Inmaculada Sánchez, ganadora del concurso de crónicas 2009. Foto: Jessica Sandelson

La crónica “Comprender qué es una Minga“, cuya autoría corresponde a Inmaculada Sánchez Trejo, alumna de la prestigiosa Universidad de Sevilla,  resultó ganadora en el Concurso de Crónicas Ruta Inka 2009, triunfo que le abre a Inmaculada, las puertas de una nueva aventura, que este año se denomina “Ruta Inka 2010 – Al encuentro de los Mayas“.

Ruta Inka felicita a Inmaculada y agradece a todos los participantes y a las autoridades que han participado en la calificación de los trabajos, en especial a la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, a los integrantes de la Asociación Ruta Inka – España, así como al público lector que nos ha hecho llegar sus comentarios sobre las dotes literarias de su autora.

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Ese blog publica las crónicas y fotografías participantes del concurso promovido por la Asociación Ruta Inka (ARI) y con participación del Gobierno Provincial de Pichincha, Gobierno Provincial de Cañar y Universidad Eloy Alfaro de Manabí. Más informaciones acerca de la Ruta Inka en el sitio oficial: www.rutainka.org.

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La expedición Ruta Inka 2009- Rumbo al Santuário del Jóven Poderoso ha sido realizada entre 04 de julio y 12 de agosto de 2009. La sexta edición del proyecto Ruta Inka, creado en 2000 con objetivo de servir como embajada cultural de los pueblos indígenas del Tahuantinsuyo. Participaron 40 expedicionários entre estudiantes universitários destacados y periodistas, estuvieron representados 14 países: Argentina, Bélgica, Bolívia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Nicarágua, Paraguay, Peru, Polonia y Reino Unido. El viaje ha empezado en Nariño, departamento al sur de Colombia y ha terminado en el Santuário de Ingapirca, más importante complejo arqueológico del Ecuador. Fueron 40 días de muchas aventura, conocimientos, descubiertas y emociones. Quien nos cuenta las historias en palabras y retratos son los própios jóvenes, expedicionarios y protagonistas de ese proyecto.

CONCURSO DE CRÓNICAS Y FOTOGRAFÍAS RUTA INKA 2009 

1.- Podrán participar en este concurso, los integrantes de la Ruta Inka 2009, para lo cual deberán presentar una reseña de los aspectos más relevantes de la mencionada expedición, particularmente de aquellos que les hayan generado conocimientos y vivencias que consideren necesario transmitir.  El relato debe tener entre 10,000 y 20,000 caracteres y puede estar ilustrado con fotografías o dibujos que identifiquen los pueblos o lugares visitados. 
 
2.- Los premios a las mejores crónicas serán:

– Primer Puesto: Una beca (*) para participar en la Ruta Inka 2010 – Al encuentro de los Mayas, US$ 200.00 en efectivo y otros premios sorpresa (**).

– Segundo Puesto: Media beca (*) para participar en la Ruta Inka 2010 – ,Al encuentro de los Mayas, US$ 100.00 en efectivo y otros premios sorpresa (**).

3.- También se premiará con US$ 50.00 a cada una de las cinco fotografías más espectaculares sobre la expedición que presenten los concursantes. Se dará preferencia a las imágenes que reflejen las actividades propias de la expedición, resalten los atractivos de los pueblos visitados y muestre a los expedicionarios interactuando con niños o comunidades visitadas. Los concursantes deberán enviar 12 fotografías y en lo posible, mostrando a los participantes debidamente uniformados y/o portando sus banderas. Cuatro fotografías serán relacionadas a la travesía por tierras colombianas y ocho referente a las visitas en el Ecuador.

4.- Adicionalmente se premiará a la mejor galería de fotos que sobre la presente expedición, expongan los expedicionarios (as) en internet, a las que se efectuará el enlace en la web de Ruta Inka, para su apreciación por el público y el jurado calificador. El expedicionario(a) que exponga la mejor galería de fotos, se hará acreedor a media beca (*) en la Ruta Inka 2010 – Al encuentro de los Mayas y otros premios sorpresa (**).

5- Los trabajos premiados pasarán a ser propiedad de la ARI, la que podrá publicarlos con mención de sus autores en sus medios de difusión y promoción, o el de las instituciones que colaboran con la Ruta Inka.

6.- El jurado estará integrado por un representante de la Asociación Ruta Inka, Gobierno Provincial del Cañar, Gobierno Provincial de Pichincha, Universidad Laica Eloy Alfaro, entre otras instituciones que se han comprometido en publicar los trabajos premiados.

Importante: Las crónicas y fotografías deben ser remitidas a rutainka2009@gmail.com antes del 30 de octubre del presente año. La relación de los ganadores se anunciará desde la web de Ruta Inka, y se gestionará la publicación en otros medios de difusión de las instituciones que colaboran con la Ruta Inka, lo que luego se remitirá a sus autores.

(*) Las becas a las que se refieren estas bases, corresponde a uno de los tramos de la mencionada expedición (Inka o Maya).

(**) Los premios sorpresa serán gestionados ante las instituciones cooperantes con la Ruta Inka y dará a conocer oportunamente a los participantes concursantes.

Siempre es difícil encontrar un buen comienzo para un texto, yo me arriesgaré acuñando una frase que uno de los expedicionarios de la ruta expresó el día de la clausura  y que creo caló muy hondo en todos: “Llegamos de catorce países y hoy nos vamos como una familia”.  Esta frase resume muy bien el resultado de una convivencia de cuarenta días y las experiencias vividas en conjunto.cesar1

Fuimos llegando de a pocos lo cual generó zozobra en los organizadores, sin embargo como ya es costumbre en la Ruta, por arte de magia,  el día de la inauguración estuvimos todos presentes para disfrutar y gozar de una pequeña muestra de lo que realmente es el Carnaval de Blancos y Negros en Pasto, Colombia. Típicos elementos del carnaval: los carros alegóricos, la música, el baile, la espuma, el tinte negro para manchar las caras. Sin embargo, el cariño, la alegría, el amor, la hospitalidad que la gente del lugar nos brindó y el ritmo de la guaneña, que aún retumba en nuestros oídos, fue lo que más nos impresionó. Durante nuestra estadía en Pasto, nuestro hogar sería el Batallón Boyacá, que nos acogió con los brazos abiertos.

Como en toda familia, la unidad se genera a partir de los retos que se le presentan, así nosotros enfrentaríamos una primera prueba: llegar a La Laguna Telpis. Desde muy temprano partimos hacia Yacuanquer, ahí nos recibió el alcalde del municipio, los niños de una escuela local y los guarda parques quienes serían nuestros guías en esta primera aventura. Fueron casi cinco horas de caminata a más de 3000 metros de altura. Muchos de nosotros durante el recorrido no dejábamos de preguntar cuánto falta y los guías o gente del lugar respondían “muy poco”. Ahora en la tranquilidad de mi hogar doy gracias a esas mentiras, porque si me hubiesen dicho la verdad probablemente habría tomado la decisión de no continuar. Al fin, después de tanto esfuerzo nos encontramos frente a una obra maestra de la naturaleza, escondida entre montañas, ese momento de admiración fue nuestra primera satisfacción, nuestro primer reto cumplido.

Días más tarde nuestro itinerario nos llevó a la Comunidad Indígena Quillasinga, donde tuvimos un primer contacto con verdaderos descendientes de los incas, precisamente el nombre de esta comunidad se debe a que los incas cuando los conquistaron les dieron esa nominación de quillasingas (voz quechua) que significa “nariz de luna”. Aquí pudimos conocer sus costumbres y su cosmovisión,  y dialogar con sus autoridades. Tengo que hacer un paréntesis en este punto y decir que me apenó mucho ver que algunos expedicionarios tomaron una actitud crítica hacia las tradiciones de esta comunidad tratando de juzgarlos desde su posición occidentalista, en lugar de comprenderlos y aprender de ellos. Recordemos que las visiones ecologistas muy en boga en la actualidad ellos las practican desde tiempos inmemoriales, tal vez habría que preguntarse quién debe aprender de quién.

Luego de esta experiencia tan enriquecedora, nuestro caminar nos llevó a un lugar sagrado para las comunidades de Pasto, la laguna La Cocha (cocha es una voz quechua que precisamente significa cesar2laguna). Ésta forma parte de una hermosa reserva natural donde navegamos en lanchas, gracias al apoyo del ejército colombiano. En dicho lugar disfrutamos de la fauna y flora, y nos llenamos de su energía sagrada.

Al día siguiente, siguiendo con la ruta, desembarcamos en la Municipalidad de Tangua donde la comunidad nos había preparado una recepción en la plaza de armas. En dicha actividad, nuestros oídos se deleitaron con la música de una orquesta de niños llamada San Rafaelito y nuestros paladares disfrutaron de las famosas arepas y el café colombiano. Es imposible olvidar los fabulosos carritos de madera, algunos expedicionarios se subieron en ellos y sintieron la adrenalina que generan. Luego, hicimos un recorrido en la chiva que  es una especie de bus cuyos asientos son hechos de madera, al igual que su estructura, e incluso el techo está acondicionado para poder llevar pasajeros.  En este medio de transporte local recorrimos distintas comunidades que nos brindaron su hospitalidad a través de sus danzas típicas y su gastronomía local. Al final del día todos terminamos muy agotados, pero contentos por todo lo que habíamos conocido.

Vuelve a amanecer y parece que llevamos muchos días en la ruta, no sólo por el cansancio que significa acostumbrarse al nuevo estilo de vida sino porque los lazos de amistad son muy fuertes tanto que muchos nos sorprendemos de la velocidad con eso ha sucedido. En fin, no hay tiempo para el cansancio la ruta continua. No me imagino a un chasqui diciéndole al Inca: “señor demoré porque estuve descansando”. Y como intentamos emular a esos chasquis, empezamos a dejar esa palabra fuera de nuestro vocabulario. Estamos ahora en Funes donde observamos que cuando se trata de velar por el cumplimiento de las leyes no se distingue entre autoridades y personas comunes. Las autoridades indígenas de este lugar, además de mostrarnos sus artesanías y costumbres, nos enseñaron como se castigan a los que incumplen la ley. Si para nosotros el encarcelamiento es símbolo de que has infringido la ley, para ellos lo es “el juete” que consiste en una especie de látigo de cuero con el que golpean al individuo.

Un día después, esa familia apellidada Ruta Inka enfrentó su segundo gran reto: llegar hacia la Laguna Verde ubicada en el cráter del volcán Azufral. Para llegar hasta ahí viajamos en bus hacia el Municipiocesar3 de Túquerres, quien se encargó de guiarnos en nuestro camino hacia dicha laguna. La caminata comenzó desde muy temprano y junto con ella las recomendaciones acerca del frío y de la altura a la que llegaríamos, pero sobre todo en lo referente al carácter sagrado del lugar y al respeto con el que debíamos tratarlo. Aún recuerdo las palabras del guía: “Por favor, cuando estén en las lagunas no griten ni hagan bulla porque si no empezará a llover y hará mucho frío”. Claro nosotros señores herederos de la ciencia y la razón no le prestamos atención. Fueron aproximadamente cuatro horas de ardua caminata y alcanzamos una altura de 4000 m.s.n.m. Nuevamente, la naturaleza nos dejo sin aliento. La magnificencia del lugar era inenarrable. Las fotos no se hicieron esperar, sin embargo, lo extraño de esta ocasión fue que la naturaleza decidía cuando las podíamos tomar. Cada cinco minutos una neblina tapaba la vista del lago y nos dejaba en suspenso. Muchos decidimos bajar hacia la orilla del lago y lo hicimos, pero olvidamos lo antes dicho por el guía. Una vez abajo no se guardó el debido respeto y empezó una lluvia y un frío, que nos hizo desear no haber bajado. La subida de regreso fui muy dura, pero apoyándonos mutuamente logramos regresar sanos y salvos. Moraleja la sabiduría indígena nunca debe ser menospreciada, ya que está basada en un profundo conocimiento de la naturaleza. Llegó la hora de despedirnos de Túquerres y dirigirnos hacia Ipiales.

En Ipiales, fuimos recibidos por sus autoridades en la plaza de armas y por su orquesta sinfónica, la cual nos sorprendió con una versión a estilo clásico de la guaneña. Después, visitamos el Santuario de Las Lajas que increíblemente se localiza encima de un cañón. En el conocimos y vivimos el espíritu creyente y fervoroso del pueblo colombiano. También, asistimos a un criadero y restaurante de cuyes, donde nuestros amigos europeos se espantaron, ya que los cuyes (cobayas para ellos) les hacían recordar a sus mascotas.cesar4

Sin darnos cuenta ha pasado ya una semana y es hora de decir adiós a nuestros amigos colombianos. Mientras hacemos firmar nuestros pasaportes para poder salir de Colombia, las primeras lágrimas empiezan a caer. Son un pequeño  antecedente de lo que nos tocará vivir cuando la ruta llegue a su fin. Atrás queda el hermano pueblo colombiano, su ejército y CORPOTUR Nariño quien se encargó de preparar nuestra estadía en Pasto. Cruzamos el puente internacional de Rumichaca hacia Ecuador y ya están las autoridades de la Provincia de Carchi a nuestra espera, así como el ejército ecuatoriano, cuyos cuarteles serán nuestro lugar de hospedaje durante el resto del viaje.

Llegamos a la capital de la provincia de Carchi, el cantón Tulcán, donde las autoridades municipales elaboraron un plan de turístico para nosotros.  El Bosque de los arrayanes, nuestra primera parada, nos recibió en su seno. En dicho lugar, considerado un lugar de culto para los antiguos indígenas de esta región, nos abrazamos a un árbol para intentar saciarnos de su energía mágica. cesar5Inmediatamente después, jugamos al gato y el ratón, juego que nos remontó a nuestros inolvidables días de infancia y, con sinceridad, nos dejó agotados: la altura es un factor complicado para los venimos del llano. Dentro de la misma provincia observamos  lugares como las lagunas de Aguas Hediondas, cuyo nombre se debe al olor que produce la concentración de azufre en ellas, y también avistamos hermosos jardines ubicados dentro de un cementerio. Durante nuestra estadía en el recinto del ejército ecuatoriano a los chicos nos tocó jugar un partido de fútbol contra los soldados. A pesar de ser un encuentro para confraternizar se jugó como la final de la Copa del Mundo. El equipo de Ruta Inka recibió el nombre de Resto del Mundo y el otro Ejército de Tulcán. Esta vez nos tocaría perder.

Terminado el itinerario en Tulcán, elevamos anclas y proseguimos hacia la Provincia de Imbabura donde el Cuartel de la Caballería 36 de Yaguachi nos acogió en sus recintos e incluso nos permitió montar los caballos y yeguas que ahí entrenan, lo que fue una experiencia distinta y emocionante para muchos de nosotros. Se nos mostró el centro de la ciudad y disfrutamos de la fiesta patronal de San Juan y sus estampas características. Además, en esta provincia tuvimos el honor de participar en un acto cívico que conmemoraba la Batalla de Ibarra. Después de esta ceremonia, gracias a la cordialidad de las autoridades locales, degustamos los deliciosos helados de paila, que son parte de la gastronomía ecuatoriana. Una vez más la fabricación artesanal demostró ser más saludable y deliciosa que la industrial. Para culminar nuestra visita en esta región, no podíamos irnos sin dar un paseo en tren. En lo personal fue un paseo increíble, las montañas, quebradas y cataratas dibujaban el escenario ideal para una representación del paraíso. Si bien es cierto hubo un pequeño percance con el tren, por esas cosas de la vida se descarriló, yo creo que en lugar de quitarle mérito a lo antes visto le dio un poco de adrenalina necesaria en la vida de todo ser humano.

Pichincha, es el nombre de nuestro próximo destino, para ser exactos Quito, cantón capital. Esta vez el batallón de comunicaciones Rumiñahui es quien nos cobijará. El viaje fue largo pero hemos llegado, tratamos de cenar algo y  luego todos a dormir, mañana nos esperan nuevos lugares y emociones. Despertamos y sin tiempo para meditarlo tenemos que enfrentar nuestra tercera prueba: caminar de las lagunas de Mojanda hacia las pirámides de Cochasqui, distancia aproximada 20 kilómetros, temperaturas bajas y una altura por encima de los 3000 m.s.n.m. Se empezó con buen pie y buen ritmo. Sin embargo, la inactividad nos jugó una mala pasada y algunos se detienen a descansar. Como una familia esperamos para avanzar todos juntos. El sonido del charango y la quena, hábilmente producido por uno de los guías nos da ánimos para seguir adelante. Tanto así que incluso algunos expedicionarios se unieron a él para interpretar algunas canciones folklóricas.  Han pasado poco más de cuatro horas y estamos cerca de la meta. El cansancio está apuntó de derrotarnos cuando las obras del ingenio indígena nos hacen dejarlo a un lado, para simplemente quedarnos en actitud contemplativa. Las explicaciones del caso no tardan en llegar, nuevamente la sabiduría de nuestros antepasados nos deja anonadados. No hay tiempo para más, tenemos que regresar al cuartel, otro rincón de Pichincha nos espera mañana.cesar6

Nos recogen desde muy temprano en el cuartel y nos dirigimos a Mindo, uno de los lugares turísticos por excelencia de Ecuador. La indicación es que tiene un clima cálido y hay que llevar repelente para mosquitos. El bus nos deja en el centro del pueblo y tenemos que caminar un kilómetro para llegar al lugar donde haremos canopy. La gran mayoría de nosotros no había hecho algo así antes, por tal razón, nos mostramos un poco temerosos en un primer momento, sin embargo, luego del primer tramo nos convertimos en adictos de la adrenalina y pedimos hacer otros movimientos (el superman o la mariposa). Aquel día para muchos fue el más excitante. La mañana siguiente, asistimos a la ciudad Mitad del Mundo, donde con dar un solo paso cambiábamos entre el hemisferio norte y sur. De la misma manera fuimos al centro histórico de Quito y a los museos más importantes. También tuvimos el honor de conocer la Universidad Tecnológica Equinoccial que nos brindó una recepción y nos permitió hacer uso de sala de computación, para poder escribir a nuestros familiares y amigos. Ese mismo día por la noche, presenciamos al mejor ballet folklórico de Ecuador: Jacchigua. No existen palabras para describir el valor del trabajo que hace este ballet, no sólo para difundir la cultura ecuatoriana, a través de sus danzas y música, sino para conservar y promover la misma. La pasión y la perseverancia de su fundador, nos dan la fuerza y aliento para unirnos a esa complicada tarea de conservar nuestras costumbres en cada uno de nuestros países y no dejar que la globalización del mundo las extermine.

Los rayos del sol anuncian un nuevo amanecer, todo va viento en popa, cuando nuestro coordinador recibe una mala noticia: “Están en cuarentena. En el cuartel de Imbabura se identificó un caso de gripe porcina en el cabo César Camino quien los tuvo a cargo”. Evidentemente era algo serio y algunos estaban muy preocupados. Fuimos trasladados a un hospital donde nos atendieron y, en principio, nadie estaba contagiado, sin embargo, de acuerdo a los protocolos de sanidad teníamos que seguir en aislamiento. Regresamos al batallón Rumiñahui, no podíamos salir del recinto que nos brindaron para dormir, los soldados trajeron los alimentos al cuarto en platos desechables y protegidos con máscaras, almorzamos y cenamos ahí dentro. Incluso, al anochecer, se nos pidió salir para poder fumigar la habitación.  Gracias a Dios, sólo fue una falsa alarma y nadie estaba contagiado con este temible virus, pero si es cierto que muchos teníamos enfermedades respiratorias, producto de los constantes cambios de clima.  Esto nos retrasó casi cuatro días de acuerdo al cronograma planteado, no obstante la salud es lo primero.

cesar7Salimos desde Quito hacia la provincia de Manabí, específicamente hacia la base naval de Jaramijó. Fueron ocho horas en bus con las respectivas paradas para almorzar o ir al baño. Ahora nos encontramos en la zona costeña de Ecuador, área pesquera por excelencia y el segundo puerto más importante de dicho país luego de Guayaquil. Hacemos una visita a un astillero de barcos artesanales y contemplamos el inmenso mar que está frente a nosotros. Después de esto nos dirigimos hacia el Museo del Banco Central de esta región donde conocimos  la cultura prehispánica de la provincia. Sin embargo, el lugar con mayor valor histórico de esta provincia y del Ecuador es Montecristi, porque ahí  nació el más grande revolucionario ecuatoriano llamado Eloy Alfaro, y además ahí se produjo la Asamblea Nacional Constituyente de 2008. Luego, emprendimos rumbo hacia Puerto López donde avistamos a las enormes y majestuosas ballenas jorobadas. Algunos chicos fueron víctimas del mareo debido al oscilante movimiento del bote, sin embargo, eso no fue obstáculo para disfrutar del lindo espectáculo que nos mostraron estos maravillosos animales.

Es hora de seguir con el viaje y dirigirnos hacia Salinas, en la Provincia de Santa Elena. Salinas es la playa más visitada y turística de Ecuador, vaya que tiene razones para serlo. Sin embargo, considero que de dicho lugar más nos llevamos el recuerdo de los niños de aquel orfanato en el que estuvimos. Esos niños nos dieron una lección de vida y nosotros tratamos de llevarles esperanza y alegría.

Entramos en los diez últimos días de ruta,  la cuenta regresiva ha empezado y somos cada vez más conscientes de que la hora de despedirnos se acerca. Próximo destino: Pastaza, provincia ubicada en la Amazonía ecuatoriana. El cuartel de la Brigada N° 17 se encargará no sólo de darnos alojamiento sino que tiene preparado un recorrido turístico para nosotros.  Aquí disfrutamos de las aguas del río Misahualli, donde algunos nos atrevimos a cruzarlo nadando. También visitamos otros atractivos del lugar, sin embargo, fue en el propio cuartel en que conocimos más sobre las comunidades indígenas de la Amazonía. Los soldados iwias, aquí entrenados, son los guerreros de la selva ecuatoriana. Presenciamos el ritual de bendición que hacen antes de salir a combate e hicieron unos saltos de exhibición desde el patín a una altura de 50 metros, e incluso a una expedicionaria de Brasil, llamada Giuliana y a mí, nos permitieron hacer dicho salto.cesar8

Dejamos la Amazonía para regresar a la sierra, la Provincia de Cotopaxi espera. La Universidad Técnica de Cotopaxi, preparó para nosotros una recepción, nos mostró sus instalaciones e incluso organizó juegos de tómbola. Aquí el equipo de fútbol de Ruta Inka, tuvo su segundo encuentro contra el equipo de profesores de dicha universidad. Esta vez nos tocó ganar. Al siguiente día, enrumbamos hacia el volcán Cotopaxi desde temprano. Esta sería la prueba más difícil de la familia Ruta Inka. La meta era llegar a hasta el glacial del volcán a unos 5 200 m.s.n.m. Desde un comienzo muchos expedicionarios decidieron no subir, pero otro grupo decidió enfrentar el reto. El bus nos dejó a una altura de 4000 m.s.n.m. y desde ahí empezamos a caminar. Las temperaturas eran realmente bajas, la ropa, chompas y casacas no eran suficientes y el factor altura hacía nuestro andar más lento. Contra todo esto llegamos al refugio ubicado a los 4 800. Aquí descansamos y tomamos un chocolate caliente para aplacar el frío. Ha pasado media hora, es tiempo de reanudar la caminata. Ya vemos la nieve y nos emocionados, estamos muy agotados pero la belleza del lugar vale cada gota de sudor y cada respiro. No lo podíamos creer, lo hemos logrado.  Nos tomamos un respiro y nos quedamos en silencio, la naturaleza es el personaje principal de esta historia.  Para completar el escenario empieza a nevar levemente. Sólo queda decir ¡Gracias Cotopaxi!

