto más importante de dicho país luego de Guayaquil. Hacemos una visita a un astillero de barcos artesanales y contemplamos el inmenso mar que está frente a nosotros. Después de esto nos dirigimos hacia el Museo del Banco Central de esta región donde conocimos la cultura prehispánica de la provincia. Sin embargo, el lugar con mayor valor histórico de esta provincia y del Ecuador es Montecristi, porque ahí nació el más grande revolucionario ecuatoriano llamado Eloy Alfaro, y además ahí se produjo la Asamblea Nacional Constituyente de 2008. Luego, emprendimos rumbo hacia Puerto López donde avistamos a las enormes y majestuosas ballenas jorobadas. Algunos chicos fueron víctimas del mareo debido al oscilante movimiento del bote, sin embargo, eso no fue obstáculo para disfrutar del lindo espectáculo que nos mostraron estos maravillosos animales.
Es hora de seguir con el viaje y dirigirnos hacia Salinas, en la Provincia de Santa Elena. Salinas es la playa más visitada y turística de Ecuador, vaya que tiene razones para serlo. Sin embargo, considero que de dicho lugar más nos llevamos el recuerdo de los niños de aquel orfanato en el que estuvimos. Esos niños nos dieron una lección de vida y nosotros tratamos de llevarles esperanza y alegría.
Entramos en los diez últimos días de ruta, la cuenta regresiva ha empezado y somos cada vez más conscientes de que la hora de despedirnos se acerca. Próximo destino: Pastaza, provincia ubicada en la Amazonía ecuatoriana. El cuartel de la Brigada N° 17 se encargará no sólo de darnos alojamiento sino que tiene preparado un recorrido turístico para nosotros. Aquí disfrutamos de las aguas del río Misahualli, donde algunos nos atrevimos a cruzarlo nadando. También visitamos otros atractivos del lugar, sin embargo, fue en el propio cuartel en que conocimos más sobre las comunidades indígenas de la Amazonía. Los soldados iwias, aquí entrenados, son los guerreros de la selva ecuatoriana. Presenciamos el ritual de bendición que hacen antes de salir a combate e hicieron unos saltos de exhibición desde el patín a una altura de 50 metros, e incluso a una expedicionaria de Brasil, llamada Giuliana y a mí, nos permitieron hacer dicho salto.
Dejamos la Amazonía para regresar a la sierra, la Provincia de Cotopaxi espera. La Universidad Técnica de Cotopaxi, preparó para nosotros una recepción, nos mostró sus instalaciones e incluso organizó juegos de tómbola. Aquí el equipo de fútbol de Ruta Inka, tuvo su segundo encuentro contra el equipo de profesores de dicha universidad. Esta vez nos tocó ganar. Al siguiente día, enrumbamos hacia el volcán Cotopaxi desde temprano. Esta sería la prueba más difícil de la familia Ruta Inka. La meta era llegar a hasta el glacial del volcán a unos 5 200 m.s.n.m. Desde un comienzo muchos expedicionarios decidieron no subir, pero otro grupo decidió enfrentar el reto. El bus nos dejó a una altura de 4000 m.s.n.m. y desde ahí empezamos a caminar. Las temperaturas eran realmente bajas, la ropa, chompas y casacas no eran suficientes y el factor altura hacía nuestro andar más lento. Contra todo esto llegamos al refugio ubicado a los 4 800. Aquí descansamos y tomamos un chocolate caliente para aplacar el frío. Ha pasado media hora, es tiempo de reanudar la caminata. Ya vemos la nieve y nos emocionados, estamos muy agotados pero la belleza del lugar vale cada gota de sudor y cada respiro. No lo podíamos creer, lo hemos logrado. Nos tomamos un respiro y nos quedamos en silencio, la naturaleza es el personaje principal de esta historia. Para completar el escenario empieza a nevar levemente. Sólo queda decir ¡Gracias Cotopaxi!
Es hora de ir a Riobamba. En esta ciudad nos toco visitar un mercado indígena, donde entramos en contacto con la gente del lugar y con sus costumbres. Luego, realizamos una linda caminata siguiendo los rieles del tren y observando los verdes parajes del lugar. En esta ciudad, asistimos a un albergue para niños especiales y huérfanos, quienes nos demostraron que no sabemos de la dura r
ealidad del mundo. No es lo mismo oír una noticia, que ver la realidad directamente. Jugamos con los niños, les pintamos las caritas, los llevamos sobre nuestras espaldas cual caballos y les enseñamos a elaborar pulseras y collares. Al próximo día, recorrimos el centro de la ciudad y probamos el famoso horneado de chancho y otros platos típicos. Lamentablemente, nuestra estadía es Riobamba es corta, nuestra última parada nos espera.