Es hora de ir a Riobamba. En esta ciudad nos toco visitar un mercado indígena, donde entramos en contacto con la gente del lugar y con sus costumbres. Luego, realizamos una linda caminata siguiendo los rieles del tren y observando los verdes parajes del lugar. En esta ciudad, asistimos a un albergue para niños especiales y huérfanos, quienes nos demostraron  que no sabemos de la dura rcesar9ealidad del mundo. No es lo mismo oír una noticia, que ver la realidad directamente. Jugamos con los niños, les pintamos las caritas, los llevamos sobre nuestras espaldas cual caballos y les enseñamos a elaborar pulseras y collares. Al próximo día, recorrimos el centro de la ciudad y probamos el famoso horneado de chancho y otros platos típicos. Lamentablemente, nuestra estadía es Riobamba es corta, nuestra última parada nos espera.

Estamos a cinco días de culminar la ruta y todos empiezan a pensar el triste final. Algunos tendrán que irse antes y no estarán en la clausura, eso nos apena mucho. Pero, no vale la pena seguir pensando en eso, hay que vivir al máximos esto últimos días.

La Municipalidad de Cañar, gran propiciadora de esta Ruta Inka 2009: Rumbo al Santuario del Joven Poderoso, nos da la bienvenida a lo grande. Recorrimos la ciudad a pie portando nuestras banderas, la gente en las calles y desde sus casas nos aplaudía. Llegamos a la plaza del lugar, donde participamos de una ceremonia de bendición dirigida por una matrona indígena, para luego dirigirnos hacia los museos del lugar. Terminada la visita en los museos fuimos a almorzar para luego viajar hacia Biblían, uno de los cantones de esta provincia. Aquí nos recibió el alcalde, quien preparó un show artístico para nosotros. Al otro día, partimos hacia otro cantón llamado Asuscal, donde las autoridades nos recibieron y escuchamos a un coro de niños cantar el himno del cantón. Aquí hicimos trekking hacia la montaña Huayrapalti, para finalmente almorzar junto a una comunidad indígena, que gracias a un trabajo comunitario llamado minga, nos pudo ofrecer la famosa “pampa mesa”.  Ésta consiste en poner manteles sobre el campo para luego echar sobre ellos las papas, habas, choclos, queso y olluco. Al día siguiente, fuimos hacia la Laguna de Culebrillas, donde otra comunidad indígena nos invitó, nuevamente, una “pampa mesa” pero esta vez acompañada con cuy. Desde dicha laguna emprendimos una caminata de tres horas a través del Cápac Ñam (Camino Inca).  Finalmente estamos en Ingapirca, capital arqueológica de Ecuador. Hemos llegado a nuestro último destino. Incrustado entre montañas, el hermoso templo inca sobresale en el paisaje, pero no rompe con él. Sus formas buscan armonía con la naturaleza, con esa pachamama dadora de vida a la que sus constructores, los incas, le deben todo. Ingapirca, luego de casi cinco siglos sigue ahí y es muestra de la grandeza los incas.cesar10

Reflexión final

La Ruta Inka 2009, ha culminado con éxito. Esa familia que se formó le toca separarse  y demostrar que ni el tiempo ni la distancia pueden romper los vínculos de amistad que aquí se formaron. Durante cuarenta días hicimos frente al cambiante clima,  al cansancio, a los problemas que se iban presentando y a las enfermedades. Durante cuarenta días reímos y disfrutamos de la vida, pero este último día nos toca estar tristes y llorar. La felicidad no está en la meta o en el sueño cumplido, sino en el camino que se recorre para llegar a él. Definitivamente, no somos los mismos, conocemos mejor la realidad de nuestra América latina, tantos sus riquezas aún no explotadas como sus problemas. Tenemos mayor responsabilidad y fuertes compromisos que debemos asumir para construir un mundo mejor. El camino para ese mundo mejor en nuestra Latinoamérica, es la integración y aceptación de las diversas culturas que la integran, así como el conocimiento profundo de nuestra historia. Este es el camino en el que creen las comunidades indígenas de América y por el que nos han permitido disfrutar de esta experiencia. Nuestra tarea es no defraudarlos y luchar toda una vida para que las cosas cambien.

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.” (Bertolt Brecht)

César Valencia Martínez (Perú)

Silencio. Una respiración profunda. Aquí estoy en mi viejo hogar ante mi ordenador, sola. Hoy voy a escribir sobre un sueño, un sueño hecho realidad. Han pasado apenas dos semanas desde que llegue a mi casa y volví a ver a mi familia; pero otra peculiar familia se me quedó atrás.

Aunque ya dispongo de muchas comodidades que antes no tenía, sinceramente, no me son necesarias. Preferiría volver tiempo atrás y vivir de nuevo lo vivido.

Una familia extraña pero a la vez acogedora, una familia sin papá ni mamá, pero con una gran cohesión. Una familia formada por unos 40 hermanitos de diferentes nacionalidades, todos diferentes pero a la vez todos iguales.raquel1

Todo empezó a primeros de Julio en Pasto (Colombia) donde cada día que pasaba nuestra familia se hacia más grande a pesar que el primer día apenas éramos 10 personas en una habitación del cuartel militar haciéndonos todos las mismas preguntas: ¿Cómo te llamas? ¿De donde eres? ¿Qué estudias?

Alrededor de 10 días anduvimos por Colombia, visitando diferentes monumentos, yacimientos arqueológicos o hermosos paisajes, pero no tengo palabras para explicar cómo nos han tratado ni cómo nos han acogido. Bailes de colores y de sonrisas para todas las edades rodeados de una cálida bienvenida al son de la música, ese fue uno de nuestros primeros días en el carnaval de “Blancos y Negros”.

Parecía que nos conocíamos de toda la vida, pero en realidad solo habíamos compartido un día y una noche, pero ya todo el mundo bromeaba tranquilamente. Sin duda, hay cosas que no tienen precio en esta vida.

raquel2No tiene precio escuchar a un indígena Quillasinga explicándonos su cultura, religión y su forma de vida, sencillamente, porque no todo se encuentra en los libros; tampoco tiene precio admirar los bailes típicos de cada región, entre ellos nuestro preferido, “La Guaneña”, ni tampoco contemplar la laguna de Telpies o montar en los cochecitos de Tangua, ni haber estado en orfanatos visitando a niños o haber conocido a mis 39 hermanitos nuevos.

En esta ruta aprendí y encontré muchas cosas. Hay muchas palabras que uno conoce pero no sabe, palabras que sabemos que existen, por ejemplo me gustaría remarcar:  interculturalidad, amistad, solidaridad y pobreza.

Interculturalidad, ¿Por qué este término? Obvio, ¿no? Estudiantes, periodistas, monitores de diferentes países y culturas compartimos un mes y medio en un país de diferente cultura a la nuestra. He conocido por primera vez la cultura latinoamericana y la cultura indígena, así como algunos rasgos de las culturas de cada uno de mis compañeros. La ruta ha sido una oportunidad para nosotros y para los pueblos indígenas para conocer otro punto de vista en costumbres, bailes, gastronomía y formas de vida. En resumen, ha sido un intercambio de conocimientos que nos ha enriquecido a todos.

Amistad: Parece efímero utilizar este término cuando solo nos conocemos desde hace aproximadamente 40 días, pero es real. Ha sido real todo lo vivido: donde uno sube una montaña y si alguien falta le espera; donde si alguien llora, otro pone el hombro; donde si alguien tiene hambre, otro comparte su comida, etc. Todo esto y muchas más cosas es lo que implica la convivencia, el día a día, las noches frías y las lluvias torrenciales. Se ha forjado algo entre nosotros, algo más que simple compañerismo, esta relación se llama amistad. Tenemos un hogar en cada país, un hogar en el corazón de cada uno de nosotros.

Solidaridad, simplemente una gratificación personal enorme… Me parece impresionante como una tarde de juegos puede hacer tan feliz a un niño, como corren y ríen con total confianza.

raquel4Personalmente siempre he pensado en realizar voluntariado, pero ahora después de este pequeño contacto, me he enamorado.

Me he enamorado de ese sentimiento, de esos ojitos brillantes cuando te ven, de las ceras de colores cuando les pintas la cara o cuando les enseñas a hacer pulseras y collares. Cada uno de los niños que conocí me conquistaba más, hasta tal punto que creo que parte de mi carrera profesional la pienso dedicar a los niños.

Finalmente la pobreza; no podía dejar de lado esta palabra. Permítanme generalizar, aunque sé que no en todos los lugares de Sudamérica es así, pero hay un grave problema económico en la mayoría de países Sudamericanos, ya que gran parte de la población es pobre, vive bajo condiciones inhumanas y/o es analfabeta. Obviamente esto también sucede en España y otros países europeos, pero por suerte en menor medida. Ser pobre en un país desarrollado podría significar no tener un automóvil o no tener una casa de verano, pero ser pobre en un país en vías de desarrollo o subdesarrollado implica no poder comer, no tener casa, no tener con qué vestirse o curarse. Me entristece mucho pensar en eso, cuando el problema radica en la política y en el fomento de un impulso económico, promocionando la formación de empresas y la formación académica, ya que ante todo, el acceso a la educación es un pilar básico para permitir el desarrollo de un país.

Volviendo a nuestra ruta… Después de Colombia, vino Ecuador; y si ya Colombia nos había impresionado, Ecuador aún nos siguió sorprendiendo.  Entre las costumbres que más me sorprendieron fue la Pampa Mesa, una “mesa” en el suelo donde se muestran los alimentos y cada uno coge lo que le parece bien. La pampa suele estar formada por patatas, maíz, queso, lechuga, habichuelas, etc. Ya que son los productos más utilizados en la gastronomía ecuatoriana y también en la colombiana.raquel5

Es como si los productos de la tierra se devolviesen a la tierra. Me llamó mucho la atención esa relación que tienen los pueblos indígenas con la naturaleza, con la tierra y los diferentes elementos. Ya desde la antigüedad la cultura inka tenía una fuerte relación terrenal y espiritual con todo lo que les rodeaba que me ha fascinado.

Quizás la cultura europea actual debería aprender un poco de ello y cuidar más la naturaleza que nos rodea, ya que poco a poco, con el paso del tiempo estamos destruyendo, lo que ellos llaman la Pachamama, es decir, nuestra tierra querida.

Otro de los temas que me gustaría abordar son los estereotipos y prejuicios, principalmente aquellos creados por los medios de comunicación. Por ejemplo Colombia, sobre todo en Europa, Colombia es conocida como una tierra cubierta de terrorismo, narcotráfico e inseguridad, y después de haber estado allí viviendo unos días, puedo asegurar que en ningún momento me he sentido insegura. Sí es cierto que eso existe, pero al igual que también esta ETA en España o que cada día se encuentran miles de toneladas de hachis en las costas españolas. Cada país tiene sus problemas en mayor y menor medida, pero eso no significa que haya que clasificarlo como un país peligroso.

Hasta ahora todo parecen flores a los países visitados y a la experiencia que hemos realizado, y a decir verdad pese a tener pequeños incidentes, la Ruta Inka ha sido y es una experiencia inolvidable. Por ello, se la recomiendo a todo el mundo y animaría a que gobiernos, municipalidades, empresas u otras organizaciones la apoyasen, ya que sin la ayuda de estos organismos, a la larga la ruta no se podrá llevar a cabo. Se trata de una ruta escasa en el ámbito económico pero enormemente enriquecedora de conocimientos, intercambios y en fin, enriquecedora de personas.

Así pues, ya he vuelto a mi “vida”, a mi rutina de ciudad, a la gente preocupada por minucias, al estrés de la vuelta al trabajo o al estudio, mientras sigo pensando en aquellos niños, aquellas raquel6personitas que saben apreciar mucho más que cualquier adulto los pequeños momentos que te da la vida y que al fin y al cabo son los que le dan el significado y la finalidad a tu vida y a tu camino. También no sólo aprendes de la gente pequeñita, sino también de los ancianos, los sabios que tejen sombreros en un mercado o que recogen las patatas o te ofrecen chicha.

Sin ir más lejos el caso de este amable señor, este señor tejía telas, bolsos, pañuelos y diferentes complementos en un mercado. No hablaba prácticamente nada de español, pero tenía una sonrisa…  Hablamos, y aunque no nos entendíamos mucho, nos comprendimos, se le veía feliz.

No se preocupaba por si hoy el bus pasaría a tal minuto o tal otro, ni si hoy tendría que hacer tal o cuál trabajo, simplemente admiraba a la gente pasear por el mercado y sonreía; escuchaba el bullicio de la gente y contemplaba el paso del tiempo.

raquel7Me sorprende ver como la mayoría de las personas de cultura indígena aprecian todo aquello que tienen alrededor, como disfrutan de lo que viven y como son más felices que una persona de un país desarrollado, una persona que en realidad tiene todo más fácilmente a su alcance y no es capaz de apreciarlo. Yo he aprendido de ellos.

Ahora me toca dar las gracias, dar las gracias primero a Rubén, por todo el esfuerzo y tiempo dedicado a que todo saliera perfecto, a su vaivén de idas y venidas, charlas con diplomáticos para que nos abriesen sus puertas; gracias a los que nos han apoyado, al Ministerio de Defensa, Corpotur Nariño, Gisela, Franco, a la UTE, etc. Pero sobre todo gracias al resto de expedicionarios, gracias por haber compartido conmigo un momento muy importante en mi vida donde vosotros sois los protagonistas, gracias por haberme dejado conoceros.

La ruta ha sido una fábrica de sueños y esperanzas, me encanta ver las fotografías de todas aquellas experiencias vividas pero no sólo como un recuerdo sino como algo más, algo que no sé explicar con palabras, algo que aunque el tiempo y el olvido sean como hermanos gemelos, en este caso ni el tiempo ni el olvido harán mella en mi mente.

Raquel Adsarias (España)

Aventura Ruta Inka 2009, una ilusión, un sueño que nació en mayo de este año y que se convirtió en realidad poco tiempo después. El destino Pasto, Colombia; mi ubicación Trujillo, Perú, lugares tan lejanos pero ya teniendo la carta de aceptación en mano y a medida que pasaban los días, estos se iban acercando más.cris1

Por primera vez en mis 19 años dejaba atrás por 40 días familia, amigos, estudios, todo; y me embarcaba rumbo a una aventura que sabia iba a colmar todas mis expectativas y cambiar mi forma de ver la vida, definitivamente ya no iba a ser la misma.

cris2Unos días antes de comenzar la ruta, ya estaba ansiosa por empezar esta travesía. Con una mochila llena de cosas y mucho mas grande que yo, con la nostalgia de dejar todo atrás pero con la alegría de comenzar la aventura de llegar a Colombia; salí de mi casa, de mi ciudad y de mi país.

Ya en la frontera con Ecuador, con un pie fuera del país que nunca pensé dejar, nos encontrábamos cinco chicos peruanos que por primera vez se conocían y que éramos similares en muchos aspectos, buenos solo uno –la gran mochila que llevábamos- y que atraía la mirada hacia nosotros a donde sea que fuéramos.

Puesto de migraciones, un sello, un pasaje a Quito y no hubo más señal en mi celular; mas un sentimiento extraño no antes conocido apareció. ¡Ya estaba fuera! Doce horas después, mucha hambre y poco tiempo así como un desayuno veloz y el desconcierto de no saber donde estábamos; así comenzó nuestra primera travesía: llegar al punto de encuentro a tiempo. Otro pasaje a Ipiales, 5 horas mas y sin almorzar; ya por la tarde dejábamos Ecuador. Adiós y gracias por su visita a Ecuador se leía llegando a la frontera mientras que otro inmenso cartel a lo lejos nos daba la bienvenida: Bienvenidos a Colombia. Otro país que cruzábamos, un paso más cerca o más lejos, daba igual ahora sí estábamos seguros que esto era una realidad. Ruta inka ya pronto llegamos.cris3

¿Dólares? No más ¿Pesos? A cambiar ¿Tantos ceros? ¿Por qué? Cambio de monedas, que mas da tan solo queda practicar la división y la multiplicación. Y sin pensarlo en nuestra mano el ultimo billete con destino a Pasto, 5 horas y media en uno de tantos buses que llamaban para captar nuestra atención. Un camino tranquilo nos dijeron por ahí, tantas vueltas que sentí me hicieron opinar lo contrario; gente amable nos encontramos en el carro, las vueltas y el camino difícil se perdió en una amena conversación con una señora colombiana y sus 3 hijos. Ya de noche, nos anunciaron la llegada hacia la ciudad de Pasto ¿Dónde estaban los demás? Eran las 8 de la noche y en medio de la cris4carretera no había nadie. ¿Dónde queda chapalito preguntamos? Unos pobladores que pasaban por ahí de milagro nos dijeron, ahí donde están parados. Miramos consternados a que se refería, OH sorpresa era una pequeña montaña que en su entrada anunciaba el cuartel militar a tan solo un kilómetro, pero de subida. Bueno dijimos, ya cruzamos 2 países y viajamos muchas horas, recorrer este tramo ya no es nada, que equivocados estábamos, con la oscuridad y lo empinado que estaba mas el típico temor de no saber porque no había nadie mas, nos llevo a a pensar que estábamos en el lugar equivocado; de todas maneras proseguimos. 20 minutos después sin nada mas que ilusiones y un evidente cansancio, llegamos a la cima; militares desconcertados nos recibieron, de ruta inka no sabían nada, y ahora que hacemos nos preguntamos. A cris5explicar nuestra misión procedimos y una alegre plática se estableció, pero a adonde tenemos que ir sino nos preguntamos. No revisar nuestro correo hizo que esta ruta empezara como debía ser, con una aventura y una anécdota que contar.

El verdadero punto de encuentro, Batallón Boyacá, muy amables los militares nos recibieron con todo cariño. En este hermoso lugar en el centro de la ciudad nos hospedamos los días que permanecimos en Colombia. Los chicos dormían con los militares, las chicas en un lugar aparte; agua caliente camas con tablas movedizas, mucho frío pero ahí en esa misma habitación, veinte chicas con distintas cosas por contarnos estábamos ya juntas. Pizza mas gaseosa nuestra primera cena, nada mas rico como comida compartida con personas que no conocía pero que pronto estaba segura no iba a querer separarme de ellos.

Un discurso de bienvenida por parte del artífice de este proyecto, Rubén, cortas pero sabias palabras, de una persona que luchó por hacer esto posible pero que a pesar de todo y logró realizar un año más esta embajada llamada ruta inka. A su costado estaba Gisela, la representante de Corpoturnariño, una amiga que poco a poco iríamos descubriendo, pero que desde el inicio nos brindo su amistad desinteresadamente.

cris6Nos presentamos todos, a nadie le quedaba el nombre de los demás en la memoria por mas de cinco minutos, en ese momento no era necesario, ya tendríamos tiempo para eso después, esto recién empezaba.

Tablas que se movían, que se caían; risas y carcajadas imparables; frió, pero una sensación calida nos rodeaba, haciéndonos sentir especiales. Contándonos como había sido nuestro viaje hasta Pasto la pasamos toda la noche; en bus, en avión, en auto, que más da como habíamos llegado, lo importante era que estábamos ya juntos y dispuecris7stos a hacer de esta ruta, la mejor experiencia de nuestras vidas. Ya era de madrugada y nadie quería dormir; ya a descansar nos dijimos puesto que al otro día, muchos lugares no esperaban y necesitábamos ahorrar energías. Esa noche sorprendentemente no soñé nada, claro, ¿Qué iba a sonar? Me sueño ya era una realidad y lo estaba viviendo.

El primer día de la ruta el mas esperado, un hermoso city tour que nos llenaba de historias fabulosas, todas con un origen que distaba de ser científico, sino mas bien mítico, lo cual lo hacia aun mas interesante. Ese volcán, ese fenómeno geográfico llamado volcán galeras nos miraba imponente desde las alturas con majestuosidad. Hecha ya las visitas correspondientes y con la siempre grata de compañía de policías de turismo y de chicos universitarios de la ciudad que estaban siempre atentos cualquiera de nuestras preguntas, seguimos nuestro recorrido, nos faltaba mucho por conocer y faltaba tiempo. Museos, casonas, calles históricas y demás nos recibieron con lo brazos abiertos ese día; lazos de amistad y confraternidad ya se empezaban a formar, anécdotas y mas anécdotas iban apareciendo, que creí nunca tantas acumular; el cuaderno que traje, pensé, me iba a quedar pequeño para tantas cosas que estaba viviendo.cris8

Ya llegada la noche llegamos a un museo diferente a los demás en el no se exponía la cultura pasada sino la cultura popular con muchos colores vivos y grandes construcciones que cris9hacían sentir pequeño al que pasaba por allí. Nos dijeron que las autoridades no iban a dar un recibimiento oficial y emocionada y ansiosa espere. Cual seria mi sorpresa al terminar las palabras de bienvenida cuando esa bienvenida se convirtió en todo una fiesta ¿que fiesta? Era todo un carnaval de blancos y negros donde como su nombre explicaba no éramos todos iguales, éramos de diferentes países y de diferente color; pero que teníamos un objetivo en común, dejar que esas diferencias no nos separaran sino que nos unieran más.

Música, baile, ambiente de fiesta, celebrar el estar todos juntos luchando y esperando de esta ruta la mejor, y esta no pudo haber sido la mejor inauguración de ruta. Realmente fue increíble. La pintica, se convirtió en una máscara negra que todos portábamos orgullosos, baile y mas baile, no nos importaba llevar el paso o ser coordinados, risas y mucha alegría se sentía en todo el ambiente. Después de la pintica vino el spray, ya no solo estábamos negros, sino que estábamos blancos, todos manchados y sucios, que va, no importaba, echar harina completo nuestra alegría y desato nuestra histeria, un sentimiento de jubilo efervescente convertía un museo de expresión popular en esa misma fiesta popular pero en otra época del año y con otros participantes, que importaba, lo importante era sentir como una cultura que no conocíamos y de la cual no teníamos profundos conocimientos; se sintió tan nuestra, tan propia con solo entonar a viva voz y bailar sus canciones que desde ese momento, ya no eran solo de un país, Colombia, sino que pertenecían a 12 otros países que desde que comenzó esa experiencia la adoptaron como propia.

cris10Todos con un aspecto espantoso, sucio e irreconocible, pero con una sonrisa de oreja a oreja era lo que dio como resultado la mejor fiesta que tuve en toda mi vida y que sinceramente me gustaría repetir. El compartir un sentimiento tan grande como lo es la alegría de poder viajar por diferentes ciudades me hizo darme cuenta de cuan poca cris11importancia la ropa, el peinado y el maquillaje tienen, si es que uno no da todo de si para divertirse por mas que tratáramos de divertirnos, no lo lograríamos. Con los lentes rotos, las lunas salidas y con ellos en mi mano termino esa fiesta de la cual nadie quería irse, pero esto recién comenzaba; sin lentes hasta la otra semana decidí no preocuparme, eso no iba a impedir que me divirtiera y disfrutar de esta experiencia que sabia, ya estaba cambiando mi vida.

Las fiestas, y bailes en Ovonuco nos hizo vivir otra fiesta popular, la guagua de pan que nos regalaron nombrándonos padrinos nos pareció el mas delicioso manjar, no solo por su sabor sino por estar compartiendo tan peculiar representación de consideración de un pueblo, en las alturas de una pequeña montaña y que a nuestro paso por ella encontrábamos cuyes asados al carbón que nos invitaban a probarlos; así como de las actividades de las que fuimos participes y que me hizo darme cuenta de que un simple baile podía alegrarme el día.

cris12La laguna de Telpis en Yacuanqueros y su hermoso recibimiento nos hizo sentirnos como en casa, el subir a esa laguna fue un reto para mí y creo que para todos, no estábamos preparados para subir esa inmensa y alta montaña. Nunca me imaginé que tendría fuerza para subir, pero al ver como hasta los niños lo hacían sin el menor esfuerzo, saque fuerzas de donde no creía que tenía y luche por llegar a la cima. Ni la lluvia, ni el frío pudo mitigar mis ganas de llegar, el constante apoyo de todos, propios y ajenos, hizo que contra todo pronostico llegara a la cima en tiempo record. Después de incontables traspiés y unas cuantas caídas pude culminar este reto que nos llevo todo el día y que quedara en mi memoria por siempre, después de esto, no creo que haya nada que me sea imposible. Los hermosos paisajes que pude observar tanta en el ascenso como en el descenso hicieron que el camino no solo se haga fácil, sino placentero.cris14

La laguna de la cocha y la isla la corota me hizo sentir como si estuviera en una exploración de la selva, y parecía como si fuera la protagonista en una película de Indiana Jones con tanta vegetación y selva que me rodeaba, sin dejar de lado la espectacular vista que teníamos desde allí de la laguna y de la paz y tranquilidad que nos transmitía .

La comunidad Quillasinga y un conversatorio que nos ilustro sobre su cultura mas de lo que un libro pudiera haber hecho, me dejo boquiabierta como uno puede saber y conocer más sobre ellos con el simple hecho de conversar e intercambiar conocimientos con ellos.

cris15La hermosa comunidad de tangua y sus carritos de madera, sus hermosos poblados y su amabilidad para con nosotros, la chiva que fue escenario de canto y baile durante todo el día y que nos hizo participes de una forma de viajar y conocer un lugar de forma diferente. Nunca comí tantas veces al día, pero lo mejor de todo fue que nunca mecris16 sentí tan satisfecha, no de comida sino de calor humano, simplemente increíble, ese día me quede sin palabras, no tenia mas formas de expresar agradecimiento hacia un pueblo que desde una gran recibimiento hasta un sketch artístico improvisado, hizo que mi corazón bailara de alegría con la expresión máxima de un a cultura la cual portan con orgullo y pasión.

Tuquerres con sus imponentes lagunas blanca, negra y verde, nos hizo darnos cuenta cuan bella es la naturaleza y cuan hermoso una laguna pueda ser, al punto de haber valido la pena el esfuerzo, la falta de aire, la lluvia y el barro, solo para apreciar un milagro de la naturaleza, tan bello como es ver una laguna de color verde puro y con mitos mas reales que nosotros y que están ahí a la espera de nosotros para mostrarnos como estando en el cráter de una volcán; la adrenalina y el cansancio se unen para apreciar un monumento a la naturaleza y un desafío al hombre.

cris17Ipiales y ya estábamos de salida de Colombia, de vuelta a donde hace 7 días había estado y donde esperaba con ansias empezar la ruta, ahora yo en ese mismo punto esperaba continuar con esta aventura que a poco a poco a medida que pasaban los días se convertía en una experiencia que se quedaría grabada en mi memoria de por vida.

Colombia, tierra querida como sonaba una canción que se entonaba fuerte en cada uno de los lugares que visitamos, nos recibió con más que calurosidad sino con amor de hermanos. Atrás quedaron los prejuicios que uno tiene cuando visita un país que no conoce y al cual uno conoce por medio de los medios de comunicación, que no necesariamente cumplen con informar toda la verdad.cris18

Era cierto lo que Gisela desde un inicio nos dijo de Colombia, el único riesgo que uno corre al ir es simplemente quedarse.

Ahí pude comprobar que muy aparte de la forma en que hablemos o vivamos, de si hablamos el mismo idioma o no, o sin tenemos un acento u otro, todos somos iguales, tenemos el mismo origen y venimos de un solo ser, además compartimos una riqueza pasado ancestral y una riqueza cultural  inmensa.

Esta institución, esta embajada cultural llamada RUTA INKA quiere recordar precisamente eso y llevar el mensaje a todas las partes del mundo para que en un futuro no muy lejano no nos olvidemos quienes somos y de donde venimos, que somos todos y que sin nos organizamos y trabajamos juntos, podemos lograr grandes cosas y ¿Quién sabe? Cambiar unas cuantas.

Ecuador, desde le momento en que llegue a lo oficina de migraciones, empezaron las anécdotas, lamentablemente no tan buenas, pero como un poblador de Tulcán se encargo de recordarme hay toda clase de gente en este mundo y Ecuador no era la excepción; cual fue mi alegría cuando me diera cuenta que por mas malos momentos que haya pasado, esa persona tenia razón, todo lo que viví por cris19casi un mes en esta tierra hermana, dejo de lado ese percance y se quedo solo como una peculiar manera de hacer mi entrada triunfal; y que por el contrario me hizo famosa a mi y a la ruta inka, no creo que ese haya sido el propósito inicial pero bienvenida sean las consecuencias, una anécdota de la cual estoy segura estará seguida de carcajadas cada vez que la cuente.

El paseo en el ferrocarril que tuvimos hasta Salinas fue como estar viendo en una película los mejores paisajes de esa zona, los puentes, los túneles y la naturaleza da la bienvenida a los que pasan por ahí. Un ambiento puro, propio, natural se puede apreciar durante todo el recorrido de mas de 3 horas y el cual siempre trae sorpresas, pequeñas cascadas, ríos o lagunas esparcidas por aquí y por allá que se encargan de poner el toque especial. Como siempre por ser la ruta, a este tren ya justo cuando llegábamos a la estación, se descarriló y el segundo vagón en donde íbamos a mayoría se salió de los rieles, un breve susto pero a la vez el causante de que una sonrisa se dibujara en nuestros labios. Una raya más al tigre, una experiencia más a la ruta.cris20

La caminata por las lagunas de Mojanda en Cochasqui fue espectacular, bajo mas capas de ropa de las que yo creía podía yo estar y bajo condiciones climáticas bajo las cuales no pensé caminar, me embarque a una caminata que iba por carretera, valles, y montañas por más de 6 horas pero que en lugar de convertirse en una actividad monótona, se convirtió en una amena conversaciones entre nosotros y en un karaoke improvisado junto a un charango y una quena. A cada paso que daba recibía con los brazos abiertos a los paisajes desde tan alto, que por momentos me hacían sentir mas cerca del cielo.

La estadía en Quito fue contra todo pronóstico la más larga y particular entre todas la ciudades del Ecuador, acusados de  ser portadores de la gripe porcina y siendo aislados por 2 días, este suceso hizo que en lugar de aburrirnos o deprimirnos, nos alegráramos mas, nos conociéramos y compartiéramos mas cosas, jugar cartas, ver películas alquiladas o aprendiendo a manejar cariocas.

cris21La verdadera mitad del mundo y el mismo museo-monumento que hay en esta ciudad me dejaron anonadada por la riqueza cultural que transmiten, escuchar las explicaciones de un defensor de su propia cultura, y saber como nuestros antepasados fueron mas astutos e inteligentes que nosotros; nos pone a pensar como fue que eso no se puede rescatar y ser nosotros los que sigamos con la tradición; apoyarnos en lo nuevo para mejorar lo antiguo, no para erradicarlo.cris22

La belleza de Mindo,  con sus orquídeas, colibríes y cataratas; la posibilidad de realizar deportes extremos como lo fue el Canopy. Ese deporte llamado Canopy, y que nunca pensé atreverme a realizar hizo que ese día me liberara de mis miedos y tenga la osadía de pasar por larguísimos cables a una altura impresionante, en más de una posición: de cabeza, rebotando, como mariposa, como superman, cuantas posiciones experimente y cuantas no puede hacer. Ese día me divertí como nunca, pude gritar con toda mi fuerza de la emoción que sentía, de la libertad que experimentaba y de lo maravilloso que sentir que podía volar era. Hasta hora y creo para siempre quedara esa experiencia viva en mis recuerdos, así como las picaduras que hasta ahora todavía tengo  pero que cada una representa cuanta emoción tenía en ese momento, que  fue solo 2 días después cuando me di cuenta que los mosquitos me habían atacado.cris23

Manabi y sus hermosas playas nos recibieron de una forma excelente, como olvidar el lugar donde comimos y dormimos tan bien y especialmente donde pase mi cumpleaños numero veinte. No sabia como iba a ser ese día, pero mejo no pudo ser, fogata, canciones, baile, compartir y una playa privada en la cual no perdíamos la cris24oportunidad de bañarnos. Definitivamente el lugar y la compañía apropiada para celebrar mis dos décadas de vida.

Puerto López y su atractivo principal, las ballenas; esos animales que solo había visto en documentales y cuyo misterio me causaba curiosidad, estuvieron ante mis ojos por varios minutos y en repetidas ocasiones, dándome un espectáculo difícil de olvidar. Su aparente docilidad pero a la vez fiereza, atraía las miradas de mas de un centenar de barcos que se reunían ahí para ver la expresión mas sublime de la naturaleza, el apareamiento de estos mamíferos gigantes. Sin duda alguna, el contacto más cercano con la naturaleza que jamás había tenido.cris25

Las obras sociales que hicimos, las visitas a 2 orfanatos en dos ciudades distintas del Ecuador. El llegar allí con la intención de enseñarles algo y llevarle alegría resulto siendo lo contrario, todos nosotros salimos renovados, con una nueva forma de ver la vida y con una energía única. El intercambio de sonrisas y de sentimientos no se hacía esperar, dándonos cuenta cuanto le faltaba a cada un de nosotros, y cuando una niño por más pequeño que fuera nos podría enseñar.cris26

El volcán Cotopaxi,  un gigante esplendoroso que nos retaba a subir a sus dominios, que nos hizo subirlo con vientos fortísimos, con frió, con miedo. Subir fue toda una odisea, el mal tiempo sumado a la altura y el esfuerzo físico que exigía a amateurs, hizo que una vez llegado al segundo refugio meditáramos sobre continuar o no a los cris27glaciares. Mi respuesta inmediata fue sí, tenía que ver nieve, así fuera lo último que hiciera en mi vida. Afortunadamente lo logre y pude apreciar el hielo, la nieve y como casi 4000 metros sobre el nivel del mar, la vida se ve diferente.

Y finalmente El Santuario de joven poderoso, esa fortaleza inca llamada ingapirca y que oculta en cada una  de sus paredes una historia no conocida en su totalidad, y que misterios y secretos estarán siempre presentes en cada piedra ahí colocada. Al destino final llegamos, y nadie podía creer cuan rápido se termino todos esto cuan veloz los 40 cris28días se pasaron y cuantas ganas de no separarse se sentían en el ambiente. La nostalgia, el llanto y la resignación de cada uno regresar a su propio país nos hacia derramar inconscientemente lagrimas que no dejaban de brotar cuando a nuestro compañero rutero a los ojo debíamos mirar.

Ya la ruta se acabo, pero no estamos igual que al inicio, ahora ya tenemos como parte de nosotras muchas culturas y costumbre s de otros países y que las llevaremos como bandera orgullosos a contarlo ni bien lleguemos a nuestros hogares de nuevo.

La sensación de volver a casa se volvía extraño, intercambio de pertenencias, recuerdos por aquí, recuerdos por allá; llanto, lamento y pena era un ambiente que se hizo presente los últimos días y que en el  momento de la despedida se hizo mas palpable. Pero ahí no acabo todo, muchas mas cosas aprendimos en esta ruta a ser mejores personas y a llevar en alto el nombre de todos los lugares que visitamos.

En cada lugar que visitamos, ya sean veredas, parroquias, etc. desde el pueblo mas pequeño hasta el mas grande, todos sin excepción nos recibieron con un cariño sincero, un cariño de hermanos; nos brindaron lo mejor que tenían y hasta mas de lo que ofrecer. Es asombroso como las persona que menos tienen son las que mas dan sin importarles recibir algo a cambio. cris29Y claro que nosotros llevamos algo con nosotros, llevamos su pueblo, su gente y sus paisajes no solo reflejados en una cámara, sino en el corazón y nuestro trabajo ser difundir eso, su cultura a donde sea que vayamos porque ya sea de una manera u otra a lo largo de nuestra vida vamos a conocer lugares y personas de nuestro propio país o extranjeros, pero que seremos nosotros los encargados de tratar de poner en sus mentes y sus corazón y poder plasmar todo lo que nosotros vivimos para que así una inmensa cadena se forme y no haya ningún lugar dentro del mundo que quede olvidado. Esa es nuestra misión poner en testimonio y hacer correr la voz que el Perú no es solo Machu Pichu y que Ecuador no es solo Quito y que Colombia no solo es Medellín o Bogotá sino que tiene otras riquezas mucho mas grandes y que están ahí a la espera de ser descubiertas por los demás antes de que sean olvidados por propios.cris30

Allí con su hospitalidad, calidez y amistad sincera nos ayudaron muchísimo. Durante las largas caminatas, las horas y horras de ascenso por pendientes, bajo la lluvia, el frío y el gélido viento, todos los pobladores no ayudaban y daban ánimos para seguir y conseguir llegar a la cima, a la meta; entre nosotros nos dábamos palabras de aliento, pero sentir la sincera preocupación que esas personas expresaban sin ni siquiera conocernos, no solo nos hacia querer seguir sino que nos hacia ponerle mas  fuerza, coraje y empeño pues no habíamos venido desde tan lejos solo para darnos por vencidos.cris31

Nuestra misión era vivir e imitar como nuestros antepasados  sobrevivían en esta misma tierra muchos años atrás sin la necesidad de grandes complicaciones como lo son las cosas a las cuales ahora consideramos imprescindibles y que nos ofrecen rápidas y prácticas soluciones sin ponernos a pensar que poco a poco estamos dejando de lado actividades básicas que en su momento, hicieron posible el desarrollo de nuestro cerebro y que nos llevaron a ser lo que actualmente somos. Si por un momento reflexionamos en el hecho de que hemos dejado todo en mano de maquinas u aparatos tecnológicos nos estaremos dando cuenta de cuantas cosas nos perdemos por su culpa y cuan rápido estamos acabándonos y acabando con los demás.

¡Mi sueño lo pude cumplir!

Arriba los ánimos y manos a la obra, Que la trascendencia de la RUTA INKA  no se quede en un sueño, ¡Que también se haga realidad!

Crisangela Chávez (Perú)

COLOMBIA

andre1“Pero hijo no crees que será peligroso, o que de repente te enfermes…tu no conoces esos lugares.  Me preocupa un poco esta situación…”.

Las palabras de mi madre aún resonaban en mi cabeza. Era de noche. Después de casi 36 horas de viaje desde que salí de Piura (Perú) y superando muchos obstáculos que se me habían cruzado en el camino, por fin vislumbraba a través de la ventana del bus la ciudad de Pasto. Nunca me había aventurado solo fuera del país. Pero no demore mucho en adaptarme y después de un tiempo deduje que mi madre se había equivocado de parecer.

andre2“EMPRENDE CAMINO, CONOCE NARIÑO”, la frase con la que promocionan turísticamente a esta provincia, empezaba a cobrar vida en cada uno de nosotros. Como olvidar el primer día cuando disfrutamos del carnaval de blancos y negros, cuando juntos (los expedicionarios y amigos) cogidos de la mano bailábamos alegres al son de la “Guaneña”, y pudimos disfrutar de un ambiente cálido y acogedor, donde en el ir y el venir se iba a configurando nuestra expectativa de que esta fiesta recién comenzaba, y como diría alguien más adelante, la “magia” jugaría un papel fundamental en esta ruta.

El despertar cada día, ponía en mí, ese espíritu por conocer más el lugar que pisaban mis pies. El volcán Galeras, me saludaba a la par por la ventana y el aire puro y fresco de las mañanas me renovaba para iniciar las actividades de cada día. Iglesias, plazas y casas coloniales le daban a Pasto ese aspecto histórico que guarda, creo yo, en cada paso que das. Y el título de “Ciudad teológica” estaba bien merecido, no sólo por las numerosas y hermosas iglesias que tiene sino también por la fe y  religiosidad de sus habitantes. Me sorprende el entusiasmo con el que jóvenes estudiantes, adultos y/o ancianos de las zonas, que tenían a cargo la guianza turística en los diferentes lugares, nos contaban fascinantes relatos y leyendas sobre los lugares o construcciones que visitábamos. Como por ejemplo el saber que una iglesia fue construida por un demonio; o que si hacíamos mucho ruido en la laguna de Telpis, ésta se resentía y hacía que venga al rato una intensa neblina que cubría en andre3instantes el paisaje (hecho que fue confirmado por nosotros mismos cuando visitamos Yacuanquer); o que si desobedecías algún precepto o hicieras algo indebido en el cabildo indígena de los Quillasingas o en el de Funes te daban “juete” (acto del cual fuimos testigos).

Extraño el amor desinteresado de la gente. El caminar horas para ver un lugar de encanto y belleza paisajista que deleitaba mis ojos y recompensaba mi cansado cuerpo con la satisfacción de ver emporios de flora y fauna incomparables. Los colores del arcoíris después de una lluvia inesperada. El bailar con los Mojigangas de Funes. El sonido de la “Guaneña”. Las deliciosas arepas y patacones. Ni que decir de la Trucha Arco Iris propia de la región. A veces sueño con que sigo estando por esos senderos por los cuales me llevó la Ruta Inka.

andre4Nariño es el destino ideal con el que caminantes, exploradores, turistas y personas amantes de la música, del murmullo, del lenguaje, de la naturaleza enmarcada en un paisaje sin par, soñarían. Ella nos acogió con generosidad y, por su imponencia y belleza, nos invita a tratarla con respeto, a mirarla para bien de la propia humanidad. En este sur intenso, se mezclan en perfecta armonía el espectáculo del “tapiz de retazos” con la calidad de sus moradores, gente amable, creativa y sensible. Por ello viajar por estos territorios de cañones profundos, de fértiles sábanas, de cerros y nevados, de lagunas multicolores, de reservas naturales ricas en vegetación y fauna exótica fue apenas, una parte del solaz de mi aventura de vida; la otra sería el haberme puesto en contacto con hombres y mujeres de habla singular, de mano cálida, siempre dispuesta a presentar ayuda oportuna a quienes los visitan. Será por eso que en este país cafetero es proverbial la amabilidad del nariñense.

Hay tres cosas que estoy seguro que nunca olvidaré de este “pedazo de cielo” de Colombia: Su gente, su cultura y su riqueza natural. Creo que los medios de comunicación en lugar de difundir muerte y destrucción, debería resaltar lo bello de este país. Porque a decir verdad Colombia tiene más de bueno que de malo.

“Colombia tierra querida, yo no te voy a olvidar.                                                                                        Haz dejado una huella en mi vida, que ya no se puede borrar”

andre5andre6


ECUADORandre7

Después de ocho días de estancia en el sur de Colombia llegamos al segundo país que visitaríamos en nuestro recorrido y donde llegaríamos a nuestro destino final: “El Santuario del Joven poderoso” en Ingapirca. Nuevas aventuras y lugares quedaban aún por descubrir. Estaba ansioso por conocer a fondo este país del que se habla tanto. Ni me imaginaba que recorreríamos la costa, sierra y selva del Ecuador.

andre8Ecuador es un país que te enamora, y te llama a conocerlo a fondo. Hubo muchos lugares que me hicieron sentir como en casa. Me atrevería a decir que Ecuador tiene “algo de todo el mundo” .Guarda una cultura ancestral muy rica. Lo sé, por las visitas a los diversos museos y presentaciones culturales de las cuales éramos partícipes. Los marcados contrastes de unas comunidades con otras. Quedé impactado por un espectáculo tan digno de ser visto y admirado como lo es “Jacchigua es Ecuador”.

Ya me había acostumbrado a las caminatas, al frío de la mañana pero también al calor de su gente. A las cosas ordinarias y también a las que te sorprendían y dejaban sin aliento. Lugares donde recibías con tanto cariño obsequios en sus diversas expresiones y también donde tú tenías que dar algo de ti, como el abrazar un niño, jugar con  él, robarle un sonrisa y decirle quizá por primera vez en su vida que era alguien especial para uno y que siempre lo recordarías. El comer los productos de la Pachamama sentado en los pastizales de la sierra de Cañar junto a gente propia del lugar que venía a ofrecerte una gran sonrisa, que a pesar de hablar quichua, no le importaba dicha barrera idiomática. Más bien el deseo de conocer el mundo a través de cada uno de nosotros los atraía un poco tímidos al comienzo pero luego comenzaban a  explayarse más y más y hasta unos se animaron a bailar con nosotros. ¡Era prácticamente el encuentro de dos mundos!, pero en esta ocasión no veníamos a  conquistarlos y a explotarlos como antaño sino a extenderle una mano amiga para que construyésemos una amistad infranqueable y que de las debilidades se puede sacar nuestra mayor fortaleza.