Estamos a cinco días de culminar la ruta y todos empiezan a pensar el triste final. Algunos tendrán que irse antes y no estarán en la clausura, eso nos apena mucho. Pero, no vale la pena seguir pensando en eso, hay que vivir al máximos esto últimos días.
La Municipalidad de Cañar, gran propiciadora de esta Ruta Inka 2009: Rumbo al Santuario del Joven Poderoso, nos da la bienvenida a lo grande. Recorrimos la ciudad a pie portando nuestras banderas, la gente en las calles y desde sus casas nos aplaudía. Llegamos a la plaza del lugar, donde participamos de una ceremonia de bendición dirigida por una matrona indígena, para luego dirigirnos hacia los museos del lugar. Terminada la visita en los museos fuimos a almorzar para luego viajar hacia Biblían, uno de los cantones de esta provincia. Aquí nos recibió el alcalde, quien preparó un show artístico para nosotros. Al otro día, partimos hacia otro cantón llamado Asuscal, donde las autoridades nos recibieron y escuchamos a un coro de niños cantar el himno del cantón. Aquí hicimos trekking hacia la montaña Huayrapalti, para finalmente almorzar junto a una comunidad indígena, que gracias a un trabajo comunitario llamado minga, nos pudo ofrecer la famosa “pampa mesa”. Ésta consiste en poner manteles sobre el campo para luego echar sobre ellos las papas, habas, choclos, queso y olluco. Al día siguiente, fuimos hacia la Laguna de Culebrillas, donde otra comunidad indígena nos invitó, nuevamente, una “pampa mesa” pero esta vez acompañada con cuy. Desde dicha laguna emprendimos una caminata de tres horas a través del Cápac Ñam (Camino Inca). Finalmente estamos en Ingapirca, capital arqueológica de Ecuador. Hemos llegado a nuestro último destino. Incrustado entre montañas, el hermoso templo inca sobresale en el paisaje, pero no rompe con él. Sus formas buscan armonía con la naturaleza, con esa pachamama dadora de vida a la que sus constructores, los incas, le deben todo. Ingapirca, luego de casi cinco siglos sigue ahí y es muestra de la grandeza los incas.
Reflexión final
La Ruta Inka 2009, ha culminado con éxito. Esa familia que se formó le toca separarse y demostrar que ni el tiempo ni la distancia pueden romper los vínculos de amistad que aquí se formaron. Durante cuarenta días hicimos frente al cambiante clima, al cansancio, a los problemas que se iban presentando y a las enfermedades. Durante cuarenta días reímos y disfrutamos de la vida, pero este último día nos toca estar tristes y llorar. La felicidad no está en la meta o en el sueño cumplido, sino en el camino que se recorre para llegar a él. Definitivamente, no somos los mismos, conocemos mejor la realidad de nuestra América latina, tantos sus riquezas aún no explotadas como sus problemas. Tenemos mayor responsabilidad y fuertes compromisos que debemos asumir para construir un mundo mejor. El camino para ese mundo mejor en nuestra Latinoamérica, es la integración y aceptación de las diversas culturas que la integran, así como el conocimiento profundo de nuestra historia. Este es el camino en el que creen las comunidades indígenas de América y por el que nos han permitido disfrutar de esta experiencia. Nuestra tarea es no defraudarlos y luchar toda una vida para que las cosas cambien.
“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.” (Bertolt Brecht)
César Valencia Martínez (Perú)

3 comentarios
Feed de los comentarios de este artículo
julio 13, 2010 a 2:15 pm
Marco Gudiño Mejía
Cuando la diversidad humana nos aceptamos, es un gran síntoma de humanización ¡El planeta es de todos.
¡Sigamos adelante!
Marco Gudiño
Quito-Ecuador
septiembre 27, 2010 a 4:23 pm
Marco Gudiño Mejía
Es necesario conocer los restos precolombinos de cantón Pimampiro-Provincia de Imbabura: Existen: terrazas agrícolas, acequias, petroglifos, habitaciones sepulcrales y además de los vestigios existentes en esta ubérrima tierra se han encontrado algunas obras arquitectónicas: Un palacio en Chimabí, puentes, lugares sepulcrales … Esculturas menores en piedra, arcilla y oro. Utensilios decorativos y objetos de adorno personal: anillos, prendedores, narigueras, agujas, cintas … Armas de guerra: masas anulares y estrelladas, hachas, cuchillos, morteros, tembetas (*) … hasta palas para el desarrollo de la agricultura.
octubre 1, 2010 a 6:08 pm
Marco Gudiño Mejía
¡Pimampiro… tierra fecunda!
pródiga, exuberante, generosa…
¡Fructífera e indomable!,
¡Es tierra próspera
e incomparable!
¡Pimampiro es brío y tierra, agua y cielo, sol y luna!
¡Es fuerza, ciencia, valle, risco, viento y vida!