Observando los atardeceres en las paradisiacas playas de Manabí, pasando por el volcán activo más alto del mundo: Cotopaxi y bañándome en los ríos de la selva de Pastaza, me di cuenta que en un día podías llegar desde las playas del Oeste hasta la selva de Pastaza, como fue en nuestro caso. Pero valdría la pena quedarse los días necesarios como para que el encanto de cada provincia te envuelva en su manto de hospitalidad y carisma.andre9

Ecuador es un país megadiverso en flora y fauna. En una ocasión, caminando por la reserva de “Jerusalén” me encontré con un cartel que decía:

“Abre los ojos para ver las cosas que te mostraremos, despierta tu olfato para sentir los aromas de la naturaleza, agudiza tu oído para escuchar el trino de las aves, pero sobre todo, abre tu corazón para que puedas percibir la magia de este lugar.”

Creo que esa frase resume lo que quiero decirte cuando me refiero a la biodiversidad de Ecuador.

andre10Finalmente llegamos a Cañar. Yo alegre por haber llegado a nuestro destino y cargar con tan lindos recuerdos tras mis espaldas y triste por saber que pronto concluiría mi aventura de vida. Salimos a las calles, la gente nos saludaba desde los balcones, rendimos tributo a los dioses andinos y a la madre tierra por permitirnos haber llegado hasta ese lugar y mostrado la esencia del Ecuador. Vislumbre paisajes hermosos y visite comunidades andinas. Hasta que dimos en Ingapirca. En la última noche se nos hizo la despedida. La tristeza se entremezclaba con la ansiedad de nuestra alma y al día siguiente, después se recorrer el Santuario del Joven Poderoso una euforia se apoderó de nosotros…cogidos de la mano y llorando empezamos a bailar en círculo, la “canción de la hermandad”. El bailar el círculo sería porque nuestra amistad no tendría final. El número cuarenta en la cosmovisión hebrea representa un tiempo de cambio. Noé estuvo en el arca 40 días y 40 noches hasta que cesó el diluvio. Jesús estuvo en el desierto 40 días y 40 noches antes de comenzar su labor en la tierra. Sin alusiones religiosas, me andre11atrevería a decir que estos 40 días y 40 noches que pasamos juntos, así como a Noé le permitieron salvarse del diluvio, estando en el arca. Para nosotros, esta aventura nos “salvo” de ahogarnos en el fango de la comodidad y salir a conquistar nuevos horizontes. Y así como para Jesús fue un tiempo de luchas de las cuales salió victorioso para comenzar su misión en la tierra, a nosotros nos cambió la vida, quitándonos las vendas de la ignorancia para ver la realidad de los pueblos y recién ahora comenzar una noble labor como lo es el ser embajadores de estos pueblos y enfocarnos en objetivos claros que nos lleven a convertirnos en los líderes del mundo y desde esos lugares ser la voz de esperanza de las comunidades indígenas.

“Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive.” (Alejandro Dolina)

PARA TERMINAR:

Soy consciente de que no todo nos fue de maravilla. Hubo días difíciles para todos. Una vez se nos descarriló el tren en el que viajábamos; algunos se enfermaron; en Quito se corrió la voz de que de repente traíamos la Gripe porcina; había desorganización por ratos; el frío nos hacía trizas; no habían las comodidades de casa y cosas por el estilo que por fuera pareciera que resquebrajaban la imagen de la Ruta Inka pero que a la larga no nos llegaron a amilanar sino que nos fortalecía y animaba a seguir con el proyecto, por el simple de hecho de que lo que hacíamos no era un viaje turístico sino una travesía de integración que demandaba poner de nuestra parte para la construcción de un mundo más humano y sensible a las necesidades de los pueblos interandinos del Quapaqñán. Objetivo del cual estoy seguro que llegará a concretizarse con el apoyo y compromiso de nosotros como embajadores de la paz y la hermandad.

“Creí que era una aventura y en realidad era la vida.” (Joseph Conrad)

andre12Añoro los momentos vividos en familia, digo en familia, porque nos convertimos en hermanos. He sido nombrado padrino de la “Fiesta de las Guaguas de Pan” andre14en Obonuco (Colombia) y reconocido como Huésped de Honor en la Ciudad de Cañar (Ecuador). También sé que la papa, el choclo, el queso o el delicioso cuy nunca faltarán en la mesa de cualquier familia andina que integre la red vial inca.

¡Tengo tantos recuerdos gratos de mi estadía por Colombia y Ecuador!…los guardo como un tesoro especial. Comprendí que la guerra de la que se habla tanto entre estos países es entre políticos y no entre sus ciudadanos. Porque los pobladores querían paz. Lo aprendí de los mismos militares – con quienes pasamos parte de nuestro tiempo, ya que dormíamos en guarniciones militares -, hombres comunes y corrientes, que me hablaban de paz y no guerra, que obedecían órdenes pero a la larga consideraban hermanos a sus “enemigos”.  Ahora sentado frente a mi ordenador, medito en todo lo vivido. Ruta Inka puso su granito de arena para el fortalecimiento de la unión y hermandad de dos países herederos de una cultura común. Sueño con que la idea de Huayna Cápac – gobernador inca -, de unir a todos los pueblos interandinos llegue a hacerse realidad, y a partir de esto renazca la armonía y hermandad que tanto necesitamos hoy en día para salir adelante.

andre15Y pienso que todo esto no solo debe quedar en recuerdos nostálgicos. Porque de nada valdría la pena quedárselos. Ahora como socio honorario de la Ruta Inka andre16cargo con una gran responsabilidad y es la de transmitir el mensaje de estos pueblos a mi país y al mundo, sabiendo que es en esos pueblos donde se encuentra nuestra identidad cultural y donde aún perdura el verdadero espíritu de nuestros antepasados que sigue transmitiéndose a través de los vientos de los andes, de las artesanías, de las costumbres, de las danzas, de la música, de la gastronomía, y de  su gente.

Aprendí que aún hay pueblos milenarios que luchan por sobrevivir frente a la globalización externa que se impone hasta estos lares y por lo tanto necesitan de proyectos como el de “Ruta Inka” para volver a ser revalorizados y reconocidos.

A ver que en las cosas pequeñas y/o cotidianas está la grandeza de la vida.

andre17Que lo que divide a la raza humana no son las fronteras, ni las diferencias, sino el egoísmo de muchos, pero que a pesar de esto, siempre hay algo que nos une, la necesidad de integración para luchar con objetivos afines para todos. Al término de la expedición, bañados en lágrimas, los ruteros se despedían sabiendo que sus vidas nunca más volverían a ser las mismas. Que las experiencias vividas habían dejado huella y ahora ya no serían solo un grupo de jóvenes de diferentes naciones sino hermanos bajo una sola bandera, la bandera de la hermandad. Habían aprendido un nuevo leguaje durante esta idílica aventura: El lenguaje del amor.andre18

Pasto, Yacuanquer, Tangua, Funes, Túquerres e Ipiales, gracias por mostrarme el verdadero rostro de Colombia; Imbabura, Pichincha, Manabí, Santa Elena, Pastaza, Napo, Tungurahua, Cotopaxi, Chimborazo, Cañar, gracias por recibirme como lo hicieron cuando pase por sus tierras. Siento que tengo una enorme deuda con todas estas ciudades que han dejado una huella imborrable en mí. Son tantas las personas y organizaciones a quienes va mi agradecimiento: En Colombia, A Corpoturnariño, las Alcaldías, el Ejército de Colombia, gobernación de Nariño; En Ecuador, al Ministro de Defensa, Ejército del Ecuador, Ministro de Relaciones Exteriores, y quien más que la Ilustre Municipalidad de Cañar por ser nuestro principal anfitrión en Ecuador; A la Asociación Ruta Inka por ser realidad mi sueño de acercarme a las culturas indígenas y a todas aquellas personas que de una manera u otra, han colaborado y favorecido para el éxito de este proyecto y seguirán apoyado  la visión de la Ruta Inka. Porque la Ruta Inka nunca morirá, seguirá avanzado con paso firme hacia lo que seguro será un futuro esperanzador: Que el Quapaqñan llegué a convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad. ¡Viva la Ruta Inka!

Juan André Chero Fuentes (Perú)

Fue puro azar. Fue el intento de buscar algo que subsanase lo que no hice por desconocimiento.  Unas palabras mágicas en el Google: ruta similar a la ruta Quetzal. Ese fue el pistoletazo de salida.  Y de ahí a la página de la ruta Inka. Lo demás es evidente: el mundo se puso de mi parte.  Logré formar parte de los integrantes de ruta Inka 2009, logré un sueño que daba por perdido. Lo que yo no sabía aún era el alcance de ese sueño, la magnitud del que sería el mejor viaje de mi vida.

Aún recuerdo como pasamos de ser un grupo de jóvenes desconocidos que iban a participar en la Ruta a convertirnos en la Ruta Inka 2009. Ninguno de nosotros conocía el carnaval de blancos y negros antes de aquella tarde, pero cuando una mano amiga trajo pinturas, harina y cariocas, todos supimos que hacer con ellas, supimos revivir el carnaval de Pasto, rodeados de pastusos y con música lugareña de fondo.  La magia se apoderó por un momento de nosotros y nos unimos con el único objetivo de divertirnos, de estar juntos para pasarlo bien, disfrutando de las tradiciones y de los que nos acogían.  Ese día fue EL DÍA, ya no había marcha atrás, éramos Ruta Inka 2009.

Y aún quedaba lo mejor…

Me veo bajando por aquellas calles empinadas, en la parte de atrás de un carrito de madera azul, el aire me da en la cara y me siento feliz. Tangua nos brindó todo su cariño, recreó sus fiestas para nosotros, actuaron y bailamos con ellos. Sentimos el calor humano que nos dieron, nos acogieron como si fuésemos gente importante, nos enseñaron sus costumbres, nos montaron en una chiva y desde arriba pude observar el mundo con otros ojos.  Y mientras me reía y me sentía tan bien, rodeada de todos mis compañeros y de toda la gente que se volcó en nosotros, me di cuenta que estaba en deuda con todos ellos, porque desde ese momento me habían dado más de lo que yo les podría dar a ellos.

Sentí que podría haberme quedado allí, no me sentí una extranjera, me sentí acogida, respetada, querida. Aprendí que el mundo para conocerlo hay que vivirlo y que la información no es siempre una
opción, que palpar la vida es el mayor aprendizaje que se puede obtener.

Y como Tangua hubo más pueblos, y la deuda creció… Porque cada día conocía un poco más de ellos, cada día formaban parte de mi vida más personas, más tradiciones, más lugares, más olores, más sabores, más nombres… Y olvidar todo eso es imposible.

Cierro los ojos y sigo viajando en mis recuerdos…

Una de las cosas que me llamaron más la atención de las calles de Quito fueron los niños que limpiaban los zapatos a cambio de unas monedas. Vestían ropas sucias, y tenían las manos y la cara
manchadas.  Yo me había llevado mis cariocas al viaje, porque siempre hay un momento donde son necesarias, donde cualquiera puede entretenerse con esas bolas que al moverse iluminan el ambiente. En una de las plazas del centro, unos chicos nos sentamos a descansar, a disfrutar de la ciudad… No sé exactamente cómo, pero en unos instantes estábamos rodeados de niños que nos pedían que les dejásemos las cariocas, que le enseñásemos a usar esas bolas de colores. Unos querían tenerlas más rato, otros se hacían un lío, algunos niñoseran tan pequeños que había que darle un par de vueltas a la cuerda para que no se golpeasen,… Pero poco a poco todos las probaron, jugaron con las cariocas. Entre la suciedad de sus manos y las ropas que vestían, demostraron que eran niños que se divertían moviendo aquellas bolas de colores, dando vida a ese pequeño arco iris… Niños…

Y me vienen a la cabeza montones caras de niños que nos encontramos por el camino…

Recuerdo a mi niña Iwia, bueno, a la cual yo bauticé así. Estaba en el orfanato que visitamos en Riobamba junto con otros muchos niños. Tenía la cara triste, se la pinté con los colores que me pidió y jugué con ella. Hicimos figuras de plastilina, le di volteretas,…  Recuerdo a Jimena, me acompañó por el sendero de los inkas, me contó cosas de su familia, me dijo que tiene un amigo en España, me
trató como si me conociese de siempre… Recuerdo a los niños que nos acompañaban en la subida a la laguna de Telpis, que corrían como si fuese una calle plana, mientras yo sentía que me temblaban las rodillas… Recuerdo a los niños que visitamos en el orfanato de Montañita y como se divirtieron jugando al pañuelo… Cada uno de los niños que me encontré los tengo grabados en la
memoria, tengo sus caras, sus sonrisas, sus ilusiones,… Pero a veces cuando pienso en algunos de ellos me entristezco, porque es injusto que haya niños solos, que haya niños que trabajen,…

Es injusto que el mundo se mueva por intereses, que demos la espalda a la realidad. Por eso ver de cerca todos los lugares donde hemos estado nos ayuda a comprender mas el mundo, a que nos
involucremos más, a que no se nos pasen por alto cosas importantes a las que, a veces, en nuestros día a día casi no prestamos atención….

Vuelvo, de nuevo, la vista atrás y me doy cuenta de que he disfrutado de lugares tan maravillosos…

Desde niña mi sueño había sido correr aventuras por la selva, descubrir el amazonas entre los árboles, descubrir cuevas, nadar por ellas y llegar a sitios maravillosos, que pocos habrían visitado.

Cuando llegamos a la amazonía volví a ese sueño, volví a ser aquella niña que se montaba en un palé, imaginaba que era un barco y viajaba por todos los lugares a los cuales su mente le dejaba llegar. Pero esta vez no estaba encima de un palé, esta vez no tenía que imaginar. La familia ruta inka nos adentramos en un río que desembocaba en el Amazonas, rodeado de árboles y de monos.
También recorrimos una cueva, saltamos desde una roca, anduvimos entre estalactitas y estalagmitas de cientos de años,…

Y llovió y el olor a hierba mojada inundó el ambiente, era una frescura que nos invadía, una frescura que engancha y una sensación que deseo volver a experimentar. Olía a naturaleza, la pacha mama nos abrazaba mientras nosotros reíamos, mientras formábamos, por unos instantes, parte de esa maravilla denominada el pulmón del mundo.
Veo, bajo mi cabeza, los árboles…

Estaba con la cabeza mirando al suelo, colgada de un cable, y era, a la vez de emocionante, hermoso, era algo único, algo que es casi imposible explicar, era volar, volar y mirar todo aquello que sólo es
posible ver desde arriba, era como soñar pero… era real, estábamos navegando por el aire, navegando sobre árboles, sobre plantas, sobre aves, en ese momento me sentía la persona más afortunada del mundo. Lo mejor de hacer canopy en Mindo fue que todos sentíamos esa sensación, todos estábamos contentos, ilusionados, con ganas de más, éramos la familia más feliz del mundo…

Y escucho de fondo el ruido del motor del barco…

Estamos navegando por aguas del pacífico. Yo, una chica del mediterráneo, navego en aguas de Ecuador. Vamos a ver las ballenas, el barco se mueve, es un poco aturdidor, pero ver ballenas al otro lado del mundo resulta ser emocionante, nos movemos de un lado a otro del barco, nunca se sabe por donde pueden aparecer…Y ahí están, la naturaleza nos regala una espléndida visión, y por cosas
como esta merece la pena vivir.

Busco en mis recuerdos y me veo observándolo…

El Cotopaxi se alzaba ante nosotros, la naturaleza de nuevo nos mostraba lo que es capaz de realizar, la belleza más sublime. Y ahí estábamos, a los pies del volcán que íbamos a subir, el objetivo era
llegar a los glaciares, porque la cumbre llevaba más tiempo, pero aún así era un reto, al menos para mí. Estaba decidida a subir, algo tan hermoso no podía dejarse escapar. Había que descubrir que escondía esa obra de la naturaleza. Estaba cansada, me dolían las piernas, la cabeza, el aire me golpeaba, y cada dos pasos de subida había uno de bajada, porque el suelo resbalaba. Al poco de comenzar sentía que no podía, que no tenía fuerzas. Aunque me dolía, decidí retirarme.

-Rocío, vamos, venga, que tú puedes.

Cesar, otro rutero, me agarró la mano y me levantó y sentí que tenía que volver a intentarlo. Y así, poco a poco, paso a paso, fui subiendo. Y llegué, llegué con muchos de mis compañeros, llegué a los
glaciares, y mereció la pena.  Mereció la pena porque la belleza que nos esperaba era inmensa, y, sobre todo, porque descubrí que era posible. Estuve a punto de rendirme. Por eso, siempre que me acuerdo de esto, le agradezco a Cesar sus palabras, porque con una simple frase me dio la fuerza que necesitaba.

Al llegar arriba me di cuenta de que
muchas cosas en las que no ponemos
todo nuestro empeño ocurren del
mismo modo, somos capaces de
conseguirlas pero a veces son
necesarias unas simples palabras de
ánimo, una mano amiga, saber que
alguien confía en nosotros.

Estoy escribiendo, y hago trazos en el papel, una línea  me recuerda que estuve en la mitad del mundo… Cruzar dos hemisferios fue tan simple como cruzar una línea amarilla pintada en el suelo, una simple marca, a un lado el norte, a otro lado el sur. Ese día me di cuenta de que existen muchas fronteras, demasiadas. Hay fronteras entre países, entre pueblos, entre ciudades, entre hemisferios, entre continentes,… Pero son simples fronteras geográficas, la mayor de las fronteras somos nosotros mismos y los pensamientos impuestos por nuestra propia cultura.

En el momento que abrimos las compuertas de nuestros pensamientos, de nuestras costumbres, cuando lo que nos extraña se nos hace comprensible, interesante, en ese momento, hemos derribado la mayor de las fronteras. Y es en ese instante cuando somos conscientes de que lo que nos es extraño no es mejor ni peor, simplemente diferente.

Ruta inka abrió un poco más las compuertas de mi mente, sé que aun tengo que conocer muchos otros lugares y aprender mucho más, pero ahora sé que estoy preparada para ello. Por eso cruzar del norte al sur junto a todos mis compañeros tuvo la emoción que da el pensar que aunque algunos se encarguen de separarnos, yo sé que aún hay gente que lucha por que nos mantengamos unidos.

Y hay miles de lugares y momentos más…

El día que nos bañamos en el Pacífico, el parque de Guayaquil donde las iguanas danzaban a sus anchas, el día que un chamán nos hizo un ritual, el día que abrazamos los árboles para sentir su energía, la fiesta indígena en la que repartían gallinas, el día que aprendimos como se comunicaban mediante mensajes en nudos los inkas, el día que estuvimos encima de las nubes, el día que visitamos la laguna verde, la experiencia de ser sospechosos de tener gripe A,…

Hay tantos momentos, tantos lugares, tantas sensaciones, tengo tantos recuerdos,… Llevo un bolso que me compré en Otavalo, pulseras que me regalaron mis compañeros, un colgante que me compré en Riobamba,… pero aunque no tuviese nada de eso la ruta sería igual de importante, porque todo lo que he aprendido, todo lo que he vivido, no es comparable con nada material. Echo de menos a mis compañeros, echo de menos los pueblos, los senderos en los que hemos estado, echo de menos conversar con distintos acentos, incluso, a veces, echo de menos quejarnos juntos
por el agua fría…

Por eso, prometo hacer todo lo que esté en mis manos para que la ruta siga viva, porque algo tan maravilloso deberían vivirlo el mayor número posible de personas, porque la ruta no es sólo un viaje, es un camino de aprendizaje, aprendemos de los demás, pero también aprendemos de nosotros mismos, de nuestras limitaciones, de nuestros esfuerzo, de nuestros objetivos,…

En la ruta estábamos catorce nacionalidades diferentes, éramos chicos con diferentes tradiciones, con culturas, en ocasiones, distantes… Pero nuestros objetivos, nuestras inquietudes, no diferían tanto. Pronto nos dimos cuenta de que todos estábamos allí para aprender, para disfrutar, para llevar todo aquello a nuestros pueblos, para hacer que la Ruta Inka no exista en vano.

Yo desconocía palabras como chapaq ñam, tawuantinsuyu, pacha mama o pampa mesa, pero hoy me parecen palabras familiares. A mis compañeros a veces les tenía que decir que me explicasen ciertas expresiones, porque yo las desconocía, pero con el tiempo todo se me hizo común. Solo tengo palabras de agradecimiento, de entusiasmo, cuando llegué de la ruta estaba feliz, brillaba,…había cumplido uno de los sueños de mi vida.

De la ruta me llevo millones de imágenes, millones de lugares, muchos amigos, muchas tradiciones, mucho aprendizaje, y una realidad latente en todo el mundo: tenemos que cuidar de nuestros
niños y de la naturaleza, porque en el momento que esos dos pilares fallan no merece la pena luchar por otra cosa…

Subimos los últimos escalones…

Ya habíamos llegado, estábamos en el santuario del joven poderoso, el camino había acabado. A nuestras espaldas dejábamos lugares, momentos y personas, pero en cada uno de nosotros quedaba una huella, una marca que siempre formará parte de nosotros.  Porque nosotros, chicos, hemos sido y siempre seremos Ruta inka 2009.
Pero… No lo olvidéis ¡La Ruta 2010 nos espera!

GRACIAS A TODOS

Rocío Rodríguez Soler (España)

Es tan difícil poder describir lo que me has dado.

Es tan difícil quizás decir que exististe, porque qué triste fue dejarte.

Si desde el sur de Colombia llegaste y en el corazón ecuatoriano me abandonaste.

Muchas cosas me dieron alegría en mi vida, pocas cosas me enriquecieron tanto.

El soñar no cuesta nada y los sueños iluminan las ventanas de nuestro interior.

El querer viajar por las tierras que me hiciste conocer, siempre estuvo presente en mi vida, a veces las circunstancias te ponen de un lado que no quisieras estar, pero tu me regalaste la dicha de la grandeza. Fuiste tu quien abrió aun más mi mente y no es poco lo que te debo.

Tulcán! Tierra de cerros, gruta, emblemático cementerio y arrayanes…ahí es donde nos presentaron, una tarde templada llena de ansias y alegría, si de solo pensarlo se me eriza la piel. Aunque supe anticipadamente que venias con “unos cuantos amigos” nunca pensé que me los guardaría para siempre en mi pecho.

Y nos empezamos a conocer, la curiosidad de tu ser me envolvía de alegría, y “ellos”, esos treinta nueve soñadores al igual que yo, empezaban a invitarme a quererte.

No fue en vano, pensé. Comencé a adentrarme en ti, las risas y las anécdotas de ellos me acercaban cada vez más a tus entrañas y la realidad era difusa, mi felicidad: engrandecida.

Y nos fuimos conociendo mejor, contigo y con “ellos”. Fue Ibarra quien nos siguió alimentando de alegría. Fue su “castillo”, su “laguna de sangre”, sus tentadores helados, sus “San Juanes” y su folclore, fue la sonrisa de esa niña solitaria que peleaba por su educación mientras sus padres en el viejo continente buscan su porvenir. Fue eso y mucho más. Estoy seguro.

Y así nos mudamos, como olvidarte alta laguna, si te recorrimos bajo tu cielo lluvioso.

Otavalo, las manos de nuestros hermanos te nutren en artesanías y tus tradiciones tan vivas son admirables. Y te ibas haciendo parte de mí ser. Cuanta gente en los caminos, cuanta gente dentro tuyo… Gracias por ser sudamericano!

Y te vimos Quito… llegamos a ti en una corta visita. Quien iba a pensar que tus calles me aquerenciaran tanto, quizás fue tu gente, quizás fue tu historia, no sé…  el destino y los medios nos jugaron una broma, lo mejor fue que de aquello aprendí mucho.

Fue aquí donde nos vimos débiles, retrasados por las inclemencias del contexto, pero pucha que es muy cierto que cuando se quiere… se puede.

Fue que entonces se nos cambiaron los papeles y fue tu líder quien de nuevo puso el hombro, cual insaciable soñador que templó nuestra incertidumbre.

Los cuarteles fueron nuestras casas, y artífices de nuestro hogar.

Manabí, Manta – Jaramijó te conocíamos… el perfume de la brisa marina está aun en mi memoria. Tu sol brilló para nosotros. Ahora si… no existía duda alguna, te me estabas metiendo para no salir más.

Guitarra, cantos, confraternización. Dejaron de ser ellos, éramos “nosotros”.

Si cuando las adversidades nos quisieron separar, tu espíritu nos unió, como no quererte!

El camino continuaba y el tiempo era el tirano más temible. La presencia de tu partida era cada vez más latente y a veces llegó a difuminar nuestros pensamientos.

Disfrutarte, darte ánimo, eso es lo que queríamos. Cumplir nuestra misión, tu misión… descubriendo a nuestros hermanos en un Ecuador, que ya no era Ecuador, si no Mi Ecuador, mi gente, mis hermanos.

Ballenas cercanas nos regaló Puerto López.

En Salinas risas de niños pintados nos alegraron la tarde.

Guayaquil fugaz pasaste con tu malecón y fue la selva quien nos vio llegar.

Por Dios, que hospitalidad! Si al final de cuentas nos quieren… no lo crees?

Humedad y calor. Serpientes inmensas, misterioso río y cavernas oscuras nos esperaron en Puyo. Como olvidarme de él y de sus soldados, hermanos nativos, si fueron ellos quienes  nos mostraron que es posible, al igual que nuestro objetivo, luchar por nuestras tradiciones… Hallalla Puyo! Hallalla IWIAS!

Y si, tu bendita geografía mi Ecuador, me sorprendía cada  vez más. Sin pensarlo ya estábamos en Ambato. Tu gente nos conmovió, tu universidad nos acogió. Parte de nuestra integridad te pertenecía y fue el deporte y tu alegría quien nos recordaba que cada vez éramos menos adentro de “ella”…. “la Ruta”, éramos menos porque nos íbamos haciendo UNO.

Las banderas eran solo representativas y los lazos se apretaban, con el temor del regreso.

Rieles, frío, feria y hermanos nos esperaban en Riobamba. Nos abríamos de brazos para agrandarte un poco.

Los días se empezaban a contar y los lazos que se habían apretado, hoy estaban con seguridad, ceñidos, hoy éramos una Familia.

Y llegamos Cañar, Si! Llegamos! Pensar que muchos no te tenían fe no?

Fue entonces el comienzo del final.

Como explicar la hospitalidad de tu gente Cañar, no puedo decirte más que gracias.

Gracias por habernos puesto en tu cuna y alimentarnos de tanta energía.

Biblían con su calida bienvenida y su místico santuario.

El Tambo, son sus rieles y la integración por medio de rituales de hermanos, quienes nos emocionaron hasta el límite.

Suscal con sus senderos llenos de vegetación.

Cuenca, me viste enfermo, pero con la seguridad de que nunca te olvidaré. Como olvidarte si en tan poco tiempo admiré tu belleza, tienes magia que enamora.

Cómo? En un día más te me vas? Pero a caso pasó tanto tiempo?

La verdad que es más que una sorpresa, te tengo al frente mío Santuario de Ingapirca… no tengo palabras para decir lo que siento.

Si fuiste tu el que me unió a ella, si fuiste tú el que nos hizo “nosotros”, eres el padre de de nuestra Familia. Te recorremos con asombro y aprendemos de ti.

Nuestros hermanos nativos te crearon y hoy somos nosotros quienes no quieren dejarte.

Y la realidad hoy se vuelve cruel y la despedida toca nuestras puertas. Las dudas del reencuentro se funden en abrazos emotivos y tus canciones se dibujan en nuestros labios con euforia y ganas de no dejarte ir.

Ruta, Ruta Inka, amada mía, no pienses que soy cursi al escribirte así, pero aunque no lo creas has sido tú, quien ha generado esto.

A veces es tan difícil poder pensar en cumplir nuestros sueños y realizaciones como humanos y sin embargo tú, fuiste y serás “la realidad más real” que he podido vivir.

Cuando las barreras entre los sueños y el cumplimiento de los mismos, se rompen, estoy seguro que es por el deseo mismo de cumplirlos, ese deseo que se alimenta día a día de hacer algo por lo creemos y anhelamos.

Nuestros pueblos, nuestra gente, nos uniste y abrigaste.

Hay un motor que te mueve Ruta, tienes un admirable líder fundador y aunque existe gente que no se da cuenta de tu magnitud, hay gente siempre  te brindará su apoyo.

Humilde naciste y llevas dentro tuyo esa sencillez acogedora y energizante.

Porque nos inyectaste fuerzas cuando pensamos que no las había.

Porque me hiciste proactivo en tiempos de incertidumbre.

Porque me diste la gracias de conocer a tantas personas dentro y fuera tuyo.

Porque en tu camino ví de cerca las tradiciones de nuestros ancestros y me impregnaste de realidad.

Porque en tí englobas mis ideales.

Porque me diste una familia… y sobre todo porque eres tan noble en tu esencia….

Gracias Ruta!

Hoy te escribo y te recuerdo que así como fuiste tan poderosa y me uniste a ti, así de poderosos son tus ideales y tus principios.

Sé que no morirás, se que las adversidades solo te avivarán, te harán mas fuerte y se también que nuestra familia tendrá presente tus objetivos para que sigas creciendo, porque no es poco lo que nos has dado, no es poco para los que estamos dentro tuyo y no es poco para aquellos que necesitan de tí.

Quizás haya cosas dentro de casa que tengamos que arreglar pero es bueno recordar que… “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Ese camino hay que hacerlo. El trabajo recién comienza.

Nuevamente, Gracias Ruta, Gracias Familia….

Te extraño y espero verte pronto.

Gustavo de la Fuente (Argentina)

DSC08123Ha sido mejor que un sueño. Despertar temprano a cada mañana y ver que continuaríamos a vivir aquella experiencia con nuestros compañeros en la Ruta Inka a explorar algún lugar de lo cual no sabíamos que esperar.

DSC00182Solamente después de cuarenta días finalmente nos despertaríamos en nuestras camas, pensando que habíamos apenas soñado que la Ruta había terminado, pero de hecho lo había. La cama confortable, un rico desayuno, un fuerte abrazo de la mamá, el periódico del día en la mesa y ¡la computadora con internet en el escritorio! Todo muy tranquilo pero una rara sensación… imagino que en ese momento una cierta expedicionaria estaría gritando su frase más famosa: “¡Devuelve mi vida, carajo!”

Creo que hemos tomado una adicción de Ruta Inka, que nos ha dejado una resaca o abstinencia. Pensé que quizás si yo tuviera pedido a los indígenas sincretismoQuillasingas un poco de la Yaguasca, su bebida sagrada y alucinógena, me podría volver en el tiempo o tentar hablar con los dioses para que me hiciesen vivir todo eso otra vez.

Que pudiera conocer cuarenta personas jóvenes y con el mismo espíritu de aventura que yo. Que llegase a Pasto y tímidamente fuéramos presentados unos a otros con las mismas preguntas: ¿cómo te llamas? ¿De donde eres? ¿Qué estudias?, etc. Pero que la timidez se fuera toda expulsa en la primera noche al escuchar la irresistible música del tradicional carnaval de negros y blancos del departamento colombiano de Nariño.señor

Y ahí viajaríamos por Colombia y Ecuador, nos quedaríamos en cuarteles donde muchos militares nos tratarían con sorprendente cordialidad y amistad. Pasaríamos por comunidades donde indígenas que poco tienen nos ofrecerían sus comidas, sus abrazos y nos invitarían a bailar siempre. Después nos llevarían a conocer las bellezas de sus tierras. Podríamos jugar con los orfanatoincansables niños del orfanato, que del alto de nuestros hombros podían avistar y nos mostrar un mundo más alegre que antes.niña-brasil

Pensé que en un delirio podría volar en las alas de un cóndor que me llevaría a ver otra vez pero desde arriba el Volcán Cotopaxi, las lagunas Telpiz, Verde, Yauharcocha, Mojanda y Culebrillas, el Santuario de Lajas. Después bajase a la costa, volando bajo para ver otra vez de cerca las ballenas en la provincia ecuatoriana de Manabí. Solamente no sería novedad volar sobre la exuberante belleza de Mindo, donde ya habíamos disfrutado canopyde la fantástica aventura de practicar el canopy, bajando en cables de acero arriba de la selva amazónica.DSC09615

El  cóndor pasaría por la Mitad del Mundo, por el final de mi viaje y por el comienzo de mis sueños. Me mostraría las sonrisas del inicio, el aprendizaje durante el recorrido y las lágrimas dejadas al fin. Al final se posaría en las ruinas de Ingapirca, en el Santuario de Huayna Cápac, el Joven Poderoso. Allá me dejaría e iba salir en vuelo a buscar otros compañeros dispuestos a revivir ese viaje loco, alucinante. Luego seríamos cuarenta otra vez, pero ahora cuarenta jóvenes DSC00953poderosos manejando el tiempo, volviendo atrás y jugando con el destino, desafiando los patrones occidentales que separan tan rígidamente presente, pasado y futuro.

Pero luego pasaría el efecto de esa alucinación y tendríamos que volver a la vida real, enfrentarla, buscar alguna esencia y sentido en ella. Encontrar algo que quede de esa experiencia que construimos a cada día, la vida.arg

Lo más importante, sin dudas, ha sido que cada joven ha podido encontrar y descubrir su propio poder. Estar alejado de su ciudad, casa, amigos y familias conociendo a cada día nuevas historias, lugares y culturas, compartir la simplicidad de la gente que hace siglos vive sus tradiciones, es sin duda una experiencia fantástica de autoconocimiento.mojiganga

Al mismo tiempo encontrar nuevas casas, amigos y familias durante ese recorrido trae una energía especial, un combustible para luchar y establecerse en un mundo donde todo parece estar de patas arriba. Sobre todo despierta un sentimiento de humanismo y de igualdad en relación a los otros seres humanos, de todas nacionalidades, culturas, condiciones económica o edad. Aprendimos a vivir cada día, cada minuto con más intensidad, a perder la vergüenza de bailar, el recelo de abrazar, el miedo de tocar la gente y las DSC00580cosas, dejamos para atrás el temor de enfrentar nuestros temores y explorar lo que desconocemos. Aprendimos a amar con facilidad a personas ya que sabemos que pronto no estarán más cerca de nosotros. Sustituimos el adiós por hasta luego, mismo sin saber cuánto durará este “luego” o si él existirá algún día; pero mismo que suene una cierta incertidumbre suena DSC09762más fuerte la esperanza.

Por donde pasamos dejamos huellas, algunas visibles otras no. Pero un pedazo de nosotros queda por allá: hicimos historia. Aprendimos, maduremos, crecemos. Crecer no significa necesariamente dejar de ser joven. Lo que define la juventud es la capacidad de soñar y de hacer de sus sueños realidad. Crecer significa adquirir musicaresponsabilidades. Salimos entonces con ese reto: luchar por nuevo tiempo, un Pachacutic, como dirán nuestros hermanos indígenas.

Ese nuevo mundo tiene mucho que aprender con los antepasados suramericanos. Con la defensa de una cosmovisión que respete la Pachamama, Madre Tierra, a quienDSC00452 todo debemos, y donde se pueda tener como base la solidaridad humana. Que seamos los chaskis modernos, mensajeros del siglo 21. Trabajemos en minga, aportando solidariamente como podemos para llevar adelante este recado y ayudando a DSC00590construir un nuevo Qhapaq Ñan, un camino poderoso que pueda conectar todo el planeta en un Tahuantinsuyo contemporáneo, donde haya en los cuatro cantos uno solo sentimiento de paz, respeto y integración. Seamos defensores de un nuevo mundo, donde mande la naturaleza y pueda caber la humanidad.

Parece un sueño. Y es justamente por eso tenemos la obligación de vivirlo.DSC08978

Vitor Taveira (Brasil)

“You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you’ll join us
And the world will be as one”
The Beatles – Imagine

Fueron 40 días de viaje, de aventuras, historias y descubrimiento. Fueron 40 días de los 7600 días que llevo existiendo.  Representa aproximadamente el 0,52% de mi vida, parece insignificante, ya lo sé. Pero ese 0,52% de vida que pase junto a la Ruta Inka marcaron el resto. Y sé que al final de mis días cuando tenga que re-ponderar los momentos más importantes, la Ruta representará un porcentaje muy alto. Porque, un mes después, cuando ya asimilé el volver a casa, el volver a la rutina, ya acepté que no puedo cambiar de ciudad cada dos 2 días. Ahora, cuando recojo algunos frutos, me doy cuenta de lo importante que fue esta experiencia.

No pretendo relatar exactamente lo que paso en los 40 días, porque no me alcanzarían las palabras. Los paisajes maravillosos que vi tanto en Colombia como en Ecuador, aquellos lugares que la naturaleza los lanzo al azar en el mundo o aquellos que el propio hombre pudo construir con tanta habilidad. Estar en la ciudad mitad del mundo y darme cuenta que si existe el norte y el sur.

La cultura ecuatoriana nos enriqueció y pude sumergirme en ella. La diversidad que existe en todo el país, pasar del frio seco de Tulcan, al calor  de las playas de Manabí, luego a la humedad de
la amazonia de Pastaza y nuevamente al frio en Cañar, donde encontramos nuestro destino.

Aproximadamente a los 20 días de ruta sucedió algo que me hizo entender porque hacemos la ruta Inka y cuál es nuestra misión como ruteros.

Una tarde de domingo, a diferencia de muchasciudades del mundo, el centro de Quito estaba lleno de personas. Ancianos reunidos en la plaza principal conversando, grupos religiosos que acaparaban la atención de quien pasaba, personas que cantaban en las calles. Niños y adultos disfrutaban de la ciudad. Ahí estábamos nosotros, cinco ruteros: Gustavo (Argentina), Pepe (Chile), Rocío (España), Panchito (Colombia) y, obviamente, yo.

Recorrimos esas calles que además del desarrollo y modernidad que muestra la ciudad, refleja toda su historia. Casas coloniales con flores en los balcones, las Iglesias, algunas calles eran estrechas, podía imaginar que por ahí pasaban carrozas y ahora, cabe solo un puñado de personas.

Encontramos una pelota amarilla en un centro de juegos infantiles. Era una pelota común y corriente. Una esfera amarilla, de plástico barato y algo desgastado. Inesperadamente Panchito dejó caer la pelota al suelo y con un ligero golpe se la paso a Gustavo. Quien sonriendo se la paso a Rocío, que no pudo atraparla – nunca fue muy hábil – pero, Pepe no  podía permitir que se pierda nuestro nuevo juguete, y corrió a atraparla, la pateo con fuerza y sin rumbo. Inmediatamente un total desconocido la atrapó y la volvió a golpear; caminamos por las calles jugando, veíamos como las personas corrían de un extremo a otro para participar pateando nuestra pelota amarilla.

La pelota paso por niños, niñas, señores de corbata, ancianos que se mantenían sentados en la banca de la plaza, solo estiraban la pierna para pasarnos la bola, y señoras que parecía que no habían jugado con un balón hace mucho tiempo. Esa pelota amarilla saco sonrisas y transformo un domingo normal.

La llamamos “La pelota de la paz” porque logró que individuos que nunca se habían visto antes se integren con un mismo fin. Al igual que la Ruta Inka logró que jóvenes de todo el mundo, totalmente desconocidos entre sí, con diferentes idiomas, ideas, educación, religión, y distinto estilo de vida nos unamos con un único fin, ser embajadores de los pueblos latinoamericanos. En esos momentos es cuando uno se pone a reflexionar ¿Cómo algo tan simple puede lograr tanto?

La Ruta Inka nos da la oportunidad de ser una “pelota amarilla” e ir de lugar en lugar tocando corazones y haciendo distinto el día a día. Cuando pasé por Funes (Colombia), tuve la oportunidad
de acercarme a los niños y niñas del lugar, contándoles fantasiosas historias, corriendo por las calles y jugando. A pesar de que ese día me sentía muy enferma, sé que logre alegrarlos con mi entusiasmo. El padre Francisco en agradecimiento por haber sido “buena” con los niños me obsequio un sombrero, “mi sombrero de vaquero”. Pero, quien quedo plenamente agradecida fui yo, porque los niños y niñas de 5to grado me recordaron porque aun tengo tanta fe en la humanidad. Mi sombrero legendario me acompañó durante toda la ruta y, aun lo tengo en mi habitación ya que representa un vínculo con las pequeñas personas de grandes corazones y mucha picardía que conocí y espero volver a encontrar.

Fui lanzada a un gran reto: subir al Cotopaxi. La audacia me ayudo bastante, pero sobre todo el compañerismo entre los ruteros. Sí llegamos a la cima es porque nos mantuvimos unidos. Ver tal belleza natural hizo que el frio, el cansancio y el hambre se nos olvidaran. Los glaciales, el cielo, el Cotopaxi en toda su plenitud era maravilloso.

El destino me llevó rodando a un orfanato, donde compartimos con niños que necesitaban mucho cariño. Les dimos toda nuestra energía y amor, quizás no haya sido suficiente pero de ha poquito se logra el cambio. Ahí pinté una mariposa en el rostro de una niña, con alas enormes y muchos colores. Quizás si la vida se comporta algo justa, estás alas la llevaran lejos y su vida se llenara de tonalidades.

Siempre fui una persona algo perezosa. Pero con los retos que atravesamos en la ruta, no había tiempo para la flojera. El “Camino del inka” o “Inganan” fue el desafío más grande. Partimos de la laguna de Culebrillas en la provincia del Cañar rumbo al santuario del joven poderoso, rumbo a las ruinas de Ingapirca. Fueron 3 o 4 horas de caminata, hacía frío y llovía esporádicamente. El terreno era pantanoso, recuerdo que teníamos que caminar con mucho cuidado porque podías caer en un charco. Ahora que lo pienso, para que tanto esfuerzo, si al final todos terminamos empapados. Fue difícil, lo admito, pero cuando estaba a punto de desertar me decía a mi misma: “llegué a la Laguna Verde en Tuqueres- Colombia, subí al volcán activo más alto del mundo el “Cotopaxi”, me lancé de 156 metros de altura haciendo canopy en Mindo, salté dos metros dentro de una cueva, me puse una boa al cuello, bailé durante toda la ruta, pasé días sin dormir, sin ducharme y no voy a terminar el
Camino del Inka. ¡Imposible!”. Descubrí que la determinación nos puede llevar más lejos de lo que creemos.

La vida nos da sutiles golpes y el destino nos lleva a lugares que jamás hubiéramos imaginado, y es cuando toca preguntarnos: ¿por qué? Todos tenemos una misión, la Ruta Inka simplemente es un facilitador de sueños y esperanza.

No pasemos desapercibidos, si la pelota amarilla nunca hubiera salido de aquel parque infantil, no hubiera podido robar sonrisas a adultos, jóvenes y niños; no hubiera podido unir a completos desconocidos. Si nosotros como jóvenes y ruteros no nos aventuramos a salir un tiempo de nuestros hogares, no podremos hacer grandes ni pequeñas cosas, no podremos crecer como individuos y ni como sociedad integral.

Se estarán preguntando: ¿Dónde está ahora la pelota amarilla?, pero es algo que yo no puedo responder. La gravedad la llevo a estancarse dentro de un portón y no pudimos recuperarla. Supongo, que un día alguien abrió la puerta y la levantó, se la dio a alguien más, probablemente, a un niño. Ese niño jugará y luego la perderá de vista. Nunca sabremos su destino final, pero si podemos estar seguros que todas las “pelotas amarillas” del planeta, están acá para contribuir positivamente a la sociedad. No es tan difícil hacer un mundo mejor.

¡Gracias Ruta Inka 2009!

Sarah Tamayo Isaías (Bolivia)

Tengo mucho para recordar. Palabras, momentos, sonrisas, rostros, abrazos, miradas… Todo efímero. Todo valioso. Todo inolvidable. Todo eso es Ruta Inka. Seguramente los flashes de las cámaras no son tan efectivos como los  recuerdos que guarda la razón: las fotos son momentos captados  para enseñar a los demás, y las memorias, en cambio, son armas para recapitular la vida y rendir cuentas a Dios.

Empiezo a tejer los recuerdos y me encuentro con una Colombia en paz. Una Colombia que cautiva e inquieta sin la menor intención de dejarla. Una Colombia hecha de baile,  de manos amigas, de sonrisas que contagian. Pasto me mostró esa Colombia y estoy segura que toda ella es así.  Pasto no es una ciudad grande, pero sí una gran ciudad. Así lo demuestra su gente, su alegría, su fiesta. Este síntoma lo corrobora la pequeña muestra del Carnaval de Blancos y Negros que nos ofrecieron en el Museo del Carnaval. Sinceramente nunca había tenido una bienvenida tan calurosa, tan sincera.

El color, la danza y la fiesta se contagiaron como una pandemia  que está muy de moda por estos tiempos. La carioca, la pintura negra, la música y la alegría desbordada a chorros son los ingredientes infaltables en esta fiesta que al son de las comparsas y pasacalles paraliza a Pasto desde el 5 hasta el 10 de diciembre. En cada día pastuso sobraron bailes, comida típica y, sobretodo, cariño. Era imposible no terminar el día sin cantar “La Guaneña”, ni tampoco aquella canción que nos hacía sentir a Colombia como “nuestra tierra querida” y que nos prometía vivir “bailando” toda la vida.

La laguna de Telpis en Yaquanquer, la laguna de La Cocha,  la laguna Azufral, los ritos de la comunidad Quillasinga hicieron desear que la visita a Pasto se alargue como un acordeón. La visita al Santuario de Las Lajas, los paseos en Chiva por Tangua, el baile de las Mujigangas en Funes son momentos que no mueren ni con la tumba y sirven para contar a Dios, aunque ÉL ya los haya presenciado.

No pasaba un día sin que me conmoviera sentir el cariño de la gente  demostrado en cada detalle, en cada gesto, en el esmero por hacernos sentir en casa, a pesar de que estas estén a miles de kilómetros, cruzando fronteras y continentes al otro lado del océano.

Cómo olvidar a Tangua. Cómo olvidar sus paseos en los carritos de madera. Cómo olvidar su valle al lado del río Bobo. Cómo olvidar sus veredas, los abrazos recibidos, las manos palpadas, los rostros desconocidos y amigos.

Es imposible hablar de Pasto sin recordar a los militares que nos hospedaron en el Batallón de Boyacá. Tanta atención recibida de su parte hizo no extrañar la casa. Con su modo de vida, ellos nos enseñaron a sacrificar las comodidades por defender los ideales. Esa fue su gran lección. Si la vida es una caja de sorpresas, la Ruta Inka fue la mayor de ellas. Hasta ahora logro entender el misterio de las personas que conocimos, personas que fueron parte de nuestra vida por solo unos minutos – o segundos-, personas a quienes no volveremos a ver, pero cuyo recuerdo nos hará sonreír toda la vida.

Bienvenido, bienvenido Ecuador

Ecuador llegó y con él un resumen de los climas del mundo. Tulcán nos abrió los brazos y cobijo en medio de sus frías noches. Sinceramente, los cementerios siempre me pusieron triste, pero mi habitual tristeza sufrió un cambio “antonímico” cuando visité el Cementerio Provincial de Tulcán. El arte plasmado de las esculturas talladas en las plantas de ciprés  provocó una obsesión por permanecer en este cementerio bien particular.
Las pompas de Imbabura fueron las comparsas más bailadas en Ibarra. Esta histórica ciudad nos invitó a apreciar el arte humano en la serenata por la independencia de la ciudad. En esta noche los castillos y los bailes fueron una película en vivo que los ojos no querían dejar de mirar, como tampoco la boca quería dejar de saborear los helados de paila hechos a punta de puro movimiento manual. ¡Qué delicia!

Tres horas más al norte Quito nos esperaba. Con un centro histórico conservado con paciencia y detalle, la capital ecuatoriana nos enseñaba que sí es posible la convergencia de la modernidad y la antigüedad sin yuxtaponerlas. Pisar el centro del planeta me llenó de energías en la Ciudad Mitad del Mundo y me hizo sentir una misteriosa  y casi indescriptible sensación de complicidad con la tierra.

A una hora y media de Quito, los deportes extremos en Mindo me pusieron, literalmente, al borde del precipicio. Lanzarse al vacío sujetada por cuerdas me hizo sentir como una “tarzán a lo latino”. El deporte se llama Cannopy y hace de Mindo un espacio con cantidades industriales de adrenalina.  La Ruta Inka no es visitar paisajes y lugares históricos, es, sobretodo, conocer personas
y reunir los pueblos de la Latinoamérica unida por el Tahuantinsuyo.  Es comprender más a fondo el sentido de vivir en esta América tan colorida y diversa, que muchas veces es, también, incomprendida.

La Ruta Inka enseña que, entre las diferencias, los pueblos sí pueden entenderse y compartir el idioma de la paz, que las fronteras y lo océanos no existen delante de la hermandad. Colombia y Ecuador así lo confirmaron.

Y si Ecuador nos regalaba sonrisas, los expedicionarios también. Llevar saltos, juegos, risas y un poco de alegría a los niños de un orfanato del cantón Santa Elena, fue la labor más gratificante de toda la Ruta. Fue conmovedor compartir con niños que, más que un regalo, esperan amor y abrazos por montones. Sin duda, un momento que llenó todos los rincones del alma.

En Manabí conocí las más variadas especies de flora y fauna reunida en el Jardín Botánico de la Universidad Eloy Alfaro de esta ciudad, conocí una refrescante costa ecuatoriana que en todos los otoños recibe la visita de las ballenas que con sus piruetas dejan boquiabiertos a los turistas y a los ruteros también.

El pescado de Manta, el agua refrescante de Salinas, las olas inmensas de Montañita, la modernidad de Guayaquil: Ecuador es hermoso y tiene de todo, como dice la canción.
También tiene selva y vaya que la disfruté.  El Fuerte Militar amazonas fue nuestra casa por esos cortos, pero bien aprovechados días en Pastaza. Bañarse en las aguas verdes y refrescantes del río Napo fue un momento exótico y nunca antes vivido.

Ascender al Volcán Cotopaxi fue una tarea ardua y cansada, pero gratificante. Los glaciares a más de 4800 metros sobre el nivel del mar desafían el paso de los años, pero siguen disminuyendo por el calentamiento global que arrasa con los nevados del mundo. Latacunga nos sedujo con una demostración de la fiesta de la Mama Negra. Todas las demostraciones de la cultura ecuatoriana una vez más me hizo comprender a esta síntesis viviente llamada Sudamérica.

De Ambato a la Latacunga, de Ambato a Riobamba. De Riobamba a Cañar. Nuestro destino final estaba cada vez más cerca, el Joven Poderoso nos esperaba. Cañar es una ciudad que tiene el encanto de las ciudades antiguas e históricas. Cañar tiene también el honor de albergar en sus tierras al Castillo de Ingapirca, el Santuario más importante de Ecuador.

Los ritos del antepasado cañarí no se han perdido. Las alabanzas a la Mamapacha, al dios sol y al dios fuego siguen manteniéndose de boca a boca y lo experimenté en el primer día que llegué a Cañar.  En el pueblo del Cañar, contemple la alegría de su gente, la belleza de sus mujeres y el trabajo de sus hombres. Las Ruinas de los Baños del Inca son una muestra palpable de la presencia del imperio del Tahuantinsuyo. Esta ciudad mantiene su encanto en la convergencia de la cultura Inca, Cañari y Española, que se han sintetizado en distintos colores, costumbres y tradiciones.

Conocer La Lagunas de las Culebrillas me permitió adentrarme en los orígener de la cultura cañarí y entender  algunos de sus mitos y costumbres. Recorrer el Capaq Ñan
fue un misterio. Tantos hombres que por ahí caminaron, tantas historias que ahí nacieron y murieron desafiando las alturas y el paso de los siglos. La red vial inca hizo sentirme orgullosa de ser descendiente de esta cultura y difundirla al mundo.  Y cómo no sentirse orgullosa de la cultura que construyó las edificaciones más impactantes de Sudamerica. Aquella que construyó Machu Picchu y, con el mismo esmeró y calidad, levantó el Castillo de Ingapirca, aquel “muro inca” producto de una fusión de culturas y que hoy sorprende al mundo con sus piedras colocadas perfectamente y sin ninguna argamasa.

Ecuador es historia, así me lo enseñó Cañar, así me lo enseñó Ingapirca. Aquellos paredones mágicos, que encierran un sincretismo particular y un misterio difícil de descubrir. Cañar, Ingapirca, Ruta Inka, personas invaluables, amigos, hermanos… ¿Qué más puedo pedir a Dios? Cuando pienso en qué me dejo la Ruta Inka, necesito horas para enumerar todo lo ganado. Fueron 40 días que no regresarán porque nunca se fueron. Ahora soy visitante ilustre de muchas comunidades de Ecuador y Colombia. Tengo diplomas, fotos, medalla, más amigos y un mar de recuerdos que no se van ni con la oleada más poderosa.

Catherine Palacios Romero (Perú)

La primera vez que escuché la palabra “Minga” fue este verano en un pueblo llamado Tangua, al sur de Colombia en la provincia de Pasto, Nariño. Yo participaba en la “Ruta Inka 2009, hacia el Santuario del Joven Poderoso” y aunque no la volví a escuchar, para mi ha quedado muy claro su significado y además he visto reflejada ese gran valor a cada paso hacia adelante que dábamos en esos 40 días de travesía por los paisajes andinos de Colombia y Ecuador.

Supongo que, al igual que mis compañeros de ruta y yo, en un principio, no sabrán que es una Minga. Pues, de forma sensilla y breve significa: “celebración de amor, de vida, lo que reúne y aglutina para hacer un trabajo en conjunto” , en quechua es “minka”, su origen, en qué otro lugar la podía conocer si no era en su contexto natural, donde se habla y existe el legado de esta lengua.

Por si no les ha quedado demasiado claro o quieren ejemplos, están ante una buena oportunidad para descubrir esta gran palabra, que para mí es equivalente a la Ruta Inka que he vivido.

Empiezo por ese día que llegamos, como ya he dicho, a Tangua; un pueblecito hermoso del que no sabíamos de dónde podía haber salido tantísima gente, tan alegre y feliz a recibir a un grupo de 40 jóvenes expedicionarios. Y es que nada más llegar ya tenían preparados sus carros de madera sin motor de sus típicas carreras, algo tan popular allí e importante, que no dudaron en sacarlos para nuestro disfrute. Luego, tras la gran bienvenida, nos dirigimos todos en chiva, banda de música incluída, hacia las barriadas, donde en cada parada nos esperaba un gran grupo de niños con sus banderitas naranjas y bailaban para nosotros, o nos recitaban poemas, e incluso tuvimos la oportunidad de ver una representación de teatro en San Felipe, a la vez que podíamos pasear en caballo junto al río o degustar las riquísimas empanadillas caseras que prepararon para la ocasión un grupo de queridas señoras. Y claro, si todo lo organizaron en Minga, si cada   vecino de ese increíble pueblo hizo el gran esfuerzo de trabajar y organizar en grupo ese día para nosotros, pues como buena minga se precie, ese trabajo y dedicación se convirtió en una fiesta, en un día donde todos nos sentimos Tangua y comimos de la misma mesa que los tangueños, y donde bailamos todos juntos la Guareña, baile típico de ritmo pegadizo y fácil de aprender hasta bien entrada la noche: mujeres solteras con jóvenes ruteros, bailarines con las ruteras, organizadores de Corpotur Nariño con los más pequeños, y todos con todos hasta que aguantó el cuerpo. Y esa noche, cansados todos, no dejábamos de sonreír y pensar en el gran esfuerzo que Tangua hizo para darnos un día lleno de adrenalina, alegría y mucho amor sobre todo, que era lo más valioso que nos pudieron ofrecer.

Tangua fue un gran ejemplo de Minga, para el cual todo un pueblo se reunió al llamado, se movilizó y lo organizaron de tal forma que aquello fue una auténtica fiesta para todos.

Pero las Mingas no sólo están para trabajos en comunidad y para que de forma conjunta se hagan mejor y más rápido las cosas y no lleguen a suponer un cansancio. Yo pude ver Minga en la fiesta local del poblado indígena “La Esperanza”, en Ibarra, Ecuador. Esta fiesta nos sorprendió a todos por sorpresa, valga la redundancia; cuando pensamos que nuestra jornaba había terminado ese día, vimos que no podíamos avanzar con el autobús porque había muchísima gente en la calle bailando en círculos y cantando pero con gallinas en las manos y a la vez muy guapas y guapos todos con las coloridas faldas y esos pantalones tan varoniles hechos con cuero y piel de llama.

Claro estaba, bajamos del autobús y a los diez minutos todos introducidos en la fiesta de La Esperanza, y al igual que el resto, para no destacar demasiado, con gallina en mano y bailando en círculo. La música, las vestimentas, el trago, todo era entendible para nosotros en ese jolgorio de las fiestas de San Pedro y San Juan, pero por qué las gallinas. Cada vez había más gallinas y atadas a palos que los hombres soportaban de forma muy entusiasta, y pronto vimos que  depositaban las gallinas a un señor que decía: “muy bien, nos traen diez gallinas” y al rato ese mismo señor les decía a otro grupo: “tres os lleváis, nada más que tres, no queréis cuatro y un castillo” y nosotros mucha fiesta y mucho bailar pero realmente no entedíamos nada hasta que se nos explicó que si un año un grupo se lleva un ave, al año siguiente tiene que devolver dos, así hasta doce, por lo que sólo te puedes llevar un máximo de seis gallinas.  Y claro una cosa es la tradición y la fiesta y otra cosa es de dónde viene ese acto, y nosotros sólos, los últimos en abandonar aquel festejo, un grupo formado por un brasileño, dos polacas, un colombiano, una inglesa, una peruana y dos españolas; comprendimos y deducimos la importancia de compartir y lo bueno que es ofrecer gallinas a aquellos que ese año no las tienen para que puedan festejar como el resto su San Pedro y San Juan y todos satisfechos.

Y por último podemos hablar de otro pueblo como es Surcal, en el Cañar, poblado también indígena en un 70% de población y en el que se trabaja para un día a día más unido y compacto entre sus ciudadanos. De Surcal se puede decir que fue un día de compañerismo, otra de las cualidades de la Minga. Si el día empezó bien, mejor acabó. Recuerdo esa imagen de Jessica, de Inglaterra recorriendo las veredas y los caminos de la localidad agarrada de la mano de unas seis niñas, sin soltarse en ningún momento, escuchando sus historias. Ya más tarde todos juntos, los niños, padres, vecinos y ruteros, disfrutamos de aquella gran “pampamesa” en el campo y no podían faltar más tarde los juegos con los niños, donde no se sabía quiénes se divertían más, si ellos o nosotros mismos recordando los juegos de la infancia. Los que no jugaban, tacaban la guitarra con los mayores y cantaban   juntos, o simplemente conversaban…allí nadie se aburrió, y normal, porque todo ese trabajo de preparar la comida para tanta gente, llevarla hasta allí y organizar luego en la noche una pequeña fiesta con música típica ecuatoriana y reunir a tanta gente de tan diferentes edades acabó siendo otra celebración para todos.

Pero si les tengo que hablar de la auténtica Minga, de la que más  aprendí  y por la que todos nos hemos esforzado y seguimos trabajando para ver cumplidos unos sueños, un trabajo costoso y una obra social, les tengo que hablar de la propia Ruta Inka 2009, la que me dio la oportunidad de escuchar esa palabra que tanto les he repetido ya y la que me enseñó y lo sigue haciendo cada día su importante valor.

Ruta Inka es la gran Minga porque todos acudimos a su llamado, ese que la Asociación Ruta Inka hizo y todos fuimos sin saber exactamente a qué pero con muchísimas ganas, todos por una labor social. Y empezó todo, poco a poco nos fuimos concienciando  de la importancia que tiene este trabajo que es Ruta Inka y de reconocer a las culturas y pueblos indígenas por lo que pasa y convertirnos en sus embajadores. Pronto conocimos el valor de compartir, al igual que como en una Minga, donde las familias llevan alimentos para una mesa en común, nosotros nos dábamos lo que teníamos y más, un fármaco, agua, chocolatinas, panela, ropa para soportar el frío durante las caminatas hacia las lagunas…

El compañerismo en la Minga también es imprescindible, porque cuando había que andar y alguien se quedaba atrás siempre otro lo esperaba y animaba, y cuando tuvimos que atravesar el riachuelo La Serpiente andando, cerca ya de Ingapirca, nuestro compañero Javier, de Ecuador, se ofreció a llevar a muchos a hombros y no le importaron las veces que tuvo que cruzar el río descalzo.

Algo muy desarrollado también fue el sentido de colaboración, en momentos como en visitas a orfanatos donde todos aportábamos lo que sabíamos y nuestra compañía  para que esos niños disfrutaran de una tarde diferente.

Y con todo el trabajo en equipo, organizando, por parte de la Asociación como de las diferentes instituciones y los ruteros, se lograban cosas en muy poco tiempo y disfrutando haciéndolas. No olvidaré como en apenas una hora de reunión en las oficinas de la Marina, en Quito, pudo salir organizada toda una semana de Ruta, yendo a Manta, logrando los barcos para alistar las ballenas jorobadas en el Pacífico y recorrer la Costa del Sol hasta llegar a Salinas.

Y claro, cuando se trabaja en Minga, se logran objetivos,  la Ruta llega a su punto final, Ingapirca, todos nos sentimos orgullosos de lo vivido y lo trabajado, pues Ruta Inka somos todos, municipalidades, organizadores, ejército, universidades, guías turísticos, vecinos y ruteros. Y todos felices y contentos y más cuando todos trabajamos por algo importante que si bien no representa un importante esfuerzo físico ni se hace en unos días, es algo por lo que todos estamos, tanto antes de empezar la ruta, durante y después, luchando. Eso es Ruta Inka y ha sido mi Ruta Inka 2009,  un trabajo en grupo que además de no suponer ningún esfuerzo se convirtió en una auténtica fiesta y celebración diaria de amor hacia la gente y la tierra, a países como Colombia y Ecuador y hacia mis compañeros, cada uno de un país diferente, de una cultura distinta y a la vez muy parecidas a veces y con una cosmovisión, en momentos totalmente opuestas, de los que también he aprendido mucho, gente que ha enriquece bastante mi aventura.

Por todo esto y muchas cosas más, imposibles de reflejar en un papel o con las que estaría horas y más horas narrando aventuras, curiosidades e impresiones, seguimos trabajando  con el mismo ánimo, tras haber terminado nuestra travesía, por y para esta Asociación, difunciendo la cultura indígena y sus tradiciones, como sus embajadores. Para que todos juntos podamos lograr esos objetivos, la ilusión de un mundial reconocimiento de esas sendas del “Quapac Ñhan” y para que muchos ruteros más y por muchos años tengan la oportunidad de descubrir qué es una Minga; no olviden el valor que conlleva y su importancia, pues sin Minga, Ruta Inka no sería posible.

Inmaculada Sánchez Trejo (España)

Hace casi un mes viví una experiencia que marcó mi vida, postulé a la RutaInka 2009, me enteré de esto solo por una casualidad y esta casualidad me condujo a cumplir un lindo sueño.

Al momento de tener que partir de mi país tenía claro que conocería muchos lugares y muchas personas pero nunca pude dimensionar la intensidad que tendría para mí este encuentro.

Con mucho nerviosismo pisé tierras Colombianas y allí comenzó la aventura, sin duda que recuerdo todos los lugares indescriptibles que conocimos y la gente tan calida que nos recibió, cuando escucho Colombia mi mente asocia bailes, risas, Nariño, colores, guaguas de pan y caminatas extensas como la que nos condujo a la Laguna Telpis y la laguna Verde, de todas estas caminatas siempre me quedó una lección para la vida como la importancia de la esperanza, el compañerismo y el respeto por el otro.belen1

Creo que esas caminatas tan difíciles y sobre todo por la altura, me enseñaron que soy capaz, a pesar de sentir que no avanzo en kilómetros, que mi corazón palpita cada vez más fuerte, a pesar de todas las dificultades esas caminatas me enseñaron que en los momentos mas duros siempre hubo quienes sin conocerme me brindaron apoyo con una palabra de aliento, con un trozo de panela, con un poco de agua, etc.  Lo más lindo de esto es siempre hubo quien se volteara a esperarte si veía que te estabas quedando atrás y eso se agradece.

Nunca voy a olvidar nuestro encuentro con la comunidad indígena Quillasingas quienes nos dieron la oportunidad de conocerlos y compartir con ellos de una manera tan especial e irrepetible para cada uno de nosotros, así mismo la comunidad indígena de Funes quienes no podrán ser sacados de mi memoria especialmente por el “juete” que dieron en público a quienes se confesaron que actuaron contrarios a la ley indígena. Estos encuentros creo que fueron claves para la Ruta ya que nuestro norte era conocer el camino que hace tantos años siguieron los Incas y hoy somos responsables de que este vuelva a vivir y que mejor forma de conocerlos sino que por testimonio de sus herederos.

La belleza de sus paisajes es algo que quizás solo volviendo a estas tierra podré volver a ver, sin duda que para mí la visita a la Isla de la Corota fe lo mas impresionante, ya que su singularidad es propia de su territorio y no se iguala a ningún otro lugar, la simplicidad de su gente y la buena voluntad de quienes nacieron en tierras nariñenses es algo que cada persona que compuso la RutaInka 2009 puede mencionar con alegría. Somos los encargados de transmitir todo lo que nos entregaron y creo que esa es una gran tarea o misión que poco a poco estamos cumpliendo en cada uno de nuestros países.

Sin duda que la partida de Colombia nos dejó con una sensación de vacío y tristeza.

A la llegada a Ecuador fue grande mi sorpresa al darme cuenta que había gente esperándonos, pero eso me hizo sentir bienvenida y la tristeza de dejar a nuestros queridos amigos colombianos se aplaco.

belen2Una vez en la provincia del Carchi comenzó una nueva aventura. Durante nuestra permanencia visitamos el bosque de arrayanes, el cementerio de Tulcán, sus plazas, iglesias además de asistir a una muestra artística en la Casa de la Juventud.

Nuestra visita a Ibarra fue igualmente buena y lo que recuerdo más de este lugar fue “La quema del castillo”  y los helados artesanales que se hacían en pailas, ambos típicos de esta localidad, “la quema del castillo” fue toda una fiesta, llena de luces y fuegos artificiales además de los infaltables bailes. Luego de unos días de estar en este batallón, comer muy rico y pasear a caballo tomamos nuestras cosas y partimos rumbo a la capital ecuatoriana.

Una vez en Quito fuimos a Mindo dónde tuve la experiencia más extrema de mi vida “El Canopy” pero a pesar de mi vértigo fue muy entretenido, visitamos el parque Jerusalén, la mitad del mundo y recorrimos la ciudad. Nos preparábamos para un agotador pero muy esperado viaje a Manabí, al fin íbamos a conocer la costa, y ¡valla que estuvo hermoso!, nuestro primer punto de llegada fue la base naval de Jaramillo dónde probé el más rico de los bolones con atún, conocimos la caleta, museos y la  ciudad, además de navegar en Puerto López dónde avistamos las ballenas jorobadas. Recuerdo con mucha nostalgia la llegada a Pastaza, dónde a mi pesar estuvimos pocos días, la belleza de estos lugares me dejó impactada ya que nunca había estado en un clima semejante, aquí visitamos ríos y disfrutamos de piscina, vimos monos del lugar y sobre todo los compartimos con los “Iwia” o soldados de la selva, comimos tilapia y por supuesto bailamos. Desde allí partimos a Cotopaxi, dónde compartimos con la universidad, visitamos el volcán nevado Cotopaxi y recorrimos la ciudad para luego seguir nuestro camino hasta Chimborazo donde nos recibieron tan amablemente como siempre y recorrimos los lugares más bellos de esta localidad. Continuando con nuestro viaje  llegamos a Cañar, dónde nos encontramos con los “cañaris”, cultura autóctona de esta localidad y que tiene un lazo directo con los Incas, los cañaris, nos recibieron con gran cariño y amistad y sobre todo con una hermosa ceremonia de limpieza. Nuestro viaje continua y cada vez son menos los días que nos quedan por compartir, los lazos de amistad son fuertes y el cariño por los compañeros promete prevalecer en el tiempo. Una vez en cañar comienza una extensa caminata rumbo a Ingapirca, partimos desde la laguna de culebrillas pasando cerros y ríos, pero antes compartimos una agradable “Pampamesa” con miembros de la localidad, dónde quienes querían comer cuyi al fin pudieron probar tan singular plato típico.

Nos enfrentamos a un clima muy frío y lluvioso, pero a pesar de la adversidad nuestro ánimo y ganas de llegar a Ingapirca nos hizo fuertes y llegamos a Ingapirca muy cansados pero felices por haber superado los obstáculos y llegar a tan ansiado destino, la aventura estaba a horas de terminar.

El mismo día en la noche de clausura despedimos a dos compañeros muy queridos y comenzamos a sentir el amargo sabor de la despedida…belen3

Por la mañana recorrimos el hermoso castillo de Ingapirca y con ello culminó la expedición, un poco más tarde nos entregaron medallas y la municipalidad de Cañar nos despidió, lo más triste de la Ruta es despedirse, existen sentimientos encontrados de satisfacción y amargura, satisfacción por haber logrado tantas cosas y sobre todo de haber conocido a tantas personas diferentes pero todas con un mismo fin “Ser testigos del Tahuantinsuyo” recorriendo parte de él y asombrándonos con las bondades de sus caminos y la buena voluntad de su gente, este camino que nos une como hermanos y nos responsabiliza por su supervivencia.

Antes de concluir esta crónica quisiera recordar unas palabras de mi compatriota Pablo Neruda en su poema “Alturas de Machu Pichu” dónde nos dice: “Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos; los silenciosos labios derramados y desde el fondo habladme toda esta larga noche como si yo estuviera con vosotros anclado”… creo que estas líneas del poema de Neruda nos llega profundamente ya que este es el momento para hablar por esa boca muerta que se expresa a través de todas las maravillas de las cuales fuimos testigos, debemos anclarnos a la experiencia y ser capaces de trasmitirla a quien no han tenido la dicha de conocer tan grandes maravillas.

Mil gracias a todos quienes caminaron el Qhapaq Ñan junto a mí.

Maria Belén Alvarez (Chile)

Colombia es pasión y yo quede apasionada por esa tierra. Los pocos días que estuvimos allá fueron realmente intensos. La idea de esa Colombia peligrosa desapareció  inmediatamente al pisar esa hermosa tierra que nos acogió tan afectuosa y amistosamente. Colombia es la alegría de su gente, es fiesta, es baile, es pasión.   La emoción con la que fuimos acogidos fue un sentimiento que no puedo describir, ese afecto y esa atención tan singular hiso de Colombia nuestro hogar de una semana.

El encuentro. ¡Que viva el carnaval de blancos y negros! Vivir una tarde de carnaval fue la forma precisa para encontrarnos. A pesar que aún no nos conocíamos fue como si ya lleváramos una vida juntos. Reímos y bailamos como grandes amigos en una fiesta y fue cuando pensé  que el tiempo que iba a pasar con los ruteros iba a ser inolvidable. Un momento tan feliz entre tanta algarabía, el juego de pintarnos los rostros de negro, bañarnos de espuma mientras la música acompañaba con sabroso ritmo nuestras risas que se mezclaban con la emoción del inicio de la aventura.

De la mano de ese sentimiento grato de conocer un pedacito de Colombia iban nuestros primeros días de ruta y los compañeros que día a día empezaríamos a conocer. La tarea inmediata de la ruta es  tratar de aprender los nombres de todos los ruteros-qué difícil resulta, sin embargo,  ahora son nombres que nunca olvidaré.  Al comienzo es una tarea ardua y tu nombre es lo que más repites con la intención de amilanar esa sensación de ser unos completos extraños que tendrán que aprender a convivir como hermanos, que fácil resulta luego, cuando a medida que pasan los días descubres la personalidad de cada uno. Al comienzo todos fuimos un montón de desconocidos y las primeras impresiones resultan al final erróneas

En los primeros días nos invade la  sensación del niño incansable. Canto, baile y caminatas eran actividades de todos los días y nuestro cuerpo respondía enérgico,  porque siempre queríamos seguir. Mientras tanto empezábamos a compartir curiosos momentos y a intercambiar profundas conversaciones como si de mejores amigos se tratara. Lejos de aquí hay algunos amigos que saben algo de mí y también yo sé algo de ellos, y aunque muchos nos perderemos la continuación de nuestras historias siempre estará el mejor recuerdo que tenemos de ellos.

Nuestra primera caminata. Aunque esas personas que me ayudaron a subir el camino a la laguna de Yaquanquer- un pueblo en Pasto, Colombia- tal vez nunca lean estas líneas siempre agradeceré la grata compañía que fueron en esa difícil cuesta arriba porque nunca me abandonaron y gracias a ellos llegue a la meta. Uno de nuestros primeros momentos  de esfuerzo físico pero muy gratificante porque empezábamos a conocer el sentido de la ruta. Pueblos afectuosos nos recibían con emoción- parecíamos ser personajes famosos porque la gente nos acogía casi como si lo fuéramos-, para demostrarnos  la calidez de su gente que a veces quedaba demasiado grande ante nuestro agradecimiento.

Tangua – cómo olvidar Tangua- fue una experiencia inolvidable. El paseo por todos esos pueblos subidos en la chiva,  recuerdo esa imagen y cómo añoro ese momento. Me faltan palabras para describir lo que fueron esos lugares y esa linda gente y ante eso sólo me queda decir gracias Pasto fuiste realmente increíble. Gracias Colombia; ahora entiendo porque el riesgo es querer quedarse y aunque no me quedé tengo la esperanza y las ganas de volver.

Tristes dejamos atrás Colombia y cruzamos la frontera con la ansiedad de saber lo que nos esperaba. Aun nos quedaban más de un mes por delante y  muchas aventuras también. Ya se habían  empezado a forjar buenas amistades y nos empezábamos a conocer más. Ahora ya sabia de memoria mas de la mitad de los nombres  y nos convertíamos en una hermandad.

Ecuador fue aventura. Hermano país que conocimos en su diversidad. Increíble era cuando un día hacíamos de todo para mantenernos calientes cuando el frio congelaba nuestras manos y de pronto al día siguiente, después de unas cuantas horas de viaje en el bus, sentíamos el inclemente calor que nos acogía al llegar  a otra ciudad. Cada ciudad, cada batallón, cada paisaje, cada camino- incluyo anecdóticamente  al capitán Camino en Ibarra que originó una de las mas peculiares situaciones de la ruta, cuando se dijo en la televisión ecuatoriana que éramos un foco de la gripe AH1N1-, cada día en Ecuador fue toda una experiencia.  Días intensos que compartíamos que nos hacían crecer en amistad.

Más que convertirnos en compañeros de ruta es lo que se puede lograr cuando se emprende el camino de la expedición, porque lo se logra son amistades que durarán para siempre. Miles de experiencias adquiridas y momentos que marcaron nuestras vidas. Por eso, puedo decir con firmeza que la Ruta es integración, es hermandad, es ejemplo; porque  nuestras diferencias raciales, demográficas, de idioma o las diferencias de cualquier índole que entre países exista se reducen al enorme cariño que entre los ruteros puede surgir. En la  ruta somos uno  o, mejor aún, una sola familia que camina junta por los senderos del sol.

Las mil y una de la ruta. 40 días y 40 noches se convierten en interminables si se trata de plasmarlos en una redacción. Es casi imposible pensar en escribir todo lo que se vive en la ruta en una sola crónica, porque cada día de ruta es una crónica. Sin embargo, intento en estas líneas contarles lo emocionante que fue la Ruta e imagino que mis amigos hacen lo mismo en sus líneas.

Despertar a las cinco o las seis de la mañana, el rutero siempre esta preparado para una nueva jornada, pero despertar con las voces militares de Wilson y Vitor – mis hermanos de Ecuador y Brasil-  diciendo una de las frases célebres de la Ruta: “levantarse reclutas, desayuno a las siete”, se convirtió en lo más estricto que he tenido al levantarme y como no mencionar que me costó acostumbrarme a despertar de esa manera. Pero, pensar en lo que nos esperaba ese día nos motivaba a salir de nuestras calientitas bolsas de dormir y prepararnos para la nueva jornada.

En la ruta todo se comparte o en la ruta todo lo mío puede ser tuyo. Las necesidades básicas se convierten en necesidades de todos. Cuando en la ruta necesitas algo sólo pregunta porque siempre hay alguien al rescate. Y no puedo dejar de mencionar otra de las frases de la Ruta: “Quien tiene el papel higiénico tiene el poder”. Hasta el baño se ve reducido a compartirlo con los demás, pero en la ruta todo queda en familia. Nunca había visto una ducha con tantas naciones juntas. Pienso que estas cosas y más es el motivo por el cual  en nuestra relación de frases célebres de la ruta 2009 encabeza la frase anónima “en la ruta todo puede pasar”, porque cada  día en la ruta puede suceder algo inesperado, anécdotas hay muchas que contar y siempre alguien se inventa algo que resulta gracioso e inolvidable.

Ni el bus escapa a las aventuras de la ruta. Nunca un bus había cumplido tantos papeles; el bus se hiso para transportar pasajeros, pero en la ruta un bus se transforma en tendedero de ropa y hasta en bus parrandero, además,  un testigo silencioso  de las profundas conversaciones de los ruteros.

Cada día parece que la mochila se hace más pesada y cada día también es un intento por querer que todo entre en esa mochila que resulta tan pequeña, Al final hasta deseas meter a alguien en esa mochila cuando llega el momento de despedirse o cuan pequeña resulta cuando deseamos llevarnos todos los recuerdos a nuestro paso por la ruta.

Cómo olvidar aquellas tiernas sonrisas de los niños a quienes fuimos a visitar. Compartir con quienes les falta un hogar nos hiso crecer más como amigos. Esa experiencia de dar a otros fue uno de los mejores momentos de la Ruta. Aún recuerdo cuando un tierno niño llamó mamá a una de las chicas, cuando César se convirtió en caballo para jugar con los niños, cuando Alex hiso dinámicas para los niños, cuando nos inventamos unos juegos para entretenerlos, cuando fuimos tan niños como ellos para poder comprenderlos.

La alegría de las chicas, los chistes de los chicos, la locura de unos y la seriedad de otros complementa todos los momentos en la ruta. Cada uno siempre tiene algo que pone como un ingrediente al día a día de la ruta. Así es como descubrimos en cada uno a su país, por que es como si en cada uno de los ruteros conociéramos el mejor pedacito de cada país. Tal vez me sea  difícil ir a España o a Paraguay o cualquiera de esos países hermanos, pero  conocer a estos chicos es como si ya lo hubiese hecho, porque en ellos hay cultura, hay historia, hay costumbres, hay tradición.

Si pudiera seguir mencionando cada parte o momento de la ruta les aseguro que no terminaría de contarles al detalle nuestra aventura.  Después de todo sé que no basta con decirles que la experiencia es más que increíble hace falta que la vivan, hace falta que tenga la experiencia de la Ruta Inka para que luego puedan compartir con todos lo buena que es esta experiencia. No me queda más que agradecer a todos los de la Ruta, a mis compañeros y a quienes hacen posible este sueño, gracias a la ARI y a quienes apuestan por la Ruta Inka.

Por Maricella Cánova Valladolid (Perú)

“Yo llegué al Santuario  del Joven Poderoso por las sendas del Qapaq Ñam, guiada por las fuerzas de mi INTI, mi WAYRA Y mi PACHAMAMA…”saritap1

Me encuentro transitando un día común por la universidad, mi UNCP; exactamente es el mes de Junio… Voy con mi folder en mano en su interior guardo trabajos monográficos, copias de lectura, ensayos…; propios de un estudiante universitario más aún de Sociología, llevo una bolsa que cuelga mi hombro con algunos cuadernos y apuntes… Ese día el sol, mi Inti Inti “>brillaba esplendoroso, creo que tenía guardado algo algo “>muy especial para mí… Tengo mi mente mente “>llena de pensamientos, inquietudes, conocimientos, recuerdos de los días anteriores, mi familia. De cómo me iría este día  en la universidad… Voy caminando presurosa, puesto que tengo algo qué hacer, pero no sé que… Tengo por fin descubrir algo más… Sigo pensando y camino, le soy indiferente a lo que me rodea, pero mi Inti y mi Wayra daban lo mejor de sí. Lo único que recuerdo es que todavía no eran mis horas de clase, había algo que me tenía bastante inquieta… algo que invadía mi mente. Era la duda que un compañero de mi curso me había dicho un día antes  “La secretaria de la facultad quiere verte es para un asunto urgente, ve antes de las horas de clase”saritap2Transito por el campus universitario, por los pabellones que conforman la Universidad Nacional del Centro del Perú paso a paso. Con la mente ocupada… Temerosa, ya que tenía una cita en Secretaría, pensaba que se trataban de asuntos sobre mi rendimiento académico, aunque sabía que andaba bien en mis notas, tal vez alguna irregularidad en mi matrícula…

No sabía que pensar, sólo tenía preguntas en mi mente. Algo que no esperaba  era que ese día mi vida cambiaría rotundamente. Llegando a mi destino me dan la noticia, una noticia inesperada con la cual mi corazón no dejaba de latir. Estaba muy impaciente; mi temor era que algo malo se vendría… La razón era la llegada de un oficio a mi Facultad, dicho documento provenía del área de Transferencia Tecnológica, en el cual cual “>solicitaban a un estudiante que representaría a la Facultad en la participación del evento Ruta Inka 2009, para la cual en la Facultad donde estudio; habían hecho una selección de los demás estudiantes de mi misma carrera profesional, mediante una revisión general de todos los alumnos que tuviesen buen buen “>rendimiento académico… y para sorpresa mía esa alumna elegida fui yo. saritap3Era como sí ese día hubiera tenido un encuentro con la Pachamama, eso era señal de buen augurio, un buen comienzo… Lo único que se me informó sobre la Ruta Inka es que yo tenía que someterme al concurso interno de mi universidad y participar para la selección en Ruta Inka, fue todo lo que me dijo, más aún de hacer una réplica a mi regreso. No entendía mucho, pero estaba muy nerviosa e inquieta ya que accedí a aceptar todo, para suerte mía… Lo único que dije: “Claro”, palabras cortas…, mi docente finalmente me indicó que revisara la página web. Ese día fue un trajín de emociones. Pues iba y venía de la oficina para arreglar algunos trámites de documentos. Mis compañeros me veían algo preocupada, no les dije nada, por que aún no entendía muy bien que yo formaría parte de algo interesante Ruta Inka, Uau!!! ¿Qué será la Ruta Inka?, sólo me quedé pensando… El día parecía seguir su rumbo con normalidad, pero mi curiosidad ya invadía mi aula de clases, los conocimientos impartidos durante las horas se hacían lejanos para mi, la duda de aquel oficio me tenía inquieta…

Hasta que por fin las horas de clase ya terminaban y junto con mis compañeras más cercanas  en el aula nos dirigimos al Internet más cercano, algo les había dicho de mi rara actitud y previa preparación para participar del evento Ruta Inka; después de haber dialogado con las autoridades mi facultad. Lo único que dije: “Estoy nerviosa”, este evento serán unos días, no lo sé… Pero algo cambió ese momento grande fue la sorpresa que me llevé. Ese día me levanté con buenos augurios si mi Inti ya me lo lo “>anunciaba brillando más que nunca para mí, mi Wayra me llenó de ráfagas alentadoras, la Pachamama majestuosa me generaba hospitalidad era mi día de suerte.  Las cosas se tornaron increíbles cuando ingresé a la página web. Era algo extraño, emocionante, magnífico, increíble… Miles de emociones invadían mi ser, no lo podía creer por un momento le dije a una de mis amigas:” ¿Estás segura qué es la página web? Lo era sin duda alguna. Yo no terminaba de salir del asombro, lo que se decía de Ruta Inka se definía en una embajada de integración cultural que reunía jóvenes estudiantes de distintos países del mundo, interesados en revalorar su identidad con las culturas andinas, una ruta que sobrepasaba los límites.

saritap4Un evento que tenía como contextos Ecuador y Colombia… Las bases del concurso que se me habían señalado estaban allí, me emocioné muchísimo al saber todo ello. Imaginaba por momentos que mi selección oficial ya era un hecho, emociones invadían mi ser, puesto que durante mi vida vida “>universitaria como historia “>como “>estudiante de Sociología habíamos realizado estudios, a partir de la cultura, la revaloración cultural, la cosmovisión andina de los pueblos, la realidad rural, las comunidades campesinas y rurales, el rescate de su cultura, tradiciones y costumbres la armonía de éstos con el medio ambiente, su historia, que nos fueron impartidas dentro de nuestras aulas… conocer otras realidades; ya no sólo mediante la historia como nos la habían contado. Era como si  los hitos históricos cobraran vida. La historia no sólo quedaba plasmada en los libros, sino que había esa posibilidad de estar cerca de ella, sentirla, respirarla, palparla… Vivir una aventura y seguir por el camino de nuestros antepasados el Qapaq Ñam, ¡Qué orgullo!… Todo pasó tan rápido la selección dentro de la universidad ya era realidad, sólo tenía algo en mente un compromiso de inspiración cultural, lleno de sueños… Ahora sólo dependía de mi selección en la Asociación Ruta Inka… cuando ya la lista de expedicionarios se colgó en la red, no lo podía creer, ya era parte de ello: Cerraba los ojos y los abría muchas veces para confirmar que no me había equivocado…saritap5

Es lo mejor que me ha pasado en la vida, siempre crecí amando lo mío, con una herencia cultural muy grata: Con mi huayno, mi huaylarsh, masticando mi cancha con mis abuelos, mis habas, mi mashua, mi chuño, mi pachamanca, mi papa la huancaína, mi himno, mi gente, mis raíces wankas, mis paisajes no tengo palabras para definir mi tierra maravillosa… saritap6Mi región, mi país, estoy orgullosa de ser Huancaína, “Mi Ciudad Incontrastable” todo todo “>ello lo guardé en mi corazón… pues era mío una herencia cultural que desde pequeña me habían enseñado a amar, con lo que me fui hasta Colombia y Ecuador… Todo lo que extrañé en estos 40 días… Sobre todo los poderes de mis dioses andinos.

Algo interesante ha sido el apoyo de mi universidad como institución comprometida con eventos culturales de gran auge; algo a lo que se debe prestar atención es al apoyo e interés de diversas instituciones académicas, con el fin no sólo de formar formar “>profesionales, sino de formar personas que amen lo suyo y se sientan orgullosos de lo que tienen y se comprometan con su historia y cultura…

Todo fluye, como diría el filósofo Heráclito… Todo pasó tan rápido. Sólo me quedé pensando de cómo sería mi aventura, mis senderos en esta expedición, las relaciones sociales e interculturales entre todos, la identidad cultural de cada uno de nosotros, una gran aventura… He aquí mis aventuras inolvidables…

Mis aventuras por el Qapaq Ñam…saritap7

… Sólo sé que al cerrar los ojos ya me encontraba en la majestuosa e histórica ciudad de Pasto; el día que cambió mi vida, pues en ese momento me llené de muchas sorpresas, era como una cajita de regalos con sorpresas que tu no sabes que pueda contener dentro, así me sentía. Mis pasos por el Qapaq Ñam ya empezaban, tenía mis pequeñas mochilas en la mano, una zampoña, una bolsita recuerdo de los Uros, Puno que resaltaban los colores andinos de mi Perú… algunos pesos colombianos y dólares que cambié en la frontera. Este era mi momento, mi experiencia…

Tengo muchos recuerdos de mi paso por Colombia y Ecuador… Como olvidar aquella experiencia tan gratificante llena de intensas y emocionantes caminatas, conversaciones interesantes donde la cultura era el tema que brillaba permanentemente, sin duda duda “>alguna era toda una embajada motivada por el encanto de la Pachamama, el Inti, la Wayra, nuestros dioses andinos que sin duda alguna definen la cultura cultura “>andina, mi cultura andina, mis senderos, mis caminos del inka. Mis países sorpresa Colombia y Ecuador, por donde yo  llegué al Santuario del Joven Poderoso, por las sendas del Qapaq Ñam, guiada por la fuerza de mi INTI,  mi WAYRA Y  mi PACHAMAMA…”

saritap8Un mundo lleno de majestuosidad y misterio. Todo era muy diferente, y es ahí cuando mi cosmovisión andina cambiaba, puesto que me hacía amar más los mío. Amar y admirar todas las culturas.

Miles de recuerdos me invaden…

…Como olvidar mi carrito de Tangua en el cual todos nos subimos y con una gran expectativa ese día la gente nos esperaba en dicha Municipalidad, fui motivada por la emoción y el encanto de su gente sintiéndome en casa pues ya había encontrado muchos miembros de mi familia… Ecuatorianos y colombianos…

Recuerdo las  sonrisas, las palabras amables de guía un adolescente en edad escolar  Jhonatan se llamaba, él cuán sabio conocedor de su historia me guió por Pasto, sin duda es de gran valor que jovencitos de educación secundaria conozcan  y amen lo lo “>suyo eso es lo que la juventud debe hacer pensar en lo suyo…

Aún creo que tengo la inmensa calabaza que me regalaron en una de las tantas comunidades de Tangua que visitamos con nuestra “chiva” al son dela banda y la alegría nuestra. Como olvidar aquella imagen paternal de dicho hombre que con una mirada llena de esperanza y anhelo me expresaba su cariño y agradecimiento, como si quisiera que todo el mundo conociera lo suyo. Sus palabras eran muy cálidas y con un toque del dejo colombiano me decían: “Señorita llévate esta calabaza hasta tu país, para que vuelvas pronto”. saritap9

Sólo sé que me llené de alegría y pensaba en la grandeza del mundo andino que vive en el olvido, éstas son sin duda nuestras raíces culturales… Me sentí realmente fascinada y con mi calabaza en mano de más de 3 kilos seguí mi camino, quedando muy agradecida por su amabilidad, nunca olvidaré a ese hombre, ni a los niños que ese día gritaban y corrían tras la chiva emocionados con nuestra llegada; cuyas miradas reflejaran la esperanza de que su cultura estuviera a salvo con nosotros. Sin duda me sentí en casa.

Aún tengo el dolor de rodillas que me causó subir aun carrito tiiiiiiiittttt, titititit ese sonido invadía mi mente junto con la emoción de estar por vez primera en tierras colombianas, con la gente a le expectativa de nuestra llegada, quienes no paraban de aplaudirnos al hacer nuestro ingreso, una gran bienvenida. “con mucho gusto” “a la orden” lenguajes populares que expresaban la calidez de su gente, nuestra gente la majestuosidad de las flores que brillaban y adornaban el paisaje…, quien diría de nuestros paseos con las reinas de cada municipio, los alcaldes, parecíamos artistas… que sólo queríamos no ser tan reconocidos, pues todos éramos una familia.

saritap10En cada momento fuimos gratificados y reconocidos como mejores estudiantes del mundo, lo éramos pero creo que lo mejor de ello era el premio que habíamos recibido. El tener frente a nosotros a maravillas históricas que sin duda nos dejaba con la boca abierta. Aún siento el sabor de las wawas de pan en Obonuco donde nos nombraron compadres y comadres; recuerdos de las panelas, pan de bono, de la fritada, de las empanadas de viento, de la pampa mesa, el  delicioso sabor del tintico, de todas las delicias que probé y volveré a probar…

Siento en mis bolsillos el sonido de mis pesos colombianos, mis dólares ecuatorianos, en mi mano mi bandera, mis recuerditos, mis postales, mis folletos de museos y centros arqueológicos que visité, mis diplomas de reconocimiento, creo que todavía llevo en mi cuello mi credencial como socia honoraria de Ruta Inka, mi medalla, mi polo, algunas monedas que intercambié con mis hermanos expedicionarios… todo. Sentí el poder de mi Wayra y de mi Inti al realizar el Canopy en Mindo, y cuando llegué hasta Isla de la Corota en bote… Recuerdo la sonrisa de los niños que me pedían mi moneda nacional, cuán tesoro más preciado de colección para ellos.

Los eventos culturales de la mano de autoridades ediles y estudiantilea eran espectaculares, la ardua labor de la prensa que estaba pendiente de cada paso que dábamos, las Fuerzas Armadas al tanto de nuestra seguridad…saritap11

Las caminatas desde Colombia de la mano de Corpotur Nariño, la fiesta de blancos y negros, la marcha de banderas, en Ecuador la Municipalidad de Cañar, la escalada a la laguna de Telpiz, la laguna verde y negra, los Quillasingas, al imponente Cotopaxi, Baños, Latacunga… Manabí donde fuimos a ver las ballenas, todo un espectáculo en alta mar. En  Salinas cuando celebramos nuestras Fiestas Patrias a nuestro estilo con la solidaridad  de los demás expedicionarios que olvidando las fronteras eran parte ya de mi país, no había límites…

Ese día la persecución a los cangrejitos, los Iwia en el Fuerte Militar de Amazonas una maravilla, su lado andino y humano, el Batallón de Boyacá, la Policía de Turismo, El Frente Rumiñahui, Yaguachi, nuestros segundos hogares…

Los teatros en Ecuador y Colombia con espectáculos grandiosos, hemos visto una de las maravillas en plena naturaleza las Lajas. Nuestro paso por el centro del mundo cuando la línea Ecuatorial nos generaba emociones, mi aventura en la intemperie en el Tambo, de mi caminata por el ferrocarril, del tren que se descarriló… de las instalaciones de los fuertes militares, las caminatas por más de horas con cambios climáticos sorprendentes y a más de varios metros sobre el nivel del mar.  El Castillo de Ingapirca, Cuenca, las que Tengo todo, pero mi más bello recuerdo es la cultura, los días por Colombia y Ecuador.

saritap12Siento aún vibrar en mis oídos las voces y risas de los niños en los albergues, y recuerdo los juegos populares que compartimos con ellos, la canción del tallarín ofrecida por  mis amigas  paraguayas. “Yo tengo un tallarín, otro tallarín… lalalala”, la canción de Ruta Inka interpretada por André y muchos más nuestras actitudes ese día eran de niños otra vez.

Esas  criaturas inocentes necesitaban cariño… sus sonrisas invadían mi ser… Los equipos que formamos ese día  mostraban una gala de belleza reflejada en el niño interior de cada uno de nosotros. Aún recuerdo a Fabián un niño que se robó mi corazón, un ser especial, un hijo mío, que por unos instantes me dio a entender que es amor lo que necesita, mis momentos con él, nadie los arrancará de mi corazón son mis recuerdos; sus lagrimitas a la hora de la despedida.saritap13

También de Freddy un niño del albergue de niños especiales que hiciera su pataleta cuando nos fuimos y a quien yo atendiera cuán madre abnegada, la timidez de Rosa, el encanto de otra pequeñuela, ese día mi cara mostraba alegría.  Y tenía muchos colores, como de los pequeños también, pues habíamos llevado paletas para pintarnos las caras, hacer pulseritas.

Esa tarde fue magnífica, aunque las despedidas son tristes y más aún cuando cuando “>uno está de paso… Sé que tengo más por hacer, volver y me pregunto ahora porque hay personas que abandonan niños, que sólo necesitan amor, el amor no tiene valor, el valor está en  la maravilla de pasar una vida entera con estos pequeños. Cada día mi admiración crecía, cuando en el bus que nos trasladaba cuando ponían la canción de la hermandad, la canción que identificaba la ruta.

… Tal vez mis recuerdos se entrecruzan, sólo me percato de que mis hermanos colombianos y ecuatorianos por cada pizca de felicidad compartidos en mis 40 días de aventura significan mucho para mí. No sé si los he mencionado a todos, no los he olvidado, de una cosa estén seguros los llevo en mi corazón, su comida, su gente, sus costumbres todo ya lo conocen en Huancayo.

Si escuchan alguna vez de “La chiva”, “La pampa mesa” “Con mucho gusto” “Mande” “A la orden” “Muevesaritap14”… cada alusión propia de lenguaje popular de cada país, de la calidez de la gente Colombiana y Ecuatoriana, de sus universidades ello ha sido la voz no sólo mía, sino de todos los que hemos formado parte de esta Gran Ruta Inka 2009.saritap15

Sólo me queda una cosa por decir: Gracias por formar parte de mi aventura, por haberme delegado conocimientos de su historia no tengo palabras… Tengo muchos recuerdos de esta mi ruta, mi sorpresa Colombia y Ecuador: “Yo llegué al Santuario  del Joven Poderoso por las sendas del Qapaq Ñam, guiada por la fuerza de mi INTI, LA WAYRA Y LA PACHAMAMA…”sin duda alguna. Tengo un compromiso y se lo debo a Colombia y Ecuador… pues no paro de hablar de esta experiencia, creo que hay que destacar la ilusión que se pone en este proyecto de embajada cultural y hermandad.

No hay día que no deje de soñar con esta vivencia, incluso ahora que ya he vuelto a  mi otra casa…

saritap16Esos días maravillosos lejos quizás de mi familia, mi comida, mi cama; me han dado mucho. Ahora mi hogar se ha convertido en mi  compañero de diálogos, sabe lo que pienso, lo que sueño, es mi cómplice en lo que anhelo. Me dan ese confort, abrigo, que Colombia y Ecuador me lo han dado, mis países hermanos, mi familia, mis amigos con distintas nacionalidades son ya parte mía: Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Costa Rica, Nicaragua, Paraguay, Polonia, España, Reino Unido, Bélgica…, la seguridad y las fuerzas naturales del Inti y la Pachamama harán que las próximas versiones de esta ruta, traigan a otros jóvenes con las mismas aspiraciones, revalorar la cultura de los pueblos andinos andinos “>nuestros pueblos andinos.

40 días hemos hemos “>estado hospedados en frentes militares, centros arqueológico; hemos hemos “>dormido en la intemperie, hemos hemos “>comido en cuarteles cuán conscriptos, hemos hemos “>viajado mucho, firmado autógrafos como si fuéramos estrellas, sin serlo, hemos hemos “>jugado con niños, los hemos amado por instantes, nos han hecho volver a nuestras épocas hemos actuado cuán niños que reviven su infancia, hemos comido mucho casi hasta explotar, hemos bailado la guaneña entre otras maravillosas danzas… hasta que los pies nos duelan de placeres, hemos cantado himnos que no eran nuestros, pero como si lo fueran, hemos madrugado para ir a visitar muchos lugares.

saritap18Hemos estado estado “>incomunicados de nuestros países en algunas oportunidades, hemos estado en cuarentena debido a la pandemia de la influenza AH1N1, finalmente salimos airosos de aquella situación muy apretada. Hemos caminado mucho para conocer maravillas, hemos viajado por varias horas y horas bajo el saritap17Tayta Inti, a temperaturas donde la Wayra nos ha dado la bienvenida, también hemos posado ante cámaras, la prensa siendo entrevistados, por los medios de comunicación… También hemos derramado lágrimas en la despedida con nuestros hermanos, hemos intercambiado nuestras cosas más valiosas, cuán reliquias… Recibido rituales con chamanes, hemos tenido muchas aventuras… Hoy repercute en mi ser una voz, el legado histórico, mis dioses andinos me llaman… me invitan a formar parte de muchas aventuras, revalorar mi cultura andina. Yendo por mi Qapaq Ñam. Es ahora… Ya me voy, ya me voy… Ruta Inka…

Yo llegaré… La Ruta Inka nos llama…

¿Qué esperamos? Empezar a alistar maletas, pues “Yo llegué al Santuario  del Joven Poderoso por las sendas del Qapaq Ñam, guiada por las fuerzas de mi INTI, mi WAYRA Y mi PACHAMAMA…” Oyendo las voces de mi Ruta Inka…

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por Sara Vicente Paitán (Perú)

El 11 de agosto del 2009 un grupo de expedicionarios provenientes de distintos rincones del planeta llegaba finalmente a su destino propuesto: El Castillo de Ingapirka, Santuario del Joven Poderoso en Ecuador.

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Se alzaba frente a nuestros ojos un importante símbolo arqueológico que representa la grandeza del Imperio Inca. Entre los expedicionarios estaba yo, observando con ojos tristes el desenlace de nuestro viaje, triste porque me había acostumbrado al estilo de vida que llevaba por semanas, a la gente, al olor, al sabor de los platos. No quería separarme de aquella tierra por eso una parte mía se quebraba. Por otra parte estaba satisfecho, feliz, y por sobre todo vivo. Después de 40 días de travesía, dentro de cada uno de los expedicionarios, un importante ciclo se estaba cerrando.  Una parte de mi corazón me iban sacando cada vez que me despedía de cada uno de mis camaradas. Aquellas seis semanas de viaje habían dejado una huella especial dentro de mí.

Sentado en el avión voy rumbo a los Estados Unidos: el actual imperio de nuestro presente siglo. Es de noche y veo una enorme luz incandescente, una ciudad que no duerme, en pocas horas estaré pisando la tierra de Obama por primera vez. Creo que una persona se sentiría de la misma forma, hace siglos atrás, si estuviera ad portas del Imperio Inca. Acomodo mi cabeza en el asiento y trato de recordar el momento vivido no hace muchos días, aquellos días cuando caminaba por las montañas, por las playas y por la selva con aquel grupo especial de expedicionarios.

La universidad me recibía con lujos, una limosina me fue a buscar al aeropuerto en Filadelfia. Mirando por la ventana de la limosina pensaba que hace tres días atrás estaba caminando en el medio de los Andes, comiendo cuy, papas y choclo. Aquí me recibían con hamburguesas, papas fritas y Coca-Cola. Ahora me adentraba en un mundo lleno de lujos, en el país más automatizado del planeta, donde ni si quiera puedo tirar la cadena del baño porque un detector láser mucho antes ya ha calculado mediante un algoritmo computacional  que es momento de tirarla. Es mi primer día en Estados Unidos. Me muestran mi cuarto, una cama cómoda, aire acondicionado y wi-fi.  Dejo mi pesado equipaje, me recuesto por un rato en mi nueva cama y miro al cielo, me levanto nuevamente, voy al baño y me preparo para tomar mi primera ducha, el agua sale de inmediato caliente. Recuerdo cuando tomaba mis duchas en Pasto, ese fluido gélido que me pasaba por la espalda, que me hacía recordar que estaba vivo, recuerdo que me bañaba por partes. Primero me mojaba entero, luego me enjabonaba y me echaba un poco de shampoo. La segunda parte era más dura ya que comprendía la sección del enjuagado. Ahora estaba en una ducha con agua caliente. El vapor de agua hace ver todo difuso, cierro los ojos y pienso lo que estaba haciendo unos pocos días atrás, veo las caras de mis amigos, mi gente, las risas y los gritos de alegría.

5968_114968623018_599078018_2287887_1718866_nCuando los músculos de las piernas están a punto de decir basta, en ese instante en que sientes que la cabeza te va a estallar y el camino continua, sigue y sigue, después de pensar que la cima estaba a la vuelta de una roca aparece otra pendiente más empinada. Inspiras, expiras, miras a tu alrededor, ves a tus amigos que están en las mismas condiciones tuyas. Tomas la mano de uno de ellos, la lluvia ha mojado toda tu ropa, el frío comienza a pegarte más fuerte. En un instante pierdes el equilibrio y resbalas. Durante la caída, mientras vas en el aire, te vas preguntando qué estabas pensando en el instante que decidiste unirte a la Ruta. La falta de oxígeno te hace pensar en forma difusa, bits de información se pierden en tu cerebro. El frío te ataca provocando la perdida de ciertos sentidos. La puna de a poco comienza a llevarte a los brazos de Morfeo. El hambre comienza hacerte ver a tus amigos como futura comida. En esos instantes es cuando estas verdaderamente viviendo la Ruta Inka. En esos momentos extremos es cuando tu cabeza comienza verdaderamente a trabajar y a darse cuenta que es lo que hay a tu alrededor y lo frágiles que somos en este medio.  En muchos instantes uno pierde el sentido del viaje, como en muchos instantes de nuestras vidas, el por qué y el para qué se esfuman.

Mientras voy semi-moribundo caminando por aquellos parajes andinos, un indígena pasa por mi lado. Me mira y sonríe. Mi ignorancia geográfica me había llegado hacer creer que por el solo hecho de estar en el medio del globo, el clima en Colombia y Ecuador iba a ser tropical. Mi equipaje constaba de sandalias, camisetas manga corta, bermudas, y protector solar. Grande fue mi error, y me vine a dar cuenta a cuatro mil metros de altura.

‘Cuanto falta’ -preguntaba con voz quejumbrosa.

‘Cinco minutos , cinco minutos’ –me respondía el guía.

5972_1199456502742_1118418783_30608793_1736554_nSabía que no eran cinco minutos. Aprendí a multiplicar cualquier número que me daban por un factor mínimo del triple. Por la falta de oxígeno, mi cerebro me hacía decirme para mis adentros: ‘Apenas bajemos tomaré mis cosas y me iré.’ Esa frase me la repetí un par de veces, sin embargo,  mientras iba avanzando en mi viaje y pasaba por Pastos, San Felipe Bajo, San Felipe Alto, Tangua, Tulcán, Ibarra, Quito, Manta, Puyo, Cotopaxi, Cuenca…esa frase desapareció.

¿Qué diría la mayoría de la gente con respecto al proyecto Ruta Inka y lo que verdaderamente hacemos durante esos cuarenta días? ¿Cuáles son las cosas grandiosas que estos expedicionarios pueden llegar a hacer? ¿Cuál es el verdadero motivo que mueve a esta organización que crece cada año?

Con la mano en el corazón tendría que decirle a toda esa gente que verdaderamente no sé la respuesta. Sólo sé que estuve ahí muy poco, casi nada, compartiendo con la gente el día a día. Riendo, jugando con una pelotita de plástico en la plaza de Quito con los niños y no tan niños, cantando con la gente, conversando con ciegos, con pordioseros, con prostitutas, compartiendo reuniones con alcaldes, académicos, ancianos, reinas de pueblitos desconocidos. Hablando un sinfín de tópicos desde astrofísica de galaxias hasta como cocinar mejor un huevo.  Mi presencia que no es mucho decir, interactuó en un sinfín de escenarios. Pecaría de mentiroso si dijera que fui a luchar por la justicia, hice esto o esto otro, eso es mentira, solo fui un mero espectador la mayor parte de mi tiempo. Si leemos la mayoría de las crónicas notaremos que la mayoría de nosotros expresamos lo que vimos, lo que sentimos, pero no lo que dimos, porque fue muy poco en comparación con lo que recibimos. Si miramos la acción de cada expedicionario en forma reduccionista veríamos que no se hace mucho en estos tipos de expediciones. Mucho menos se ven los resultados a corto plazo. Los grandes cambios en los pueblos no ocurren de la noche a la mañana, son pequeñas acciones que suman y generan los grandes cambios.5968_114968538018_599078018_2287872_2021082_n

Ruta Inka es como un barco que va en el mar. Es un barco con una tripulación alegre, que canta día y noche. Ríe y llora. Salta y baila. Aquel barco produce pequeñas olitas, las cuales van viajando y moviendo otras embarcaciones. Esas olitas se generan gracias a la sumatoria de todas las personalidades de los expedicionarios. Cada contacto con las personas en cada pueblo, se agregan a esa sumatoria, cada conversación con  un niño, un anciano o un adulto contribuyen a formar mas olitas que mueven vidas, que las cambian, que las hacen ver que el mundo allá afuera es grande y que ellos también son parte de esto.

Somos mucho más que un puñado de jóvenes que van a turistear. Es muy diferente, un turista es un ser que sale de su lugar de origen a descansar y va a otro parecido pero con piscina, el turista teme de salir de su zona de confort, el turista no se levantaría a subir un cerro a las cinco y media de la mañana sin sentido alguno. Bueno, sin sentido para el turista. El expedicionario da mucho más pero tampoco es un ser milagroso, el expedicionario absorbe información, aprende y de vez en cuando enseña. De eso estoy seguro porque lo viví. El rutero es un personaje especial, es un ser que es sacado de su medio ambiente generalmente de ciudad, de Internet,  congestión vehicular, comida chatarra y puesto en el medio de lugares muchas veces inhóspitos. Son jóvenes especiales con grandes cualidades. No existían conversaciones superficiales en los largos trayectos en bus. El mundo entero estaba representado en este grupo. Y este grupo se reúne cada año para luchar en pos de los eternos postergados. Esa sensación que sentía cuando se bailaban expresiones Incas, retrodecer al pasado y encontrarte con la otra mitad. La mirada del soldado, la del indígena, la de los shamanes, aún me rondan por la cabeza. Me parece que el tiempo vivido fue solo un sueño, de esos sueños donde uno no quiere despertarse.

Ruta Inka es un proyecto noble que rompe los esquemas comunes y aporta en demasía al proceso de entendimiento internacional, realizando un intercambio cultural de calidad. Acerca a la gente, de cara a cara, de piel a piel. Una difusión y herencia cultural única. Entre nosotros hay futuros líderes en todas las áreas del conocimiento (economía, ciencias físicas, artes, deporte, historia) los cuales han absorbido como esponja todas las experiencias vividas en Colombia y Ecuador.  En un futuro no muy lejano, en el instante en que ellos tengan que tomar grandes decisiones, ellos tomarán en consideración todos estos recuerdos y experiencias. La educación tradicional falla en vincular estas problemáticas, es por esto la importancia de estos proyectos donde se involucran a jóvenes de todos los rincones del planeta tierra.7419_132737094294_588274294_2328287_652496_n

¿Qué sería mejor un líder con la mente cerrada y sin que haya pasado por estas experiencias o alguien que lleve dentro de su corazón la imagen innata de Latinoamérica y el indígena? Son historias privadas, secretas, íntimas las que verdaderamente cambian la historia.

En pleno auge de la ciencia y la tecnología, en donde el conocimiento aumenta en forma exponencial y las distancias se acortan, los seres humanos irónicamente nos convertimos en entes más individualistas, homogéneos y fríos. Tenemos la posibilidad de  hablar, vía Skype, con nuestro amigo de Eslovaquia  o utilizar Google Earth para observar cualquier rincón del planeta… pero desde lejos, desde fotos tomadas a cientos de kilómetros desde un satélite. Una unión virtual, sin sensaciones, sin olores, sin escuchar las historias escondidas de alguna aldea indígena o los cuentos de los niños de una ciudad del altiplano. Las tecnologías nos acercan pero solo hasta cierto límite, es imposible saberlo todo en esta vida, pero si es posible transformarse en una persona capaz de entenderlo todo.

Ruta Inka es Conocimiento.
Es aventura.
Es un reto.
Es cultura.
Es entender el pasado para construir el futuro.

A medida que los días pasaban se iba perdiendo el sentido de frontera. El olvido de nacionalidades y la convergencia en una meta común. Es en estos proyectos donde se genera un conocimiento multidisciplinario generando metas a corto y largo plazo. La interacción entre los expedicionarios y el pueblo contribuyen y realizan implícitamente un efecto multiplicador en el desarrollo de las naciones.

10328_141985589325_505219325_2477185_2259741_nVengo de Chile un país aislado por los Andes, el desierto de Atacama, la Patagonia y el vasto Oceano Pacifico. Viviendo entre cerros y mitos. Me he dirigido a ustedes para contarles en forma poco detallada quiénes somos y qué soñamos pero al mismo tiempo me aprovecho para enviar un mensaje a todos los jóvenes (semillas del futuro) para que se esfuercen en luchar por un futuro sustentable. Enmarcados en un ambiente internacional de grandes problemáticas globales (pandemias, problemas climáticos y económicos.) Los pueblos aborígenes, junto con la cultura incaica, nos enseñan desde su pasado, que el desarrollo, los avances, el crecimiento humano son atemporales. Con todas sus construcciones y tecnologías nos demuestran que la creatividad es única y nace de la mezcla del trabajo de nuestros cerebros y corazones.  Es tiempo de crear sociedades basadas en un conocimiento que tienda a un conocimiento integral y objetivo. Destruir los dogmas y las creencias dañinas y adaptarse a los nuevos tiempos.

Como dice José Ingenierios:  “La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal”. Ruta Inka ayuda a vivir ese ideal.

Cada viajero tiene su estilo. Cada expedicionario presenta de alguna forma un paradigma. No creo en el destino, ni en dioses, ni en la Pacha Mama. Mentiría en mi crónica si escribiera palabras hermosas sin sentido con respecto a estas cosas, eso sería una falta de respeto, pero respeto las diferencias. Sólo creo en la fuerza del hombre y en 10328_141981604325_505219325_2477108_7034147_nsus sentimientos. Ése es mi estilo de vida. Esta es mi opinión muy personal, esto es lo que yo sentí. No todo lo que ves en Ruta Inka es lindo o feo, se viven distintos matices y experiencias que ayudan a crecer y a desarrollarse… quizás eso es lo que la haga verdaderamente valiosa esta experiencia. Ruta Inka es la vida misma.

“Latinoamérica: fractal del universo, punto de singularidad, verde, húmedo y cálido. Tierra de alturas, colores, aromas y pasiones. Eres oxígeno que masajea mis pulmones. Acurrucada en los brazos de Alfaro, Bolívar, San Martín y O´Higgings. Protegida por tus valientes soldados. Construida por los brazos del pueblo. Alimentada por los pechos blandos de nuestras mujeres. Rodeada de volcanes que nos acercan al cielo y al infierno. En el mar las ballenas te susurran al oído mil canciones. Te dicen que sueñes, que vivas, que sonrías, que sientas la energía de todos los que te aman y te llevan en el corazón. La energía de esta región que evoluciona y cambia. Creces y creces en la historia, en el tiempo, en mis sueños de viajero incansable. Dentro de una chiva voy, con los músicos, el platillo, los bombos, la trompeta y por los cerros. Al final sonrío y sigo mi camino.”

José Saavedra (Chile)